Áyax o Ayante, hijo de Telamón, rey de Salamina, y Peribea. Es un legendario héroe de la mitología griega. Para distinguirlo de Áyax, hijo de Oileo se lo llamaba Áyax el Grande, Gran Áyax o Áyax Telamonio.
Para la mitología griega, Aquiles fue el principal héroe de la Guerra de Troya y el más fuerte, rápido y bello guerrero de la Iliada de Homero. Hijo de Peleo, rey de los Mirmidones en Ftia, y de Tetis, una ninfa marina, Aquiles era considerado invencible, pero no inmortal
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Aquiles y Ajax jugando a los dados (530 a.C.)
El Ánfora de Aquiles y Ajax del Pintor de Lisípides: Análisis Iconográfico y Contexto Cultural
La cerámica griega constituye uno de los testimonios más relevantes del arte antiguo, no solo por su valor estético sino como documento histórico que refleja aspectos fundamentales de la cultura helénica. Entre las piezas más significativas de este legado se encuentra el ánfora ateniense de figuras negras descubierta en la ciudad de Chiusi, en la región de Toscana, atribuida al denominado “Pintor de Lisípides“. Esta obra, datada aproximadamente entre el 530-520 a.C., representa una escena de gran valor iconográfico: los héroes homéricos Aquiles y Ajax absortos en un juego de dados durante un momento de pausa en la Guerra de Troya, constituyendo uno de los ejemplos más refinados de la denominada técnica de figuras negras característica del período arcaico de la cerámica ática.
La composición de esta escena mitológica manifiesta un equilibrio extraordinario que evidencia la maestría técnica del artista griego. En el lado derecho de la composición, Aquiles aparece sentado sobre un bloque geométrico, personificando la dignidad heroica a través de atributos claramente identificables: barba prominente, cabello largo distribuido en mechones con rizos cortos en la zona frontal, y un imponente casco corintio de cresta elevada que aparece levantado, permitiendo contemplar las facciones del rostro del héroe. Su indumentaria, detallada con precisión arqueológica, incluye un quitón corto con elaborados bordados, un himation (manto) decorado con rayas características, y grebas ornamentadas con volutas que protegen sus piernas, manifestando su condición guerrera incluso en este momento de ocio.
La postura corporal y gestualidad de los personajes revelan la tensión narrativa del momento representado. Aquiles extiende su mano derecha en actitud expectante, mientras sostiene dos lanzas con la izquierda, señalando su permanente disposición para el combate. Un escudo beocio (de forma ovalada con escotaduras laterales) se ubica estratégicamente tras él, complementando la identificación del personaje junto a la inscripción “ΑΧΙΛΕΥΣ” que aparece sobre su figura, siguiendo la convención epigráfica característica de la cerámica ática del período. Este detalle caligráfico no solo identifica al personaje para el espectador contemporáneo sino que evidencia la alfabetización extendida entre los consumidores originales de estas piezas cerámicas.
Frente a Aquiles, en rigurosa simetría compositiva, se ubica Ajax, otro de los grandes guerreros aqueos celebrados en la tradición épica. Su caracterización iconográfica presenta notables similitudes con su contraparte: barbado igualmente, aunque con cabello corto y rizado, porta un casco similar de cresta elevada también levantado para mostrar su rostro. Su indumentaria militar es más compleja, incorporando una coraza defensiva sobre un quitón corto, complementada con una clámide (capa corta) rayada y grebas protectoras con idénticas volutas decorativas. El armamento se completa con dos lanzas sostenidas por su mano izquierda, mientras la derecha se encuentra suspendida en el gesto decisivo de mover uno de los dados dispuestos sobre la mesa de juego que separa a ambos contendientes.
La representación del juego de dados constituye el centro narrativo y compositivo de la escena. Siete dados aparecen visiblemente dispuestos sobre la pequeña mesa, repartidos entre ambos jugadores, detalle que ha permitido a los especialistas especular sobre las posibles reglas de este pasatiempo militar mencionado tangencialmente en las fuentes literarias. Tras Ajax se observa otro escudo beocio decorado con dos prominencias interpretadas como umbo o protecciones centrales. La identificación del héroe se refuerza mediante la inscripción “AIAΣ” que aparece sobre su figura, siguiendo las mismas convenciones epigráficas ya mencionadas. Entre ambos personajes destaca una tercera inscripción: “Λυσιππίδης καλός” (“Lisípides hermoso”), que constituye una característica firma kalos típica de este período cerámico.
