Los pies de loto se convirtieron en sinónimo de nobleza ya que una mujer con los pies vendados era incapaz de ayudar en el campo debido a su limitada movilidad, por lo cual el chánzú se consolidó como una práctica exclusiva para las mujeres pertenecientes a familias acaudaladas.



PIES DE LOTO, EL CALVARIO DE LAS MUJERES CHINAS
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Durante toda mi infancia, mamá había vigilado personalmente la cotidiana inmersión en agua casi hirviendo y el inmediato vendaje, cada vez más apretado.

Al quejarme de dolor ella no dejaba de recordarme que un día mi marido alabaría la belleza de mis pies.
Incliné la cabeza para ocultar las lágrimas.

Pensé en las numerosas noches de insomnio, en los días en que la fuerza del dolor me impedía comer y jugar, en las horas pasadas, sentada al borde de la cama, moviendo los pies para aligerarlos del peso de la sangre.
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Pearl S. Buck, “Viento del este, viento del oeste”, 1930

El vendado de pies fue una costumbre primero practicada por las niñas de la dinastía Tang de China para limitar su crecimiento normal y hacer sus pies lo más pequeños posible. Considerado como una atracción física, los efectos del proceso eran dolorosos y permanentes.

Ampliamente utilizada para distinguir a las niñas de la case alta de las del resto, y más tarde también como una forma para que las clases mejoraran sus expectativas sociales, la práctica del vendado de pies continuó en uso hasta principios del siglo XX.

Normalmente, las niñas chinas tenían sus pies vendados desde los cinco hasta los ocho años. El proceso comenzaba escogiendo un día propicio en el calendario.

Cuando todo estaba listo, la mayor de las mujeres de la familia o un vendador de pies profesional, llevaban a cabo la tarea. El dedo gordo se dejaba hacia el frente mientras que los cuatro dedos más pequeños se doblaban debajo del pie.

En esta posición, los pies se vendaban de forma muy ajustada utilizando tiras largas de tela, que luego limitaban cualquier crecimiento y daban al pie un arco pronunciado. Los pies se desvendaban después de un mes, se trataba cualquier ulceración de la piel, y se volvían a vendar.

A partir de entonces, los vendajes se aflojaban y se volvían apretar una vez al mes hasta que la niña alcanzaba los primeros años de su adolescencia (o incluso más, dependiendo del efecto deseado). No era raro que se perdieran uno o más dedos o que los pies tuvieran infecciones o gangrena.

Se continuaba usando este método cambiando el vendaje cada cierto tiempo hasta que los huesos se quebraban y el pie dejaba de crecer , los hombres lo consideraban como uno de los puntos más bellos y sensuales de la mujer.

El resultado esperado del largo y atroz proceso era tener pies no más largos de 7.5-10 cm (3-4 pulgadas), cuando se conocían como jinlian – pies de “Loto Dorado” o “Loto”, símbolo principal del budismo.

Entre más pequeños, más atractivos eran los pies, incluso eróticos para algunos, y se convirtieron en una marca distintiva de elegancia. Lo mismo era cierto para el estilo al caminar que una mujer con pies vendados debía adoptar – pasos pequeños y ligeros.

Con sirvientes para realizar las labores domésticas, la movilidad de una señora estaba limitada incluso en situaciones normales, pero con pies vendados, solo lograba caminar con gran dificultad.

Los pies más pequeños requerían zapatos especialmente diminutos, y estos, hechos de seda o algodón y a menudo bordados a la perfección, se han encontrado en abundancia en las tumbas de mujeres chinas de clase alta.

Posteriormente, el vendaje de pies se realizó en niñas de todas las clases.

El pie de loto era considerado la parte más erótica del cuerpo de la mujer.

Hacia el siglo XVIII existieron movimientos populares ocasionales para detener la práctica, pero a pesar los dolores y sus consecuencias, el vendaje de pies continuó como una práctica común en China hasta principios del siglo XX.

En 1911 se logra abolir esta costumbre pero aún hoy en día sigue existiendo en algunos pueblos aislados.



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