El químico catalán Antonio Ribera Blancafort diseñó la estructura química del ibuprofeno, el fármaco que cada día alivia el dolor de millones de personas en el mundo. Pero su papel en este hito cayó en el olvido



ANTONIO RIBERA BLANCAFORT, INVENTOR DEL IBUPROFENO. HISTORIA DE UNA PATENTE ROBADA


Tal día como hoy, pero de 1935, en Barcelona, nace Antonio Ribera, químico español que diseñó la estructura molecular que permitió sintetizar el ibuprofeno.

Ribera se había incorporado en 1961como becario de la compañía farmacéutica Boots en la ciudad británica de Nottingham, trabajando con el grupo de investigación que descubrió el ibuprofeno. Pese a que su colaboración figura en la patente registrada por Boots junto con las firmas de Stewart Adams, Bernard John Armitage y John Stuart Nicholson, descubridores oficiales de este popular antiinflamatorio, nunca se le reconoció oficialmente esta autoría.

Ribera trabajó posteriormente en el CSIC, fue el primer rector de la Universidad de las Islas Baleares (1981-1982) y catedrático de la Universidad de Barcelona.


Los calmantes en la Historia


Pero lógicamente antes de que existiera el ibuprofeno, el ser humano ya había encontrado remedios para calmar el dolor desde los mismísimos sumerios hasta los indígenas americanos con plantas alucinógenas.


La aspirina y los sumerios


Podemos afirmar que la historia de los calmantes modernos da comienzo en 1899, cuando la empresa alemana Bayer – hasta entonces una pequeña compañía dedicada a fabricar tintes – sintetizó, patentó y comercializó la sustancia que la convertiría en un gigante farmacéutico: el ácido acetil salicílico, más conocido como aspirina.

Pero esto no sucedió por casualidad; ya en documentos sumerios (2.500 antes de Cristo), en el papiro de Ebers del antiguo Egipto, así como en algunos textos médicos de la Edad Media, hay referencias a las propiedades calmantes del “té de sauce” obtenido al hervir la corteza de este árbol.

No obstante no debía de ser muy eficiente, porque para paliar el dolor se usaban opiáceos, que tenían el inconveniente de ser muy adictivos, por lo que a mediados del siglo XIX había multitud de opiómanos.

Bayer encontró también la solución a ese problema: el mismo año que patentó la aspirina, patentó la dimetilmorfina, más conocida como heroína. Cuando se hizo evidente que la eficacia de la heroína para curar a los opiómanos se debía a que generaba una adición aún mayor, dejó de venderse en las farmacias, pero ya habían pasado más de 30 años desde su descubrimiento.

Para entonces Bayer ya había identificado el principio activo del preparado que usaban sumerios y egipcios, el salicilato de sodio, mejorar sus propiedades calmantes, antiinflamatorias y antipiréticas sintetizando un compuesto parecido, el ácido acetil salicílico, y diseñar un método de síntesis barato para obtenerlo.

Debemos tener en cuenta que hace menos de 100 años, en España, una fiebre incontrolada en un niño podía causarle daños irreversibles en el cerebro e incluso la muerte; las aspirina, por tanto se convirtió en una sustancia milagrosa que quitaba la fiebre y todo tipo de dolores, pero a mediados del siglo XX se descubrió que tenía efectos secundarios indeseables, como causar hemorragias intestinales en pacientes con úlcera gastrointestinal, debido a sus propiedades anticoagulantes.

A pesar de que la aspirina era un excelente calmante y antipirético que hoy, además, toman a diario las personas para prevenir accidentes vasculares, como ictus o infartos, se buscaron sustancias alternativas.


El Paracetamol


Y se encontraron; el mejor sustituto de la aspirina fue obtenido en la década de los 50; se trataba del paracetamol que carecía de propiedades antiinflamatorias y de las (en ocasiones) indeseables propiedades anticoagulantes de la aspirina.

Una década después la compañía química inglesa Boots desarrolló un antiinflamatorio para tratar el reumatismo, el ibuprofeno, que posteriormente se descubrió que tenía carácter calmante y antipirético y la persona que sintetizó el ibuprofeno fue uno de los becarios de Boots, el químico español Antonio Ribera Blancafort.


