Rose Marie Kennedy, conocida como Rosemary Kennedy, fue la segunda descendiente y la primera hija del matrimonio formado por Joseph Patrick Kennedy y Rose Elizabeth Kennedy. A la edad de 23 años fue sometida a una lobotomía que la dejó incapacitada de por vida.

ESCONDIDA Y OLVIDADA
Rosemary Kennedy
Rosemary Kennedy fue una vez una joven feliz, alegre y muy inteligente, te contaremos por que con el tiempo se transformó en alguien que solo podía gruñir, chillar o gritar.
A medida que Rosemary creció, se hizo evidente que tenía dificultades de aprendizaje.
Más tarde, los especialistas le dijeron a los Kennedy que su desarrollo se debía a la privación de oxígeno sufrida como resultado de un “accidente uterino”.
Sus discapacidades a menudo estaban ocultas o disfrazadas por su familia para evitar el estigma de estar asociada con “genes defectuosos”.
Por un tiempo, Rosemary se comportó como dama de sociedad, asistió a bailes y muy frecuentemente era fotografiada sonriente en los Estados Unidos e Inglaterra, hasta que en un incidente, Rosemary atacó repentinamente a Honey Fitz (el apodo de la familia de su abuelo materno), golpeándolo y pateándolo hasta que la detuvieron a la fuerza, según relataron Peter Collier y David Horowitz en The Kennedys: An American Drama.
Internada de por vida en instituciones mentales, todo para que no representara una amenaza para las carreras políticas de sus hermanos.
Para ser más específicos fue encerrada en un convento, se volvió desafiante a las restricciones. Las monjas no pudieron controlarla.
“Muchas noches”, recordó la prima de Rosemary, Ann Gargan, “la escuela llamaba a decir que había desaparecido y la encontraban vagando por las calles a las 2 a.m.”.
Pronto se supo que Rosemary se estaba escapando, según un compañero paciente que compartió muchos años del confinamiento posterior de Rosemary, para ir a tabernas y encontrarse con hombres en busca de atención, consuelo y sexo, escribió Elizabeth Koehler-Pentacoff en The Missing Kennedy
Las hermanas del convento informaron a su padre, quien se horrorizó: no solo Rosemary estaba en riesgo; en su opinión, estaba poniendo en peligro las ambiciones políticas que él tenía para sus hijos: John, Robert y Ted Kennedy.
Joseph Kennedy buscó “soluciones” quirúrgicas y, en noviembre de 1941, sin consultar a su esposa, autorizó a dos cirujanos, Walter Jackson Freeman y James W Watts, a realizarle una lobotomía a su hija.
Rosemary tenía apenas 23 años.
Se creía que la lobotomía, una nueva operación “psicoquirúrgica” que implicaba la separación o eliminación de vías entre los lóbulos del cerebro, era una cura para una gran cantidad de males psicológicos, como el alcoholismo y la “ninfomanía” (el término dado al deseo sexual considerado incontrolable y excesivo).
Tras perforar agujeros en el cráneo de Rosemary, Freeman insertó un cuchillo y comenzó a cortar los lóbulos frontales de su cerebro. Atada a la mesa, ella estaba despierta y aterrorizada durante el procedimiento.
De repente, se quedó en silencio y cayó en la inconsciencia.
La operación había sido un catastrófico fracaso.
Rosemary quedó sin poder caminar ni hablar.
Incluso después de años de terapia, no podía pronunciar más que unas pocas palabras y nunca recuperó completamente el uso de sus extremidades.
Su autonomía, que ya había sido restringida, desapareció para siempre.
Durante los siguientes 64 años vivió escondida en instituciones, necesitada de atención a tiempo completo.
Los médicos le ordenaron a Rosemary Kennedy “no recibir visitas porque podían perturbarla y confundirla”, registra la escritora Elizabeth Koehler-Pentacoff.
Y es posible que su padre también lo haya hecho, con el objetivo de evitar que los rivales políticos alegaran que había “locura” en la familia.
Cualesquiera sean las razones, escribe Koehler-Pentacoff, “Rosemary no recibió visitas durante los años más sombríos de su vida”.
Eventualmente, le dieron una casa de campo privada en los terrenos de Saint Coletta’s, una escuela especial en Wisconsin, donde vivió tranquila, aislada de la prensa y miradas indiscretas.
En la década de 1960, una serie de accidentes cerebrovasculares dejaron a su Joseph Kennedy incapaz de moverse o hablar y su madre sufrió un ataque cerebral en la década de 1980; ambos necesitaron atención constante.
Los hermanos Kennedy que habían sobrevivido -Ted, Eunice, Jean y Patricia- visitaron a Rosemary en sus últimos años, pero durante gran parte de su vida, su existencia fue un secreto.
No obstante, a principios de los años 60, su hermana Eunice escribió un artículo en un diario revelando que Rosemary había nacido con discapacidades intelectuales.
Y en 1968, fundó las Olimpiadas Especiales, que hoy es la organización deportiva más grande del mundo para niños y adultos con discapacidades intelectuales y físicas, aunque declaró que su hermana no fue su inspiración.
Entre tanto, Rosemary vivía olvidada por el mundo, con escasa compañía, excepto la de las devotas monjas que la cuidaban.
De vez en cuando mostraba leves signos de progreso, pero estos se desvanecían nuevamente y durante los últimos años de su vida estuvo acurrucada en una silla de ruedas, irreconocible como la mujer vibrante y hermosa que había deslumbrado a la prensa británica en la década de 1930.
Murió en 2005, a los 86 años.

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