La mayor parte de esta novela se publicó en origen por capítulos en una revista. Esta era una modalidad bastante común de publicación en la Inglaterra victoriana; de este modo, el escritor se garantizaba ciertos ingresos colaborando para un medio de prensa escrita, a la vez que lograba una gran difusión para sus textos, llegando a lectores de casi todos los estratos sociales.

– La primera edición del libro incluía las magníficas ilustraciones de George Cruikshank, dibujos que el propio Dickens supervisaba de cerca porque intentaba que se ajustaran a las imágenes que su mente producía al inventar esta historia.



Charles Dickens 


Oliver Twist


Oliver Twist era un “niño de parroquia, huérfano de hospicio, humilde burro de carga medio muerto de hambre, cuya vida consistiría en ser abofeteado y golpeado, despreciado por todos y no compadecido por nadie”. Su madre fue encontrada en la calle y murió durante el parto, dejando al pequeño a merced de la fortuna. Los escasos cuidados que le proporcionaban en el hospicio y los todavía más escasos alimentos que recibía hicieron de él un niño físicamente débil y proclive a las enfermedades. Sin embargo, a pesar de los maltratos a los que fue sometido, era evidente que “la naturaleza o la herencia habían implantado en el pecho de Oliver un espíritu bueno y fuerte”, cualidad que preservaba a pesar de todo el sufrimiento que ya había padecido en su corta vida.

Pronto, el director del orfanato decidió que quería desprenderse del pobre niño lo antes posible. Con esta intención el pequeño Oliver fue ofrecido como aprendiz y terminó trabajando para un sepulturero, pero su nuevo tutor no se diferenciaba demasiado de los anteriores. Por si esto fuera poco, la envidia se apodera de otros aprendices del enterrador, que dirigen su odio contra él. Finalmente, la miseria, el dolor, los castigos y la falta de cariño hicieron mella en el pequeño, que no pudo resistir más y escapó a la ciudad.

Una vez allí, Oliver se encontró terriblemente cansado y hambriento. Había recorrido muchos kilómetros, se había ido con lo puesto y ni siquiera tenía dónde dormir. Pero Londres no era un buen sitio para un niño inocente y desesperado, con tantos maleantes merodeando por la ciudad en busca de víctimas a quienes engañar, y el pequeño fue captado por una banda de jóvenes delincuentes capitaneada por Fagin, un viejo judío desalmado que les explotaba y les obligaba a robar. La cara más sucia, marginal y despreciable de la ciudad se destapó ante los ojos del pobre niño que, sin haber tenido nunca mejores opciones ni posibilidad de elección, pasó a formar parte de una banda de carteristas, relacionándose codo con codo con rateros y prostitutas. 

Si no hubiera sido porque Oliver Twist poseía un alma blanca y noble, probablemente su fin habría sido la horca. Este parecía ser el destino natural para un niño huérfano que vagabundeaba por las calles de Londres, sin parientes, casa ni amigos; en estas condiciones, cualquiera que hubiera estado en su situación tenía todas las papeletas para convertirse en un golfillo, un ladronzuelo o algo peor. Sin embargo, nos alegramos de poder asegurar que no fue este el fin que el destino le tenía preparado a nuestro querido Oliver, un personaje que el gran Charles Dickens supo inmortalizar y que se ganó un hueco permanente en el corazón de todos los que accedimos a su historia.

Dickens confiesa en el prefacio del libro su intención de dotar al texto de un propósito moral, a través del reflejo real de la vida que llevaba el sector más marginal del Londres del momento. El autor critica la desprotección de las clases más desfavorecidas, el determinismo que puede conducir directamente de la pobreza a la delincuencia, la falta de humanidad y el funcionamiento del sistema judicial. En lugar de ensalzar e idealizar la figura del maleante, como estaba de moda en las novelas de entonces, Dickens se atreve a mostrar la “triste realidad” y presentar a “un grupo de malhechores asociados como los que existen de verdad; pintar la deformidad, la desdicha, la escuálida miseria de sus vidas en toda su extensión, mostrarlos como realmente son”.



El Candelabro. Iluminando Mentes.