Así, cuando lucían las plumas, todo el pueblo podía saber la valentía que había demostrado o el rango que ostentaba en la tribu. Su origen se remonta a costumbres ancestrales gracias a las cuales se reforzó el vínculo entre el hombre y la naturaleza



Las plumas de aves rapaces y las pinturas conferían a sus portadores propiedades espirituales, porque procedían del mundo natural, adorado por los indios.

Eso no quita que su simbolismo fuese también muy importante en el momento de combatir. De hecho, un guerrero ganaba plumas en función de los actos de valentía que llevaba a cabo en la lucha. Tocar a un enemigo y robarle armas o caballos eran algunos de ellos.

Asimismo, resultar herido le hacía merecedor de ese trofeo. Según fuera la acción, adoptaría formas distintas: una pluma completa indicaba que había matado a un enemigo, y si se le quitaba un pico central, quería decir que además le había arrancado la cabellera.

Cuando estaba partida por el centro, su dueño había sido herido combatiendo, y si aparecía teñida de rojo, entonces simbolizaba un acto de máximo valor, como quitársela a un adversario.

Los penachos o tocados –llamados warbonnets en inglés– con más de una decena de plumas, de águila o de halcón, estaban al alcance de muy pocos; era un signo evidente de autoridad.

Se lucían únicamente durante las ceremonias, porque en la batalla hubieran sido incómodos.


Fin


El Candelabro. Iluminando Mentes


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