Este 17 de enero, se produce uno de los momentos más esperados en Madrid y España: la conocida como festividad de San Antón. Este santo, nacido en Egipto en el año 251 d.C, ha pasado a la historia, entre otras cosas, por ser el protector de los animales. No es raro ver cada año bendiciones a las mascotas domésticas. La iglesia del santo en la capital es uno de los lugares más reconocidos.

FIESTA, LEYENDA, ECOS PAGANOS Y RITUALES DE SAN ANTONIO ABAD O SAN ANTÓN.
El 17 de enero se conmemora la figura de un santo especialmente benéfico y popular. Se trata de San Antonio Abad o San Antón, eremita asociado a la Orden de Hospitalarios que lleva su nombre, patrón de los animales junto a San Francisco de Asís, gran sanador, vencedor de fuerzas infernales y mediador y conductor de Almas.
San Antón vivió como un ermitaño en Egipto y allí fue un referente para los que quisieron emprender ese camino. En una ocasión visitó a San Pablo eremita, que todos los días era alimentado por un cuervo con un pan y que al saber de la presencia de San Antón lo alimentó también.
San Antón sentía gran amor por los animales. En una ocasión fue a verlo una cerda cuyas crías estaban enfermas. El animal pidió ayuda al santo que las sanó y la madre desde entonces acompañó al santo a todas partes.
Cuando San Pablo falleció San Antón lo enterró con ayuda de dos leones.
Todos estos hechos, que lo convierten en patrono de los animales y los sepultureros, lo ponen en relación con la muerte y por tanto con la fase alquímica de la Nigredo, asociada al cerdo y sobre todo al negro cuervo.
Las fuerzas infernales se interesaron especialmente por él. La literatura y el arte han representado frecuentemente sus tentaciones, tema que ha permitido a los artistas explayarse en visiones alucinatorias y en la profunda angustia del santo, dispuesto a resistir a cualquier precio.
Esta intensa y frecuente relación con el infierno supuso para San Antón adquirir la capacidad de dominar los malvados fuegos del submundo y a las perversas criaturas que lo pueblan.
Según algunas tradiciones San Antón se convirtió en una especie de portero del infierno encargado de reconducir a las Almas no tan malvadas al purgatorio, ayudándolas también a que su estancia allí no sea tan larga.
La actuación del benéfico Caronte, por supuesto, enfada muchísimo a los diablos, que tienen en San Antón el psicopompo un gran oponente.
Tal como hizo Prometeo, que robó el fuego de los Dioses para ayudar a la humanidad, San Antón robó con su báculo el fuego del infierno transformándolo en instrumento sanador.
Dicho báculo a menudo tiene forma de “Tau”, letra que evoca la marca bíblica en las casas de Israel para preservar a este pueblo de las plagas y la muerte y suele llevar unas campanillas, usadas desde la Antigüedad para ahuyentar los malos espíritus. La Tau marcaba también el hábito de los Hospitalarios de San Antón.
San Antón y su Orden están especialmente relacionados con la acogida y atención de los enfermos de un tipo de peste conocida en la Edad Media como mal del fuego sacro y cuyo nombre médico es ergotismo. Esta dolencia se produce por la ingestión continua de un hongo que crece en el centeno, lo que explica que fuese mucho mas común en el norte y el centro de Europa que en el Mediterráneo donde se consume sobre todo cebada y trigo.
El ergotismo agudo produce fuertes convulsiones y el gangrenoso la necrosis de las extremidades que se secan como ramas de un árbol muerto. Todo va acompañado de escalofríos, quemazón, fiebre alta e intensos dolores. Al tratarse de un hongo lisergico también produce alucinaciones, que han sido llevadas a las representaciones artísticas de las tentaciones del santo.
A los enfermos se les decía que hicieran el Camino de Santiago. En los hospitales de San Antón, numerosos en España, se les daba una dieta de pan blanco y vino fuerte que también se aplicaba a los miembros. Al dejar de ingerir el hongo muchos sanaban. Éstos alimentos estaban bendecidos y se atribuía el efecto a la intervención de San Antón.
Es frecuente representar al santo rodeado de lisiados cuyas muletas tienen la forma de la “Tau” que aparece en los hábitos.
San Antón es el primer santo del año asociado a los ritos del fuego y la luz. En medio de la oscura noche invernal brillan por toda España las hogueras hechas del fuego del interior de la tierra traído a la superficie por San Antón para calentar y recordar que la Luz nunca se extingue. Cada chispa que salta de la hoguera es un Alma del purgatorio que asciende gracias a las oraciones y la mediación del santo.
Desde la Edad Media y hasta hoy perdura la costumbre de pedir la bendición de San Antón en las iglesias para conservar la salud propia y la de los animales. Se ponen ofrendas al santo y se recogen los panecillos de San Antón, hechos de harina blanca y con poca agua para que se conserven mucho tiempo. Estas galletas tienen grabada una cruz y también están bendecidas.
En la madrileña calle de Hortaleza tenemos una bonita iglesia del siglo XVIII de Pedro Ribera, discípulo de Churriguera. Actualmente acoge el precioso proyecto de los Mensajeros de la Paz, debido al Padre Ángel. En esta belleza barroca se recogen alimentos y todo lo necesario para los mas desfavorecidos y también se les da de comer y albergue si lo necesitan.
El día de San Antón es tradición llevar a los animalitos de casa a recibir la bendición y comprar los panecillos del Santo. La recaudación es para un fin enteramente solidario.
Es una imagen muy hermosa y tierna que cada 17 de enero podemos llevarnos en la retina y en el Alma.
Cada bolsita tiene seis galletas. Se comen cinco y se guarda una en casa con una moneda hasta el año siguiente para que no falten la salud, el pan y la fuerza para mantener la pureza espiritual.
Y Dios proveerá.
Espero que esta hermosa tradición cristiana con fuertes ecos de paganismo que invita a amar a los animales os haya gustado.

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