¿Conocen ustedes la declaración de principios ético-musicales de un compositor occidental? De no ser así, permitan informarles de algunos elementos básicos: su autor es el más germano de los compositores, Richard Wagner, y se transcribe en su libro Ein deutscher Musiker in Paris (Un músico alemán en París), rara colección de relatos que vieron la luz en 1841 y que describen los años de permanencia del genio de Leipzig en la capital francesa.
El CANDELABRO.ILUMINANDO MENTES

CREDO DE RICHARD WAGNER
Wilhelm Richard Wagner fue un compositor, director de orquesta, poeta, ensayista, dramaturgo y teórico musical alemán del Romanticismo. Destacan principalmente sus óperas en las que, a diferencia de otros compositores, asumió también el libreto y la escenografía.
Nacido el 22 de mayo de 1813 en Leipzig, Richard Wagner fue uno de los más destacados compositores del siglo XIX. Una de sus mayores aportaciones a la música fue el cambio de perspectiva acerca de las composiciones, que Wagner consideraba como “obras de arte totales” en las que sintetizaban todas las grandes artes: visuales, poéticas, escénicas, musicales…

“Creo en Dios, Bach y Beethoven, y también en sus apóstoles y discípulos.
Creo en el espíritu santo y en la verdad del arte único e invisible.
Creo que este arte procede de Dios y vive dentro del corazón de todos los artistas.
Creo que aquel que se haya bañado alguna vez en los sublimes deleites de ese arte superior quedara consagrado a él para siempre, y jamás podrá ya negarlo.
Creo que a través de este arte todos los hombres están salvados y sin embargo todos pueden llegar a morir de hambre por él.
Creo que mi muerte me dará mi mayor felicidad.
Creo que en esta tierra yo fui una inoportuna disonancia que dejar inmediatamente resulta en forma perfecta con mi muerte.
Creo en el juicio final que condenará a horrendos sufrimientos a aquellos que en este mundo se han atrevido a traficar con el arte puro o que lo hayan violado o deshonrado a través de la maldad de sus corazones y de la obscena lasciva de sus sentimientos.
Creo que estos serán condenados por toda la eternidad a oír su propia y vil música.
Creo, que por el contrario, los verdaderos discípulos del arte superior serán transfigurados en un celestial velo de fragancia, luminosidad y dulces sonidos y unidos por siempre con la divina fuente de toda armonía.
Ojala sea la mía una sentencia de Gracias”.
En su lecho de Muerte, Venecia 1883

El Candelabro. Iluminando Mentes
Descubre más desde REVISTA LITERARIA EL CANDELABRO
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
