Michelangelo Buonarroti, conocido en español como Miguel Ángel, fue un arquitecto, escultor y pintor italiano renacentista, considerado uno de los más grandes artistas de la historia tanto por sus esculturas como por sus pinturas y obra arquitectónica.

CAPILLA SIXTINA
Una desafortunada crítica de arte: Miguel Ángel y Biagio de Cesena.
El Juicio Final (1536-1541): Miguel Ángel Buonarroti tenía sesenta y pico años cuando pintó el Juicio Final en la Capilla Sixtina. A esas alturas de su carrera, ya no estaba dispuesto a aceptar críticas Así que cuando Biagio da Cesena, maestro de ceremonias del papa, le dijo a su santidad Paulo III lo que pensaba del fresco del artista (en presencia del propio artista), Miguel Ángel se vengó.
Giorgio Vasari, el historiador de los artistas del Renacimiento, nos cuenta así la historia:
A Biagio da Cesena le parecía “muy indecoroso que se hubiesen pintado en un lugar tan respetable toda esa cantidad de desnudos, mostrando sin pudor sus vergüenzas, y que no era una obra propia de la capilla de un papa, sino para una sauna (stufe) o una hostería.”
Aclaremos que en esa época, los stufe a los que se refiere el texto eran baños públicos donde se podían contratar los servicios de “señoritas de compañía”. En definitiva, Biagio da Cesena le estaba llamando finamente a Miguel Ángel “pintor de burdel”
¿Y qué hizo Miguel Ángel? Vengarse de él retratándole de esta forma en su Juicio Final.
El retrato de Biagio da Cesena le sirve a Miguel Ángel para representar a Minos, el rey cretense que mandó construir un laberinto para encerrar al minotauro. Una vez muerto, Minos se convirtió en uno de los tres jueces del infierno.
Dante le describe en su Divina Comedia como un ser monstruoso con una larguísima cola que utilizaba para indicar a los condenados a cuál de los nueve círculos del infierno estaban destinados.
Por ejemplo, si Minos se enroscaba la cola a su cuerpo dando dos vueltas, como hace en la imagen de Miguel Ángel, el condenado debía quedarse en el segundo círculo del infierno. Y si la cola daba nueve vueltas, ya se podía ir preparando para un cara a cara con el mismísimo Satanás.
La cola que describe Dante se convierte aquí en una serpiente, probablemente por asimilación con la de Adán y Eva. Para molestar un poco más a Biagio da Cesena, Miguel Ángel le añadió unas orejas de burro para dejar bien en claro su ignorancia, fue ridiculizado con descomunales orejas de burro y una serpiente enroscada al pecho y mordiéndole los testículos.
La reacción de Biagio da Cesena al verse retratado la conocemos gracias a otro historiador de la época, Lodovico Domenichi:
Por lo que nos cuenta Lodovico, el papa Paulo III, que estaba cansado de oír las quejas de su maestro de ceremonias, le contesta de esta forma: “Biagio, usted sabe que Dios me ha dado potestad sobre el cielo y la tierra, pero mi autoridad no se extiende al infierno. Ya que no puedo liberarle, debererá tener paciencia”.
Cuando se restauraró el fresco del Juicio Final y se eliminaron muchos de los repintes que se habían hecho para censurar tanto “desnudo indecente”, la figura del rey Minos sufrió una ligera transformación:


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