El contexto arqueológico del hallazgo en Etruria resulta igualmente significativo para la comprensión integral de la pieza. Su descubrimiento en Chiusi, antigua Clusium etrusca, evidencia las intensas relaciones comerciales y culturales entre el mundo griego y la civilización etrusca durante el siglo VI a.C. La presencia de cerámicas áticas en contextos funerarios etruscos manifiesta no solo el prestigio de estos objetos como bienes de lujo importados sino también la adaptación e interpretación de la iconografía griega por parte de la aristocracia local, que incorporaba estos elementos a su propio sistema de valores y representaciones simbólicas del poder y la heroicidad.
La técnica de figuras negras empleada en esta pieza representa el apogeo de un estilo cerámico desarrollado en Atenas desde mediados del siglo VI a.C. El procedimiento técnico implicaba el dibujo de las figuras con arcilla líquida sobre el fondo de arcilla rojiza del vaso, para posteriormente cocer la pieza en un proceso de tres fases que producía el característico contraste entre las siluetas negras y el fondo rojizo. Los detalles anatómicos e indumentarios se conseguían mediante incisiones que dejaban ver el color del fondo, complementadas con aplicaciones puntuales de pintura blanca y rojiza para ciertos elementos. El dominio técnico demostrado por el Pintor de Lisípides lo sitúa entre los maestros más destacados de este procedimiento.
La escena representada trasciende su aparente simplicidad anecdótica para constituirse en un discurso visual sobre la ética heroica y el destino trágico. La elección de este episodio, mencionado tangencialmente en las fuentes literarias pero popularizado en la iconografía vascular, establece un contraste dramático entre el ocio momentáneo de los héroes y el destino fatal que les aguarda. La tradición recoge que tanto Aquiles como Ajax encontrarían la muerte en el contexto de la guerra troyana, convirtiendo esta escena de camaradería lúdica en un momento de calma que precede a su destino trágico, aspecto que no pasaría desapercibido para los espectadores conocedores del ciclo épico completo.
La atribución al denominado “Pintor de Lisípides” se fundamenta en el análisis estilístico comparativo con otras piezas firmadas o atribuidas a este artista, activo en Atenas durante el último tercio del siglo VI a.C. Su producción se caracteriza por la elegancia en la composición, el detallismo en la representación de la indumentaria y el armamento, y una tendencia hacia las escenas narrativas de contenido mitológico. La inscripción “Lisípides hermoso” ha generado debates sobre si hace referencia al nombre del artista o constituye una dedicatoria a un joven aristocrático, práctica habitual en la cerámica ática del período, reflejando las complejas relaciones sociales y eróticas de la sociedad ateniense contemporánea.
La función original del ánfora, más allá de su valor estético, correspondería al almacenamiento y transporte de productos como aceite o vino, aunque su refinada decoración sugiere un uso ceremonial o como pieza de prestigio. Su presencia en contexto etrusco indica probablemente su adquisición como objeto de lujo por parte de la aristocracia local, posiblemente para ser utilizado en rituales funerarios antes de ser depositado como ajuar en una tumba, práctica documentada arqueológicamente en numerosos yacimientos etruscos que ha permitido la conservación de un amplio corpus de cerámica griega que de otro modo se habría perdido.
El episodio representado en el ánfora ha trascendido su contexto original para convertirse en un motivo iconográfico recurrente, reproducido y reinterpretado en diversas manifestaciones artísticas posteriores. Su popularidad se fundamenta en la combinación de elementos aparentemente contradictorios: la humanización de figuras heroicas mediante una actividad cotidiana como el juego, contrastando con los atributos guerreros que recuerdan constantemente su condición. Esta dualidad entre la distensión momentánea y la inminencia del conflicto refleja la compleja percepción del heroísmo en la mentalidad griega, donde la excelencia (areté) se manifestaba tanto en el campo de batalla como en el comportamiento social.
Desde la perspectiva de la historia del arte, esta pieza representa no solo un testimonio excepcional de la maestría técnica alcanzada por los ceramistas atenienses, sino también un documento visual que permite aproximarnos a aspectos fundamentales de la mentalidad antigua: la concepción del tiempo, la representación del ocio, la sociabilidad masculina en contexto militar y la percepción del destino heroico. Su análisis detallado trasciende el ámbito estrictamente arqueológico para insertarse en consideraciones antropológicas más amplias sobre la representación visual de la identidad heroica y su recepción por distintos públicos en el complejo mosaico cultural del Mediterráneo arcaico.

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