El Triángulo de las Bermudas es un área geográfica con forma de triángulo escaleno situada en el océano Atlántico, entre las islas Bermudas, Puerto Rico y la ciudad estadounidense de Miami.



El triángulo de las Bermudas


En uno de sus laureados espectáculos, Enrique Pinti se burlaba del mito del Triángulo de las Bermudas. Recordaba que, donde hoy se afirma que desaparecen barcos gigantes, aviones y naves espaciales, Cristóbal Colón pasó sin problemas 4 veces ida y vuelta a bordo de carabelas que apenas eran más grandes que un piano.

Yo me atrevería a sacarlo del índice de mito y colocarlo en el de leyenda. Una narración grandilocuente que, aunque este edificada sobre algún hecho real, desborda de elementos fantásticos y abunda de adornos con mucha levadura.

No nos hagamos los distraídos y asumamos que colaboramos esparciendo estas paparruchadas a los cuatro puntos cardinales empujados por las ganas y el hermoso deseo que sea cierto.

La zona en cuestión es el triángulo casi equilátero cuyos vértices son Miami, las islas Bermudas y San Juan de Puerto Rico. Se que ‘casi equilátero’ no existe, pero suena mejor que un escaleno con aspiraciones. Hasta 1945, una zona más grande que contiene el triángulo era conocida como ‘El cementerio del Atlántico’.

La gran cantidad de incidentes y desapariciones se deben a la proporcionalidad. Se trata de una de las zonas más transitada del globo, tanto por barcos como por aviones y con uno de los sistemas climáticos más inestables del planeta.

Dentro de los hundimientos o desapariciones de barcos se destacan el USS Cyclops, SS Timandra, SS Cotopaxi, SS Suduffco y el HMS Angloaustralian. Sin embargo, no fueron estos casos los que fueron edificando la mala fama da la zona, fueron los casos de barcos que aparecían intactos, pero sin rastros de la tripulación.

Los tres casos más resonantes fueron los del buque alemán SMS Freya, la goleta Carroll Deering y el HMS Rosalie. El primero era un barco alemán encontrado a la deriva sin rastros de la tripulación ni de violencia a bordo.

El segundo era un barco estadounidense encontrado encallado en las costas de Carolina del Norte, nunca se supo el destino de sus tripulantes. El tercero era un buque francés hallado mansamente flotando con las velas de sus cinco mástiles extendidas, su carga intacta y ningún marinero.

Con estos antecedentes, los periódicos se hicieron una panzada hasta que el 5 de diciembre de 1945 llegó la frutilla del postre. Una escuadrilla estadounidense de cinco bombarderos TBM Avenger en misión de entrenamiento desapareció sin dejar rastros.

Para colmo enviaron un hidroavión a buscarlos y también desapareció. Edward Van Winkle Jones, un periodista sensacionalista de Associated Press, escribió una serie de artículos donde la palabra ‘misterioso’ aparecía en todos los párrafos y acuñó un nuevo nombre para la zona, el triángulo diabólico.

El hecho es que Jones escondió informes de naufragios comprobados y los maquilló de desapariciones para darle dramatismo a sus relatos. Pronto surgieron escritores como la ruda que, basándose en la investigación flojita de papeles de Jones, escribieron artículos tanto o más vergonzosos. En los siguientes 20 años, George X. Sand, Vincent H. Gaddis, Allan W. Eckert, Richard Winer y Charles Berlitz, entre otros, hicieron un gran a porte a la confusión general.

Berlitz por lo menos fue el que popularizó el término de ‘Triángulo de las Bermudas’. Por más que History Channel haga esfuerzos sobrehumanos por mantener el tema vigente con programas de dudosa seriedad, del triángulo no queda ni el coseno.



El Candelabro. Iluminando Mentes


Descubre más desde REVISTA LITERARIA EL CANDELABRO

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.