En 1752 realizó su famoso experimento con una cometa, a la que ató un hilo con una llave que se cargó de electricidad durante una tormenta. Así demostró que las nubes están cargadas de electricidad y que los rayos son descargas eléctricas. Gracias a esta investigación también ideó el pararrayos.

UNA COMETA Y UNA LLAVE VIEJA, UN EXPERIMENTO QUE HASTA EL DÍA DE HOY NOS PREGUNTAMOS SI REALMENTE SUCEDIÓ
El 10 de junio de 1752, Benjamin Franklin sacó una cometa durante una tormenta para ver si una llave atada a la cuerda generaría una carga eléctrica.
O al menos eso es lo que dice la historia. De hecho, algunos historiadores han cuestionado si esta historia de verdad sucedió. Incluso si el experimento de la cometa y la llave de Franklin sucediera, no funcionó de la forma en que mucha gente piensa.
Contrariamente a los mitos populares, Franklin no realizó el experimento para probar la existencia de la electricidad. Además, es muy poco probable que un rayo golpeara una llave mientras volaba una cometa, porque si lo hubiera hecho, Franklin probablemente habría muerto.
En 2003, Tom Tucker publicó Bolt of Fate: Benjamin Franklin and His Electric Kite Hoax (Public Affairs Books), donde argumentaba que la historia de la cometa había sido una broma de Franklin hacia la Royal Society británica por no tomarle en serio como científico. Tucker llegó a tratar de reproducir el experimento siguiendo las instrucciones publicadas por Franklin, al parecer sin éxito: ni la cometa volaba, ni podía hacer lo que Franklin aseguró que hacía.
Pero ¿qué era lo que presuntamente hacía? Conviene subrayar que Franklin no descubrió la electricidad. Este fenómeno natural se conocía al menos desde el antiguo Egipto a través de las descargas de ciertos peces, y en 1600 el médico inglés William Gilbert acuñó el término en latín electricus (que significa “como el ámbar”) en referencia a la propiedad de este material de atraer objetos cuando se frotaba.
En el siglo XVIII la electricidad estática era ya una materia de estudio para varios científicos, y Franklin comenzó a interesarse en ella en la década de 1740 gracias a un regalo de su amigo el botánico inglés Peter Collinson: un simple tubo de vidrio que se cargaba de electricidad al frotarse.
Tal vez Franklin habría desistido de haber sabido que un rayo podía impactar en su artefacto y costarle la vida. Pero “no cayó ningún rayo en su cometa”, aclara el arqueólogo e historiador Michael Brian Schiffer, autor de Draw the Lightning Down: Benjamin Franklin and Electrical Technology in the Age of Enlightenment (University of California Press, 2003). En su lugar, el cordel mojado de la cometa transmitió la electricidad de las nubes a la llave de hierro y de ahí a una botella de Leyden, un primitivo condensador. “Creo que Franklin hizo el experimento, pero ha sido mal entendido por críticos y escépticos, probablemente porque no se describió bien”, añade Schiffer.
Esta continúa siendo hoy la versión aceptada por la mayoría de los expertos.

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