Osiris es el dios más importante del panteón egipcio. Al dios de la resurrección, de la regeneración del Nilo y de la fertilidad también se le atribuye la invención de la agricultura y la religión. Habitualmente, se le representa momificado, con la piel verde o negra y con los atributos de la realeza.




Al final del juicio


Osiris dictaba sentencia…


Si el Ib era menos pesado que la pluma de Maat, y la sentencia era positiva su Ka (la fuerza vital) y su Ba (la fuerza anímica) podían ir a encontrarse con la momia, conformar el Aj (el “ser benéfico”) y vivir eternamente en los campos de Aaru (el Paraíso en la mitología egipcia).

Pero si el veredicto era negativo, y su Ib era más pesado que la pluma de Maat, entonces este era arrojado a Ammyt, el devorador de los muertos (un ser con cabeza de cocodrilo, patas traseras de hipopótamo y melena, torso y patas delanteras de león), que acababa con él. Esto se denominaba la segunda muerte y suponía para el difunto el final de su condición de inmortal; aquella persona dejaba de existir para la historia de Egipto….


El juicio de Osiris


Osiris, de entre todos los dioses egipcios, siempre fue el más venerado por el pueblo. Era el dios del inframundo, aquel que otorgaba la eternidad a los que habían llevado una existencia honesta y justa. Según se explica en la mitología egipcia, el Juicio de Osiris era un gran acontecimiento en el que se decidía el destino del difunto.

El juicio tenía lugar en la Duat, donde las almas eran guiadas por Anubis, el dios con cabeza de chacal, hasta la sala de las Dos Verdades. Allí se encontraba con Osiris, que era el encargado de dictar la sentencia y decidir si el alma del muerto podía ir al paraíso o no.

Anubis extraía el corazón del difunto, símbolo de la moral y de la conciencia, y lo colocaba en un plato de la balanza. En el otro plato ponía la pluma de Maat, la diosa que representaba la verdad y la justicia.

A partir de ese momento, un jurado de 42 dioses iba formulando preguntas sobre el pasado del difunto y su comportamiento moral. En función de la respuesta, el corazón podía aumentar o disminuir de peso, haciendo decantar la balanza hacia un lado o hacia el otro. Thot, el dios de la sabiduría, era el encargado de anotar los resultados del pesaje, y finalmente Osiris exponía el resultado ante el tribunal divino.

Si la balanza estaba equilibrada quería decir que el difunto había dicho la verdad, y por consiguiente su alma se consideraba buena y justa. A partir de ese momento sería guiada por Horus hasta su cuerpo momificado, al que se le abrirían los ojos y la boca en una ceremonia ritual para disfrutar de una vida eterna en el Aaru o Tierra de los Juncos, que era el paraíso egipcio.

En caso contrario, Amut, una terrorífica deidad con cabeza de cocodrilo, piernas delanteras de león y cuartos traseros de hipopótamo, se encargaría de la llamada “Segunda Muerte”, devorando el cuerpo del difunto y evitando así que se hiciera inmortal, dejando de existir para siempre.



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