Cuenta el mito de Apolo y Dafne que Apolo se burló de Eros. Eros, molesto por la arrogancia de Apolo, ideó vengarse de él y para ello le arrojó una flecha de oro, que causaba un amor inmediato a quien hiriese. Otro disparo hirió a la Ninfa Dafne con una flecha de plomo, que causaba el rechazo amoroso.



Hermosa mujer jamás he visto antes, de torneadas y hermosas piernas largas, en tu blanca piel quiero perderme. Ahogaré tus gemidos tempranos con mis besos, que inevitablemente soltaras mientras te toco con mis hábiles manos por encima de la ropa.

Dime ¿Algún amante te había hecho venirte, así, antes de penetrarte?

Mis tiempos son perfectos, desesperaras por sentirme dentro de ti. ¡Lo suplicaras! Pero no lo haré.

Te desnudaré de la cintura para arriba, bordearé tus areolas con mi lengua hasta que tus pezones endurezcan, insistirás, lo pedirás de nuevo, suplicaras que nos tiremos en el césped y que te haga el amor, me dirás estoy lista para recibirte… Pero aún será temprano para deslizarme en tu húmeda oquedad.

Morderé tus hombros y tu cuello. Rogarás tenerme dentro. Desde tu cuello, por tiempos subiré a tu oreja, te susurraré poemas… ¿Sabes que soy el Dios de las artes?

Estarás muy húmeda… Por tus muslos escurrirás. Esa es la señal que espero, para bajar de poco a poco, ya mordiendo, ya deslizando mi lengua, hasta llegar a tu monte de venus, ya puesto al descubierto. Juguetearé con mis dedos en tu vulva, caliente y mojada.

Pedirás por enésima vez, rogaras ser penetrada ¡Pero no lo haré aún! Beberé de tu fuente el elixir que es el alimento para mis artes amatorias.

Sin exagerar, te lo prometo: te desmayaras de deseo después de ponerte muy rígida… Aflojaras todo tu cuerpo.

Cuando vuelvas en ti, levantaré la cara, la asomaré entre tus piernas; y tú, con mirada de embriaguez me dirás, que hermoso eres ¿Cuál es tu nombre mancebo? Dime tu nombre buen hombre, que me has llevado y traído varias veces del cielo, sin penetrarme siquiera. Yo soy la Ninfa Dafne.

Y te diré, soy Apolo, Dios de la luz y el sol, de la verdad y de la profecía, del tiro con arco, la medicina, y la curación, la música, la poesía y las artes. Puedo hacer que enfermes, pero también puedo curarte.

— ¿Es en serio todo lo que has dicho? Apolo, “Dios de la Arrogancia”— Le dice Eros a carcajadas, rompiendo su monologo — ¡Esas son las fantasías sexuales del gran Dios Apolo!

— ¿Quién eres tú? Insolente — Contesta Apolo con el rostro descompuesto por la ira.

Apolo espiaba a Dafne en el bosque, mientras la Ninfa se bañaba en un arroyo, sin percatarse que era escuchado por un joven, Eros, muy bien presentado que estaba ahora a sus espaldas.

Eros le da la espalda a Apolo, levanta la mano girándola de forma despectiva y sin contestar a Apolo, se dirige al claro del bosque, ignorándolo, para practicar con su arco y flechas el tiro al blanco.

Entonces Apolo va tras de Eros, y lo insulta:

[…

Hey! Afeminado ¿Qué pretendes hacer con esa arma más propia de mis manos que de las tuyas? Yo sé lanzar flechas certeras contra las bestias feroces y los feroces enemigos… Conténtate con avivar con tus candelas un juego que yo conozco y no pretendas parangonar tus victorias con las mías. Eres solo un niño estúpido.

…]

Apolo remata diciendo a Eros:

— Observa niño tonto, como conquisto a la Ninfa Dafne, aprende de un hombre de verdad.

Dafne está a considerable distancia para haber escuchado la riña.

Y así Apolo se acerca a Dafne, quien esta aún bañándose.

A unos metros del arroyo Apolo tira su toga al suelo, quedando desnudo ante los ojos de la ninfa.

Apenas lo mira, ella queda prendada de él … ¡Vaya que es hermoso! Él, con gran seguridad le pasa una mano por encima de la oreja, deslizándola entre su mojado cabello.

Dafne lanza un gemido, y se arroja a los brazos del Dios.

Desnuda como esta, cuelga sus piernas alrededor de las caderas de Apolo, y en pleno salto es penetrada.

Dafne se mueve con desesperación, aferrándose a la hombría del Dios Apolo, quien parado, la sostiene por las nalgas. Apolo gira su cabeza en dirección a Eros, quien se ha acercado ya, saliendo de su escondite.

— No tan rápido — Dice el irascible Eros — Esta es mi venganza por la falta de respeto que me has mostrado Dios Apolo.

Eros toma entonces dos flechas, una de oro con la punta de diamante y otra de hierro con la punta revestida con plomo. La flecha de oro incita al amor, la de hierro y plomo incita al odio.

Apolo se separa de Dafne, ante la amenaza: Eros tensa su arco, apuntando con la flecha de hierro y plomo hacia Dafne.

— Esta flecha es para ti bella Dafne — grita Eros, y dispara. La flecha atraviesa a Dafne justo entre los senos.

— Y esta otra flecha es para ti, despreciable Apolo.

La flecha de oro atraviesa el corazón del Dios Apolo, antes de que pudiera hacer nada para defenderse.

Eros sonríe complacido, ya que desde ese momento, Apolo se inflama de pasión por la Ninfa Dafne.

Dafne se levanta y mira al Dios que apenas hace segundos le hacia el amor, pero ahora ella tiene ojos de fuego:

— Te odio.

— Espera Dafne ¡Yo te amo! Quiero que seas mi mujer.

Dafne corre desesperadamente por el bosque, intentando alejarse de Apolo. Inevitablemente el Dios la alcanzará.

Entonces Dafne le pide ayuda a su padre, el Dios-rio Ladón. Y su padre la ayuda:

De repente la piel de Dafne se convierte en corteza de árbol, un laurel, su cabello se convierte en hojas, y sus brazos en ramas. Deja de correr ya que sus pies se enraizan en la tierra. Apolo abraza las ramas, llora.

Como Apolo ya no la puede tomar como esposa a Dafne, le promete que la amará eternamente como su árbol y que sus ramas coronaran las cabezas de los héroes y los campeones de los juegos olímpicos.

Y así Apolo usa sus poderes de eterna juventud e inmortalidad para que su amada, la ninfa Dafne, siempre permanezca verde.

Relato erótico – Mitológico escrito por Alex Rivera, el mismo día de hoy, para ustedes queridos seguidores de Fractales.

Notas:

El mito de Apolo y Dafne ha sido interpretado como un enfrentamiento entre la virtud —Dafne— y los deseos sexuales —Apolo—. Mientras Apolo persigue a Dafne lujuriosamente ella se salva a través de la metamorfosis y el confinamiento a un árbol de laurel, que puede considerarse como un acto de castidad eterna. Dafne se ve forzada a sacrificar su cuerpo y convertirse en árbol de laurel como única escapatoria a las presiones y constantes deseos sexuales de Apolo.

Eros, quien castiga a Apolo de tan cruel modo, en la mitología romana es conocido como Cupido.



El Candelabro. Iluminando Mentes


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