Vincent Willem van Gogh fue un pintor neerlandés, uno de los principales exponentes del postimpresionismo. Pintó unos 800 cuadros y realizó más de 1600 dibujos. Una figura central en su vida fue su hermano menor Theo, marchante de arte en París, quien le prestó apoyo financiero de manera continua y desinteresada. 



Hoy leí un “texto”que decía que Van Gogh comía pintura amarilla por que consideraba que era un color alegre y pensaba que haciendo así, se sentiría feliz.

Al final aún lo preguntaban: “¿ya comiste tu pintura amarilla hoy?”

Esa no es una historia bonita o un cuento motivacional. Es una metáfora triste sobre la ignorancia y la hipocresía del ser humano que sólo demuestra lo mucho que nos descuidamos, reducimos e imponemos conceptos sobre lo que el otro siente o deja de sentir.

Según notas médicas del Dr. Peyron, médico de Vincent, quería envenenar la pintura y beber trementina (disolvente). Hecho que lo hizo alejarse de las pinturas por un tiempo. No quería sentirse feliz, probablemente quería morir. Casi 129 años después de su muerte Van Gogh es uno de los artistas más importantes e influyentes de la historia.

Pero la etiqueta principal que recibe de la gente no es sino de “loco”. Después de todo, no importa quién eres o qué haces, siempre te van a etiquetar por tus trastornos y defectos. No importa qué o porqué. No importa lo que hagas, las campañas de concientización , las solicitudes de socorro, todo es mentira. La sociedad no siente empatía por ti.

No le importa si te comes pintura tóxica amarilla.

Dirán que es la falta de fé y voluntad.

O una estupidez para llamar la atención, más fácil que “entender”.

Lo siento, Vincent.

Después de tanto tiempo, aún no te han entendido.

Las cosas no han cambiado tanto y es realmente una pena.



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