Veni, vidi, vici es una locución latina empleada por el general y cónsul romano Julio César en 47 a. C., al dirigirse al Senado romano, describiendo su victoria reciente sobre Farnaces II del Ponto en la Batalla de Zela.



Veni, vidi, vici”


Un sextercio con la célebre frase con la que Julio César resumió su victoria en Zela: “Veni, vidi, vici”.

Cuando Mitridates VI fue vencido por Pompeyo el grande, su hijo bastardo Farnaces II sucedió en el Reino del Ponto.

Farnaces II había conseguido grandes conocimientos acerca de las legiones romanas, gracias a las campañas que llevó a cabo junto a su padre. Por lo que después de pactar la paz con Roma decidió reorganizar sus ejércitos y romperla en el año 47 a.C.

Al enterarse de que Farnaces había roto su juramento, Julio Cesar partió de Egipto hasta llegar a Zela, una ciudad que desempeñaba un papel estratégico en asuntos militares.

Cesar se detuvo a unos 8 kilómetros de Zela, el 2 de Agosto de 47 a.C. Asentó a sus tropas en un terreno elevado y ordeno la construcción de un campo fortificado.

Cuando los legionarios romanos comenzaban a establecerse, fueron sorprendidos por un ataque sorpresa de Farnaces. Las fuerzas de Julio Cesar eran superadas en proporción 2 a 1, pero los legionarios lograron tener tiempo de organizarse gracias a la lenta subida de los militares de Farnaces al tener que lidiar con un terreno inclinado.

Cuando Cesar vio la seriedad de Farnaces ordeno a los legionarios atacar usando sus pila (Pilum arma básica con forma de lanza o jabalina de los legionarios), estas detuvieron los carros y rompieron las filas de los pónticos (El ejercito de Farnaces), al ver esto Cesar ordeno el contraataque con caballería ligera, lo cual freno al ejercito póntico.

La diferencia clave fue la disciplina romana contra la fuerza póntica, quienes al notar el descontrol optaron por huir del campo de batalla.

Ya en Roma, Julio César fue narrando al Senado las victorias que había ido cosechando en los últimos meses, pero a la Batalla de Zela sólo le dedicó unas pocas palabras, resumiéndola en Veni, Vidi, Vici (Llegué, Vi y Vencí), dejando clara su superioridad al poder resolver en apenas unas semanas un conflicto que Roma tenía pendiente desde hacía muchos años.



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