El mito de Dionisio, que es el mismo de Baco en la mitología romana, nos habla de un semidios vital, alegre y siempre dispuesto a la celebración. Se le consideraba el dios de la fertilidad y del vino, y también el inspirador de la locura ritual y del éxtasis.

Himno a Dionisio
Empiezo a cantar a Dionisio coronado de hiedra, el dios que grita, espléndido hijo de Zeus y gloriosa Sémele. Las Ninfas de rica cabellera lo recibieron en sus senos de manos del señor su padre y lo cuidaron y criaron cuidadosamente en los valles de Nysa, donde por voluntad de su padre creció en una cueva de olor dulce, siendo contado entre los inmortales. Pero cuando las Diosas lo criaron, un dios a menudo cantado, comenzó a vagar continuamente a través de los bosques boscosos, densamente coronado de hiedra y laurel. Y las Ninfas siguieron en su séquito con él por su líder; y el bosque sin límites se llenó con su clamor.
¡Salve, pues, a ti, Dionisio, dios de los abundantes racimos! Concédenos que volvamos gozosos a esta temporada, y desde esa temporada en adelante por muchos años.
«Yo soy aquél cuya extranjería me es inherente.
Soy Gynaimanes, el conductor de las mujeres entregadas al desenfreno,
me llaman Bromio, el que brama, el ruidoso,
algunos -más allá de las cadenas de la moral, esa inestable hija de las “mores”, las costumbres-, me han otorgado el epíteto de Eleuterio: el Libertador.
Mío es el “tirsus”, el Axis Mundi sobre el que giras tú al sonoro llamado de mi danza cada vez que Eros -el de las octuples alas-, te recuesta en el lecho en el que te quemas sin quemarte.
Mi corte la conforman panteras y leopardos, al divinal delfín yo he convocado, me acompañan mis hermanos los sátiros y los centauros con
su doble conducta de prudencia y juerga: ¡a bailar se ha dicho con una ninfa entre los brazos!
Las ménades adelantadas abren el cortejo a mis humanas bacantes que todo lo arrasan al salvaje sonido de la risa desencadenada.
Yo hago brotar el hongo sagrado: soy el Niño-Dios en realidad.
Las abejas destilan la miel y el ganado la leche que me son consagradas,
los árboles fructifican y hago crecer la hiedra en la madera muerta.
Mi madre fue virgen, mi padre el Dios del Rayo.
Estoy sentado a la diestra del Padre (Zeus),
el vino es mi sangre, mi cuerpo es la oblea que se ingiere en Eleusis: la ambrosía divina.
Antes que tu Noé judío-cristiano yo fui un “Rescatado de las Aguas” y civilicé el Mediterráneo.
Tú me conoces aún cuando me rechaces: estoy situado como mi hermana Afrodita en un lugar entre lo imposible y lo inevitable.
No hagas oídos sordos a mi llamado: desencadeno el sueño pues sus secretos me fueron enseñados por Hermes -el Merodeador Nocturno-, mi adoptivo padre: el que trae la profecía desde el Olimpo.
He muerto y resucitado. Soy Baco, soy un refinado Pan, soy Eros y la multiplicidad de sus alas, engendro a Oínos, asimilé al Sabacio de la cerveza fermentada, mi rostro sin cuerpo se llama el Príapo erecto que se coloca en las esquinas de las casas y los cruces de caminos dónde aparece la abuela Hécate, madre de las brujas.
Soy Dionysos: dador del éxtasis:
el que abre los ojos y he venido no ha salvarte sino a que ardas.

El Candelabro. Iluminando Mentes
Descubre más desde REVISTA LITERARIA EL CANDELABRO
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
