El 4 de enero de 1960, a los 46 años, Albert Camus perdió la vida en un accidente de tráfico. Estaba realizando un viaje desde la localidad francesa de Villeblevin en un Facel-Vega, coche que le había prestado su editor, cuando se estrelló contra un árbol junto a la carretera y murió.

LA ABSURDA MUERTE DE ALBERT CAMUS Y SU TUMBA.
El dramaturgo y escritor falleció un 4 de enero de 1960.
“No conozco nada más idiota que morir en una accidente de auto”, fue la inoportuna declaración del escritor Albert Camus un día antes de fallecer.
La muerte llegó a Camus a la edad de 47 años, y tan sólo tres antes había obtenido el Premio Nobel. Fue el segundo escritor más joven de la historia en conseguirlo, por detrás del inglés Rudyard Kipling, quien recibió el galardón en 1907.
Ni por un momento Albert Camus imaginó que su fin sería tan distinto, tan “absurdo” e “imprevisible”. “La pérdida del joven maestro de la joven élite europea es una de las mayores que podían sufrir en estos momentos las letras francesas y toda la juventud ha de llorarla”, dijo entonces François Muriac, otro de los escritores franceses laureados con el Nobel.
Tenía 44 años Albert Camus cuando recibió el Premio Nobel de Literatura. En su discurso dijo: “¿Cómo un hombre, casi joven todavía, rico sólo por sus dudas, con una obra apenas desarrollada, habituado a vivir en la soledad del trabajo o en el retiro de la amistad, podría recibir, sin una especie de pánico, un galardón que le coloca de pronto, y solo, a plena luz? ¿Con qué ánimo podía recibir ese honor al tiempo que, en tantos sitios, otros escritores, algunos de los más grandes, están reducidos al silencio y cuando, al mismo tiempo, su tierra natal conoce una desdicha incesante?”
Camus, como todo ser humano, estaba condenado a muerte. La razón más probable era su tuberculosis, que desde niño lo venía limitando constantemente; ya había tenido algunas crisis importantes que fueron mucho más que un alerta. Desde adolescente empezó a sospechar que moriría por un ataque respiratorio o algo por el estilo.
La tuberculosis, una suerte de fantasma que lo acompañó siempre y le marcó los límites de sus movimientos. No sólo en el deporte, también cuando quiso ser docente o cuando se presentó al ejército como voluntario: lo rechazaron por su delicada salud. Él suponía, teniendo en cuenta el azar de la vida, que su fin podría llegar como desencadenante de esta enfermedad pulmonar.
Pero no fue así. Lo que pasó fue esto: hace exactamente sesenta años, cuando se encontraba en la cumbre de su carrera literaria e intelectual, Albert Camus murió en un accidente de tránsito. O al menos eso dice el consenso, pese a que estén los que crean que detrás de todo estuvo la KGB. Iba en un vehículo por la ruta número 5, en Villeblevin, Francia. Tenía apenas 46 años.
Manejaba Michel Gallimard, sobrino del editor de Camus. En el asiento trasero, la esposa y la hija de Gallimard. Camus viajaba adelante, del lado derecho. Una rueda reventó intempestivamente y el auto perdió el control. Un par de microsegundos después el vehículo impactó contra un árbol a la vera del asfalto. El escritor murió en el acto. Su amigo Michel pocos días después, en el hospital. Las dos mujeres sobrevivieron al accidente.
Ese día, los periodistas estaban de huelga. La noticia tardó en hacerse pública. El corresponsal del diario español ABC, Federico García-Requena, describió aquel día así: “Una tarde de invierno, de cielo entoldado y sin crepúsculo, que fue noche casi instantáneamente, como si de pronto hubiera sido cubierta por crespones de duelo”.
Los restos de Albert Camus reposan en el cementerio de Lourmarin, un pueblo del sur de Francia. Los lectores han convertido su tumba en un modesto santuario, y llegan de todos los países del mundo para traerle lavanda y mensajes de agradecimiento. La lápida es pequeña y austera, una de esas piedras tiernas de color ocre que abundan en la región. No dice nada más que su nombre y debajo, 1913-1960. Sin embargo, las plantas y los pequeños regalos que la cubren la vuelven singular y acogedora.

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