Antonio Ribera


Nacido en Barcelona a finales de la guerra civil, en 1958, con 23 años, se licenció en Ciencias Químicas por la Universidad Complutense de Madrid. Cuatro años más tarde, obtenía el título de Doctor por la misma Universidad con premio extraordinario.

Sus méritos llamaron la atención fuera de España y la Boots Pure Drug. Co Ltd, de Nottingham, se apresuró a contratarlo como a un becario. Antonio se casó de inmediato y partió hacia Inglaterra con su flamante esposa Maria África de Madiaraga.


Inglaterra y el Ibuprofeno


A pesar de su juventud y escaso conocimiento del idioma, Antonio Ribera fue encargado de un equipo de investigación conformado por Adams, Armitage, Nicholson y el propio Ribera Blancafort para estudiar los antiinflamatorios no esteroides; buscaban una cura para la artritis reumatoide y, para ello comenzaron a buscar moléculas con esa capacidad, algo parecido a intentar localizar una aguja en un pajar y una tarea lenta y tediosa.

Gracias a estos estudios surgió la Patente del Ibuprofeno y fue Antonio Ribera quien realizó el diseño de la estructura química del producto. Habían dado con algo más allá de lo que buscan: un remedio de triple acción que reducía la inflamación, bajaba la fiebre y también funcionaba como analgésico.


Las patentes o cómo apropiarse del mérito ajeno.


El sistema internacional de patentes protector de la propiedad intelectual y mercantil – de honda raíz anglosajona (Estatuto de la reina Ana) – ya había dado muestras de sus grietas y flaquezas a lo largo del siglo XIX y principios del XX.

El principio de “maricón el último” o favorecer al primero en llegar sin tener en cuenta más datos había dado lugar al crecimiento de aprovechados como Thomas Edison – titular de más patentes de las que es humanamente posible ostentar – y víctimas como Nikola Tesla, brillantes científicos sin conocimientos de los enrevesados renglones del sistema de patentes, que se vieron despojados de sus inventos por aprovechados sin escrúpulos.

Lamentablemente Antonio Ribera pasó a formar parte de los segundos

Y así, en 1966, la Oficina de Patentes de EEUU registra una patente de un compuesto que trata al mismo tiempo la inflamación, el dolor y la fiebre: el ibuprofeno. La firman dos científicos británicos -Adams y John Nicholson- en nombre de Boots Pure Drug Company.

Los aprovechados excluyeron a Armitage y Ribera pero no a la compañía Boots toda vez que esto último les hubiera acarreado problemas más graves, pero lógicamente se atribuían y la patente lo corroboraba la creación del medicamento excluyendo de la misma a sus dos compañeros.

El fármaco fue lanzado como un tratamiento para la artritis reumatoidea en el Reino Unido en 1969, y en los Estados Unidos en 1974 y finalmente fue la compañía Boots la que decidió tomar cartas en el asunto de las patentes y ocho años después, en 1974, se presenta otra nueva patente del ibuprofeno en EEUU; de nuevo, figura el nombre de Boots pero hay una diferencia con la anterior: en lugar de dos científicos, esta vez son cuatro los que firman en nombre de la empresa: Adams, Armitage, Nicholson y Ribera Blancafort.

Sin embargo, a pesar de las buenas intenciones de la empresa, el mal ya estaba hecho y fue Adams quien pasó a la historia como el creador del ibuprofeno.


Retorno a España


Ribera volvió España donde siguió triunfando en el mundo académico y de la investigación. Tras su paso por el CSIC, en 1978 accedió a la cátedra de Técnicas Instrumentales Biológicas en la Universidad de Palma de Mallorca y en 1981 fue elegido primer rector de la Universidad de las Islas Baleares.

En 1982 renunció al cargo para trasladarse a la Universidad de Barcelona donde se encargó de la cátedra de Técnicas Instrumentales Biológicas en la Facultad de Química. Murió el 17 de junio de 1986



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