Walt Whitman (West Hills, Nueva York; 1819 — Camden, Nueva Jersey; 1892). Fue un poeta, enfermero voluntario, ensayista, periodista y humanista estadounidense.


WALT WHITMAN — HOJAS DE HIERBA

Hojas de hierba es la gran epopeya americana y una de las grandes
epopeyas de la literatura universal: con una voz tan vigorosa como sutil,
canta el nacimiento de los Estados Unidos y su desarrollo como nación.
Sus poemas recogen la bullente diversidad del país, sus heterogéneos
pobladores y sus paisajes inabarcables, y su carácter indómito, irreverente,
exento de artificios. Es una épica democrática, que arrumba los viejos
principios de las sociedades europeas y las igualmente viejas estéticas que
los ensalzaban, y proclama las esperanzas y necesidades del Nuevo
Mundo, donde ricos y pobres, hombres y mujeres, blancos y negros, están
llamados a ser libres e iguales, y los afectos imperan sobre los intereses.
Pero Hojas de hierba es también el retrato de una persona, Walt Whitman,
que vierte sus pasiones singulares y sus anhelos más íntimos en sus
páginas: «Esto no es un libro: / quien lo toca, toca a un hombre», escribe
en un poema tardío. El amor por la naturaleza, la fuerza de su erotismo, la
turbulencia de la vida en Nueva York y el abrumador ímpetu musical de su
voz encuentran un eco dilatado en los poemas del libro. Para Harold
Bloom, Whitman constituye el centro del canon norteamericano, porque
<<toda voz que en nuestra literatura contemporánea se alza en soledad,
herida o estoica, tiende a asumir tonalidades Whitmanianas>>


Me Siento a Contemplar


Me siento a contemplar todo el dolor del mundo, y toda la opresión y la vergüenza; oigo los sollozos secretos, convulsos, de jóvenes angustiados, llenos de remordimientos por lo que han hecho, veo, en el arroyo, a la madre maltratada por sus hijos, moribunda, olvidada, demacrada, desesperada; veo a la esposa maltratada por el marido; veo al avieso seductor de jovencitas; advierto la tortura de los celos y del amor no correspondido, que intenta ocultarse: todo esto veo en la Tierra. Veo los efectos de la batalla, de la peste, de la tiranía; veo mártires y prisioneros; observo una hambruna en el mar, y a los marineros echar a suertes a quién hay que matar para que vivan los demás; observo los insultos y las humillaciones a que los arrogantes someten a los trabajadores y los pobres, a los negros y gente así. Todo esto, toda esta vileza y este sufrimiento inacabable que me he sentado a contemplar, veo, y oigo, y callo.




El Candelabro. Iluminando Mentes.


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