El nombre de mecenas ‘patrocinador de artistas o literatos’ se emplea en castellano al menos desde 1585 y debe su origen a un importante y rico personaje de la corte del emperador Augusto, Caio Clinio Mecenas (70-09 a. J.C.).

MECENAS, EL HOMBRE QUE LE DIO SIGNIFICADO A UN TÉRMINO
“A través de la historia, su nombre se ha convertido en equivalente a patrono generoso, adinerado y persona ilustrada en las artes”.
Cayo Mecenas nació entre los años 70 y 68 a. C. Fue amigo y asesor político del joven Cayó Octavio, quien más adelante se convertiría en el hombre más importante de Roma como César Augusto, además, protegió a la nueva generación de poetas y artistas entre los que destacaron Horacio y Virgilio. En este papel de protector de las artes llegó a servir casi como un ministro de cultura. Por ese mismo motivo, hasta el día de hoy, su nombre se convirtió en el apelativo de todos los protectores del arte y la ciencia.
Mecenas era de origen etrusco y sus raíces familiares llegarían hasta el rey Lars Porsena. Su familia pertenecía al estatus de equites y por tanto Mecenas obtuvo una educación completa según los estándares griegos y romanos.
Acumuló una gran fortuna, tanto heredada de sus antepasados como adquirida gracias a la generosidad de Augusto. Por ello, abandonó la típica carrera romana como funcionario público, ya que pese a pertenecer a la clase de los equites no busco alcanzar la dignidad reservada a la clase senatorial, pero su propiedad e influencia lo predestinaron.
Cómo ya dijimos, toda su vida, o gran parte de esta, estuvo ligado a Octavio Augusto. Cuando ocurrió el asesinato de César, es probable que estuviese con su amigo en Apolonia.
Aparece por primera vez en la historia en el 40 a. C., cuando Octavio lo empleó para arreglar su matrimonio con Escribonia, y luego para negociar el Tratado de Brundisium y la reconciliación con Marco Antonio, el cual se selló con el matrimonio de éste con Octavia.
Octavio confirmó su confianza en Mecenas, confiándole la gestión de Roma e Italia durante su campaña contra Sexto Pompeyo en el 36 a. C. y el enfrentamiento final con Antonio en Grecia y en Egipto en 31 a. C.
Mecenas reforzaría su posición al frustrar el complot contra Octavio que regresaba a Roma desde Egipto. Al mismo tiempo, logró evitar que se repitiesen las sangrientas proscripciones, lo que le ganó elogios entre la población. Aunque no ocupó ningún cargo oficial, compitió efectivamente con Marco Agripa (lugarteniente ejecutivo de Octavio).
Ambos podían usar el sello de Octavio e incluso alterar sus despachos a voluntad y continuó estando profundamente involucrados en los asuntos internos y externos después de que Octavio, ahora Augusto, estableciera su principado.
Las opiniones estaban muy divididas en la antigüedad en cuanto a su carácter personal; pero el testimonio en cuanto a su capacidad fue unánime. Ya en su tiempo era considerado como un hombre extremadamente capaz en diplomacia y la administración del Estado.
Sin embargo, la importancia política de Mecenas se debilitó considerablemente después del 23 a. C. Cuando ocurrió un conflicto entre Augusto y la familia de su esposa, Terencia. El hermano adoptivo de está, Varro Murena, planeó un complot para asesinar a Augusto.
Se descubrió el complot y se ejecutó a los responsables, pero Mecenas fue completamente apartado de los asuntos estatales a favor de Marco Agripa. Pese a esto, Augusto mantuvo relaciones amistosas con Mecenas hasta su muerte, lo cual ocurrió el 8 a. C., dejando al emperador como único heredero de toda su riqueza.
Mecenas impresionó a los escritores antiguos por el contraste entre su gran energía y habilidad que mostró en la vida pública y los hábitos lujosos que ostentaba como cortesano. Su carácter de generoso patrocinador de la literatura ha hecho de su nombre una personificación de tales actividades.
Como partidario del nuevo sistema introducido por Augusto, trató de influir en los creadores para que usaran sus talentos en interés del sistema de poder emergente. Apoyó a Virgilio y Horacio, buscando promover el regreso a los antiguos valores romanos de la vida rural.
Su gran encanto en la relación con el círculo de artistas de los que se había rodeado, residía en su sencillez, cordialidad y sinceridad. También llevo un estilo de vida bastante acomodado y divertido. Fue criticado por esto por Séneca. Pero es indudable que su legado es imborrable.

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