En 1982 le fue concedido el premio Nobel de Literatura a Gabriel García Márquez. Hacía quince años que se había publicado su obra más célebre, “Cien años de soledad”. El discurso de recepción que pronunció en la entrega del Nobel es uno de los más recordados del autor.

A 40 años del Nobel de literatura
Gabriel García Márquez y sus 100 años de Soledad.
Hoy quiero contarles una historia que puede que muchos de ustedes no la conozcan, a pesar de conocer y disfrutar de las obras de Gabriel García Márquez que dieron tanta fuerza al boom latinoamericano.
Gabriel García Márquez, el único Nobel literario colombiano y orgullo para la región, en 1965 se debatía entre trabajar o escribir. Para la fecha, el escritor vivía con sus dos hijos y su amor de vida Mercedes Barcha, en México. Al maestro literario le venía dando vueltas en la cabeza una obra magnífica, pero que no podía sortear a escribir debido a su trabajo, de manera que el escritor se debatió en su responsabilidad de esposo o de soñador literario; el Gabo tenía que encontrar una balanza entre estas dos fuerzas que para él eran su vida.
El Gabo hizo sus cálculos de cuánto tiempo podría sostener a su familia sin trabajar si empeñaba el carrito familiar; sacó cuentas de que podría escribir y vivir unos meses del dinerito del empeño en conjunto con unos pocos ahorros que tenía.
Su esposa Mercedes escuchó con asombro la idea del escritor y se decidió rápidamente en aceptar y apoyarlo, y solamente preguntó por el tiempo en el que él tendría lista la obra. Gabo le respondió enseguida a Mercedes diciéndole que en pocos meses la tendría lista.
Lamentablemente para Gabo, 100 años de soledad no se escribían en tan poco tiempo. Por lo que los meses fueron pasando y el dinero del carrito empeñado ya se había ido y el Gabo, para el momento, no tenía ni la mitad de la obra escrita.
Mercedes, magnífica y admirable mujer, se puso en el hombro el hogar y las responsabilidades de todo; ella comenzó empeñándo sus joyas, que no eran tantas y unas que las pensó joyas eran solo vidrio. Mercedes se endeudó con muchas de las amistades de la pareja, todo sin decirle nada a Gabo y sin quejarse para no preocuparle y que él pudiera terminar la novela. Logró mantener la casa, el plato de comida para sus dos hijitos y su esposo, incluso le mantuvo a Gabo los cigarrillos y el papel para escribir, ambos tan necesarios para que el Gabo puediera desarrollar la obra.
La familia, incluso, por esas fechas, por la falta de dinero estuvieron a punto de ser echados a la calle, pero Mercedes logró sortear a su casero cada mes evitando así que los echaran.
La situación del hogar era terrible, Gabo dejó todo ese peso a su esposa y ella lo cargó durante 18 meses, que fueron los que realmente se requirieron para terminar la obra.
Luego de 18 meses de Gabo empezar a escribir, de deber 9 meses de renta, deberle al panadero, carnicero, a varias amistades y perder hasta los anillos de matrimonio en empeños, se dirigieron ambos con 500 hojas que eran el producto resultante de la agonía de Mercedes y de la genialidad de Gabriel García Márquez y que, cuenta Gabo, estas hojas las cargó Mercedes a la oficina de correos para enviar la obra a la editorial Sudamericana en Buenos Aires y, al llegar para enviarla, resultaba que no contaban con el dinero completo para enviarla toda, por lo que enviaron una mitad primero y luego, para la otra mitad, la pareja empeñó
los últimos electrodomésticos que le quedaban para enviar la otra mitad. En su momento, la cocodrilo sagrado, como le decía el Gabo a su esposa, soltó por primera y última vez un comentario en forma de queja por todo lo que había tenido que pasar, diciendo:
«Ahora lo único que falta es que la novela sea mala».
Pero ya sabemos lo que terminó siendo la obra 100 años de soledad del maestro Gabriel García Márquez, obra que no hubiera sido posible sin la nobleza y grandeza de su esposa, la misma que el Gabo siempre llevó con orgullo a todas partes y de la que fue por siempre inseparable.

El Candelabro. Iluminando Mentes
Descubre más desde REVISTA LITERARIA EL CANDELABRO
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
