Czesława Kwoka fue una niña católica polaca que murió en el campo de concentración de Auschwitz a la edad de 14 años


La triste historia de Czeslawa Kwoka, la prisionera N° 26947 de Auschwitz


Czeslawa tiene su expresión muy seria porque ha sido trasladada a Auschwitz, tiene el labio partido porque le acaban de golpear con un palo, y la punta de la nariz está aún enrojecida porque se acaba de secar las lágrimas para posar ante el lente del fotógrafo que registra su entrada en el campo de concentración.

Czesława Kwoka fue una de los 230.000 niños y jóvenes menores de 18 años, entre 1.300.000 personas, que fueron deportados a Auschwitz-Birkenau entre los años 1940 y 1945.

Czeslawa tenía catorce años y era católica. Los nazis se apoderaron de ella, y de su madre, Katarzyna, y se las llevaron a Auschwitz en uno de aquellos vagones. Madre e hija pasaron el primer proceso de selección, el que se hacía en la rampa de Auschwitz. Los SS examinaban a los presos, sucios, famélicos, asustados, desfallecidos, y decidían quiénes iban a morir ese mismo día en las cámaras de gas y quiénes podrían trabajar unos días, unos meses, para alimentar la maquinaria de guerra.

Czeslawa quien está mirando a la cámara fijamente, con seriedad de adulta y Acaban de marcarla con el número 26.947, que en adelante reemplazará a su propio nombre y apellido a ojos de todos menos de su propia madre, a la que han tatuado el número anterior.

Le han cortado el pelo a trasquilones, en cadena, le han obligado a quitarse toda la ropa en presencia de otras mujeres y hombres y le han dado un uniforme que quizás se haya usado varias veces, y que es notoriamente más grande que ella misma. Ha logrado cerrarse la chaqueta usando una especie de alambres. Luego las SS la han enfrentado a la cámara de fotos de Wilhelm Brasse, otro preso al que le permitían seguir viviendo a cambio de que registrase la entrada de los prisioneros, en tres poses: lateral, con la nuca apoyada en un incómodo tope metálico, de frente y en escorzo y con la cabeza cubierta.

Pese al tiempo transcurrido, y a los miles de infortunados que posaron frente a él, Brasse recordó a aquella adolescente y contó su historia años después: “Era muy joven y estaba aterrorizada. Acababa de llegar al campo y no comprendía lo que le estaba pasando y por qué la trataban así. Al ver que no entendía, una Kapo -una presa que mantenía ciertos privilegios de sierva a cambio de maltratar a sus compañeros- le golpeó en la cara con un palo. Aquella hermosa joven se puso a llorar, pero no podía hacer nada. Ni yo tampoco porque me habría costado la vida. Al final, antes de que le hiciera la foto, la chica se secó las lágrimas y la sangre del labio.”

De los 230.000 niños y adolescentes internados en Auschwitz, sólo 650 lograron sobrevivir al Holocausto. Czeslawa y su madre llegaron al campo el 13 de diciembre de 1942. Su madre murió el 18 de febrero de 1943, dos meses después. Ella sobrevivió tres semanas más, hasta el día 12 de marzo. Su rostro tembloroso, dolorido, asustado, pero lleno de fuerza y de dignidad, se alza para mirarnos a la cara y contarnos lo que pasó en aquellos campos.





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