Esta obra realizada en porcelana, un material muy del gusto del arte Rococó, la realizó el artista francés Etienne Maurice Falconet en el año 1758, y en la actualidad forma parte de los fondos de la Colección Wallace con sede en Londres.

L’AMOUR MENAÇANT (Amor o Cupido amenazante), 1757, Louvre.
El escultor francés Étienne-Maurice Falconet (1716-1791) realizó esta pequeña estatua de Cupido, de apenas 70 cms de altura, por encargo de Madame de Pompadour, que era su mecenas y la amante favorita del rey Luis XV. Se conservan hasta cinco versiones, todas ejecutadas por el mismo escultor. Esta de la imagen es la que se conserva en el Museo de Louvre, aunque en un principio iba a ser colocada en un “Templo del Amor” en los jardines de Versalles.
El pequeño dios del Amor aparece sentado cómodamente en una especie de montículo semejante a una nube, con sus vaporosas alas, carita de travieso y mirada pícara, colocando uno de sus dedos en los labios como pidiendo silencio y cautela ante el lance amoroso o advirtiendo del riesgo de traicionar al amor. Con la otra mano saca a escondidas una flecha de su carcaj. Esperemos que sea una de oro…ya sabemos lo caprichoso que es a veces y los conflictos que genera.
Falconet ha sabido expresar esa gracia propia de los niños, tiene un encanto especial y una belleza y delicadeza extraordinarias, características además del estilo rococó.
Esta dualidad donde Cupido es tratado como un niño ingenuo y pícaro, pero por otro lado, como un dios todopoderoso, capaz de provocar auténticos desastres, fue ampliamente representado a lo largo de la Historia del Arte y en particular en Francia en el XVIII.
Cómo es este dios, Eros para los griegos y Cupido para los romanos, lo expresan bien estos versos. Son de muy diferentes épocas y autores, pero el Amor es intemporal.
“Yo soy el dios poderoso,
en el aire y en la tierra
y en el ancho mar undoso,
y en cuanto el abismo encierra
en su báratro espantoso.
Nunca conocí qué es miedo;
todo cuanto quiero puedo,
aunque quiera lo imposible,
y en todo lo que es posible
mando, quito, pongo y vedo”.
Cervantes, el Quijote, 2° parte, XX. Pone esos versos en boca de Cupido.
“De nuevo Eros, que desata los miembros,
me hace estremecer,
esa pequeña bestia dulce y amarga,
contra la que no hay quien se defienda”.
Safo, fragmento 130

El Candelabro. Iluminando Mentes
Descubre más desde REVISTA LITERARIA EL CANDELABRO
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
