Una persona que filosofa, reconoce y admite su propia falta de conocimientos; se abre a una verdad mayor y se deja fascinar por ella. La admiración es, según los antiguos, el comienzo de la filosofía.



_¿Por qué hacer filosofía?

“Una gran filosofía no es la que instala la verdad definitiva, es la que produce una inquietud.” (Charles Pegúy)

_ En la actualidad, la humanidad se encuentra absorbida por el mundo y consumida por la rutina que desgasta su existencia de manera paulatina y progresiva. El ser humano pasa sus días arrojado al sueño esperanzador de un mañana mejor o aferrándose al consuelo de los recuerdos del pasado lenitivo que mitiga el padecimiento de su finitud.

Sin embargo, el hombre puede adaptarse de cierta manera, acomodándose a estas circunstancias y acostumbrarse a ellas hasta lograr un cierto equilibrio que lo conforma de una determinada forma.

En otras palabras, la humanidad simplemente se acurruca en la intemperie del espacio temporal de su existencia, con su consciencia adormilada y en un estado de total abandono de sí mismo.

Tal escenario trágico llevará al hombre de manera irremediable al camino del propio cuestionamiento y al ejercicio de la pregunta filosófica.

De manera similar, ante la contemplación y la admiración de la realidad circundante (como puede ser el mundo natural), aparecerá ante el espíritu humano estas disquisiciones filosóficas que producen tal asombro en el hombre.

La filosofía es la actividad humana por excelencia. Ella es pregunta y riqueza; cada respuesta obtenida no representa más que la llave para abrir otras preguntas reflexivas. Es la barca por la que navegamos siempre en búsqueda del tesoro del conocimiento y la verdad.

Sus interrogantes son los pilares de su edificio y su base es el deseo de la sabiduría. Surcar los caminos de la filosofía no tiene el acento en la meta sino en el recorrido. Su ganancia es el trayecto que el ser humano recorre en el quehacer filosófico. Brillar es para cualquiera pero quien se pregunta el fundamento de su resplandor puede brillar dos veces.

La filosofía no conoce de comodidades ni conformismos. Ella inquieta hasta los últimos fundamentos toda la realidad, como de si se tratase de un gran sismo inquisitivo en las tranquilas bases del pensamiento humano.

Vivir la vida filosofando es el verdadero despertar del hombre de su sueño falaz ¿Quién pudiera decir que no ante la magnificencia de la filosofía?

¿Por qué hacer filosofía? O mejor aún ¿Por qué esperar para comenzar a hacerla?

“Vivir sin filosofar es, propiamente, tener los ojos cerrados, sin tratar de abrirlos jamás.” (RENÉ DESCARTÉS)



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