El cacique Mulato, cuyo verdadero nombre era Chumjaluwün, fue el último gran jefe tehuelche de la Patagonia.

El Último Cacique de la Patagonia
“En uno de los próximos vapores, se dirige al norte el último de los caciques de la Patagonia chilena, “Mulato”, a quien se suele contemplar vagando por nuestras calles, envuelto en el fornido cuerpo en amplia capa de guanaco, con aire melancólico y ademán respetuoso, no desprovisto de cierta majestad, cual cuadra a su antigua prosapia de cacique laborioso, dueño de campos y haciendas y siempre fiel al Gobierno de Chile, que le ha dispensado su protección.
En Punta Arenas le conocen familiarmente todos los antiguos colonos y comerciantes, como así mismo a su consorte, una anciana patagona de aspecto más bien varonil. Le acompaña siempre una joven india, sobrina del cacique, de una regularidad de facciones poco común entre las mujeres de esta forzada pero tosca raza indígena. En todas partes se les acoge con respetuosa deferencia, que ellos saben corresponder con un amaneramiento no reñido con el usado por las gentes de regular educación.
Se les mira y se les trata con las consideraciones que merecen los últimos vástagos de una tribu de indios honrados, que no han molestado a nadie, ni aún los estancieros limítrofes de sus tierras, pues por el contrario, con estos últimos han mantenido siempre cordiales y activas relaciones en materia de negocios ganaderos.
El Gobierno haría obra de justicia, de humanidad, y hasta de patriotismo, impidiendo que este núcleo de laboriosos indios quedase reducido a la miseria, sin tener donde hacer pastar los animales que les sirven para el sustento lo que les obligaría a abandonar su patria y entregar el último jirón de terreno de sus mayores a los que lo han adquirido o lo adquirirán por una suma insignificante, que caerá como una gota de agua en el tonel sin fondo de los derroches administrativos, para ir a beneficiar quizás a otros menos “mulatos” que el desposeído cacique, pero también menos dignos de la protección del pueblo y del Gobierno”.
(A.A. – Punta Arenas, 1905)
Referencia:
.- La Patagonia, Larrazával Larrain (1917).
FIN
El Candelabro. Iluminando Mentes
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