Flavio Aecio fue uno de los generales más notables e influyentes del período final del Imperio Romano. Comandó las legiones romanas que vencieron a los hunos en la batalla de los Campos Cataláunicos, alargando durante unos años, un Imperio que agonizaba. Esta victoria le proporcionó un enorme prestigio y, lógicamente, las envidias y antipatías de los patricios romanos, que merodeaban por la Corte del emperador Valentiniano.



21 de septiembre de 454. VALENTINIANO III ASESINA A AECIO, “EL ÚLTIMO ROMANO”


A Aecio se le recuerda por haber derrotado a Atila en los Campos Cataláunicos. Se le recuerda por haber sido asesinado por su emperador Valentiniano III, en la tragedia del hombre traicionado por quien ha salvado. Lo que no se recuerda es su fatal participación en las guerras civiles que tanto daño causaron el Imperio.

Tras el caos de los años 405-13, con varias invasiones-migraciones germanas y continuo alzamiento de usurpadores, para el año 421, el magister Constancio III había restaurado el orden: acabó con los usurpadores, sometió a los godos, los asentó en Aquitania, y los usó para aniquilar a los alanos y vándalos asdingos, y arrinconó en Galicia los suevos y vándalos silingos. Por sus éxitos, se casó con Gala Placidia, hermana del emperador Honorio y en 421 fue elevado a co-emperador. Por desgracia, su muerte en 421 desató las intrigas en la corte entre su viuda y el antiguo jefe de su guardia, Castino (elevado a magister), que se odiaban.

En 422 Castino fue estrepitosamente derrotado por los vándalos en Hispania, tras reñir con el general Bonifacio, que se marchó a su provincia de África, y con los godos, que le abandonaron. Culpó ante Honorio a Placidia, por ser amiga de Bonificacio y viuda del rey godo Ataulfo, con quienes tenía influencia. Placidia, viendo peligrar su posición y la de su hijito, huyó a Constantinopla, a la corte de su sobrino el emperador oriental Teodosio.

Al año (423) Honorio murió, y Castino, antes de que Teodosio, designase a su primo Valentiniano III como emperador de Occidente y a su tía Placidia como regente, proclamó emperador a Juan, maestro de las oficinas imperiales. Teodosio envió (424) a sus mejores generales a restaurar a Valentiniano; y Castino envió a uno de sus jóvenes oficiales a pedir ayuda a los hunos: su nombre era Flavio Aecio, y se había criado entre ellos. Aecio llegó tarde para ayudar a Juan y Castino, derrotados en 425; pero usó a sus tropas hunas para chantajear a Placidia, y arrancarle el cargo de magister militum per Gallias, general jefe de los ejércitos de la Galia.

Lo peor fue que las guerras civiles continuaron ocho años más (425-33) de forma intermitente, en una disputa entre la Augusta Gala Placidia y los tres generales más poderosos: Aecio, magister de las Galias; Félix, magister militum praesentalis (general en jefe del ejército imperial de Italia), y Bonifacio, “conde” de África. Placidia desconfiaba por motivos obvios de Aecio; respaldaba a Félix (aliado suyo en Constantinopla) y a Bonifacio, cuya amistad era más antigua, pues era otro antiguo general de Constancio III, y durante la guerra del 424-5 respaldó a Placidia cortando desde África el suministro de trigo. Pero llevaban años sin verse, y Félix desconfiaba de él y tenía mucho ascendiente sobre Placidia.

Tramó una falsa conjura y envió dos ejércitos para derrocarlo. El primero (427) fue derrotado por las disputas entre las tropas hunas y romanas; el segundo (428) logró tomar Cartago, pero Bonifacio se atrincheró con sus tropas godas en Numidia y les permitió saquear la zona. En 429 Placidia envió mensajeros de confianza, se enteró de la carta falsificada que había dado origen a la conjura y mal entendido, y se reconcilió con Bonificacio.

Mientras estas absurdas guerras internas se sucedían, los germanos habían comenzado a expandirse. Aecio hizo frente a godos, francos y burgundios en la Galia. Pero en Hispania, los suevos se expandieron, y lo más terrible: los vándalos cruzaron en 429 a África, que empezaron a conquistar, venciendo a Bonifacio; la corte de Constantinopla envió en su ayuda al veterano general Aspar (el que restauró a Placidia) con un fuerte ejército.

Pero a pesar de la delicada situación, las intrigas continuaron: Aecio, aprovechó para instigar un motín que acabó con la ejecución de Felix (430) y forzó su nombramiento como magister praesentalis. Placidia llamó en su ayuda en 432 a Bonifacio (que dejó sólo a Aspar y los romano-orientales contra los vándalos), para que luchase contra Aecio. En la batalla de Rímini Aecio fue derrotado por completo y huyó; pero Bonifacio, herido, murió al poco. Aecio acudió a los hunos: su amigo el rey Ruga (tío de Atila) le proporcionó grandes contingentes, con los que invadió Italia (433) y Placidia, incapaz de hacerle frente, lo volvió a designar magister… y Aecio se casó con Pelagia, la viuda de Bonifacio.

Durante los 20 años que Aecio gobernó el Imperio (433-54) trató de mantenerlo unido: pero la herida infligida en las guerras civiles eran terribles: apenas pudo defender la Galia e Italia y contener a burgundios, francos y godos. En Hispania la situación fue bastante más inestable, con los suevos incursionando desde Galia. Pero la gran herida fue África: en el 435, pese a los esfuerzos de Aspar, Aecio, incapaz de atender todos los frentes, firmó la paz con los vándalos, entregándoles Numidia. Aspar abandonó África… pero en 439 los vándalos tomaron por sorpresa Cartago. La provincia de África era la más rica del Imperio occidental, la principal fuente de impuestos y grano para Roma y las legiones: su pérdida era irreparable.

Aecio no pudo acudir, y fue Constantinopla quien envió un ejército para defender Sicilia… pero no al veterano Aspar, que tenía que hacer frente a enemigos más peligroso: primero los persas (440-1)… y luego los hunos de Atila. Los romanos, centrados en sus guerras civiles, con el foco puesto en los vándalos y un ojo en los persas, no vieron crecer el problema huno, que estalló entre los años 441-53.

En este contexto, es mucho más “lógica” la actitud de Valentiniano III con Aecio: siempre desconfió de quien respaldó a sus rivales, de quien chantajeó a su madre Placidia y luchó contra ella. Además, Aecio planeaba casar a su hijo Gaudencio con la hija de Valentiniano III, y éste temía que después de la boda lo destronase. Por tanto, es comprensible que cuando el peligro huno pasó, lo hiciese asesinar por sorpresa durante una audiencia.

La imagen de Aecio como leal servidor del Imperio, tratando de salvar un barco que se hundía, traicionado por su ingrato emperador, es la que ha pasado al imaginario colectivo. Pero justo es también señalar que fue uno (no el único, pero fue uno) de los que contribuyeron a hacerle hacerle varios boquetes al barco: las guerras civiles del 424-33 destruyeron la estabilidad lograda por Constancio III, y permitieron a unos germanos que estaban sometidos descontrolarse por el Imperio: la pérdida de África fue letal para el Imperio.

A la hora de analizar la historia, es importante (vital) no idealizar personajes ni períodos, sino valorarlos objetivamente en todos sus aspectos, con sus luces y sombras, principalmente, a raíz de las consecuencias que se derivaron de sus actos.



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