Se le representa como un hombre joven, con un gorro frigio, matando con sus manos un toro. Existen realmente pocos textos escritos por autores mitraístas. Se conservan algunas pinturas e inscripciones, así como descripciones de esta religión por parte de sus oponentes, entre los que hay neoplatónicos y cristianos.



MITHRA (MITRA). UN DIOS SALVADOR LLEGADO DE ORIENTE



Mitra en el Panteón indo-iraní es un Dios mediador entre las fuerzas celestes, luminosas y benéficas de Ahura-Mazda y el reino del inframundo, oscuro y nefasto de Arihman.

Gracias a Mitra y su amor incondicional existe un equilibrio entre ambas. Al tratarse de una divinidad de justicia y armonía también regula la relación entre la Humanidad y los Dioses y entre los hombres entre sí y sus contratos.

Mitra es el amoroso, luminoso y protector. El amigo.

Podemos rastrear su culto desde el S. XIV a.C., en un texto en el que es mencionado junto a Varuna, de connotaciones nocturnas, siendo Mitra relacionado con aspectos solares.

Lo encontramos desde la India, pasando por Persia y hasta Anatolia, para extenderse después por todo el Mediterráneo y llegar a Roma, donde tuvo gran importancia como gran Iniciación espiritual.

Es difícil sin embargo reconstruir toda esta larga y rica trayectoria, ya que se conservan textos y restos arqueológicos variados, pero muy fragmentados, en parte por el carácter mistérico de su culto.

Con la reforma de Zoroastro se considera a Ahura-Mazda como único verdadero Dios, siendo el resto de divinidades organizadas en una jerarquía de menos categoría. Se establecen diversos atributos del Dios absoluto que coinciden con los Dioses múltiples, como si aquél los incorporara y a Mitra le corresponde ser la Conciencia que establece un nexo entre la Verdad y el verdadero Conocimiento de lo manifestado.

Con posterioridad los Aqueménidas (S. VIII – IV a.C.) revitalizan el culto mitraico y lo extienden al ampliar sus fronteras. El Mitraísmo llega por el Este hasta China y por el Oeste hasta el Egeo, siendo Mitra el que concede infinitos bienes, poder y riquezas, felicidad, salud y conocimiento y conexión espiritual con lo más Sagrado.

Finalmente, en el S. III d.C. el Mitraísmo convive con el Zoroastrismo, diversos cultos semitas y el Paganismo grecorromano.

En Roma alcanza una gran popularidad, sobre todo entre los militares. Según algunas fuentes se extendió mucho sobre todo a partir del S. I a.C., por los contactos bélicos de Pompeyo con los piratas de Cilicia, que se encomendaban a la protección de Mitra.

Todo parece indicar que se trata de una religión iniciática sólo para hombres y en especial para soldados, aunque nos consta que a estos grupos podían pertenecer también desde esclavos y libertos a comerciantes, senadores y emperadores.

El Mitraismo llegó a ser una verdadera fraternidad, donde estaban abolidas las diferencias sociales y económicas, siendo los miembros más adinerados los que mantenían los gastos del grupo y se exigía a todos sus miembros llevar una vida digna y dentro de los preceptos de la moralidad, aunque parece que entre los soldados también pudo servir para, a través de las jerarquías iniciáticas, reforzar la estructura militar.

No tenemos detalles concretos de los rituales, pudiendo deducir algo sobre todo de las imágenes que decoran las paredes y suelos de los Mitreos, subterráneos donde se realizaban las reuniones de Hermandad.

La imagen central siempre es la Taurobolía, momento en el que Mitra, que ha estado persiguiendo a un toro, lo alcanza y lo sacrifica. La expresión del rostro del Dios es lejana y un tanto triste, no estableciendo contacto visual ni con el espectador ni con a víctima y va tocado con el gorro frigio y la vestimenta oriental que lo caracteriza.

Está rodeado del Sol (izquierda) y la Luna (derecha), dos personajes (Cautes y Cautopates), también con gorro frigio con antorchas, una hacia arriba (vida, cielo, luz, amanecer) y otra hacia abajo (muerte, inframundo, oscuridad, ocaso) y una serie de animales, un cuervo que contempla la escena, un escorpión que pinza los testículos del toro y una serpiente y un perro que beben su sangre. El rabo del toro termina en una espiga y se dice que de su sangre brotaron todas las plantas, árboles y flores de la naturaleza y los animales, convirtiéndose en una representación de la Materia animada por el Dios para producir todo lo natural.

Después Mitra y el Sol se dan la mano, muestra de profunda lealtad en la Antigüedad, ya que es un modo de mostrar al otro que no se llevan armas y ascienden juntos al Cielo en el carro solar.

La elección de subterráneos para celebrar el culto se debe a la analogía con la cueva sagrada donde se considera que nació Mitra, hijo de la Virgen Anahita, según unos mitos, según otros, directamente de la piedra, donde, guiados por una estrella, acuden pastores a adorarle.

Su nacimiento se conmemoraba cada año el 25 de diciembre, día del Sol Invictus, ya que Mitra al cumplir su misión y hermanarse con el Sol ascendiendo con él, se hace uno con la Luz.

Porfirio nos explica que dicho enclave es un símbolo del descenso del Alma para encarnar en la materia y las iniciaciones simbolizan el aprendizaje espiritual que conduce a la liberación de la misma.

El momento clave el culto era el Banquete, siendo las viandas un símbolo del cuerpo y la sangre del toro y el Banquete en sí, la convocatoria a todos los iniciados a resucitar y participar de la vida eterna.

Sabemos que los fieles pasaban por una serie de iniciaciones, 7 en total, por este orden y parece que con una correspondencia astronómica:


El Cuervo (Corax-Mercurio)
La Novia (Nymphus-Venus)
El Soldado (Miles-Marte)
El León (Leo-Júpiter)
El Persa (Perses-La Luna)
El Corredor Solar (Heliodromo-El Sol)
El Padre (Pater-Saturno)


Los tres primeros grados eran ayudantes y los cuatro últimos oficiantes y se identifican con variados símbolos, usando en las ceremonias, según el grado, el agua, la miel y el vino, además de las oraciones y rituales adecuados.

Existieron muchísimos puntos de adoración a Mitra a lo largo de todo el Imperio, siendo un culto organizado con conexión entre los distintos grupos, ya que hay algunos “Padres de Padres” jerarquía superior, que guían a los Padres de cada grupo.

El camino del iniciado es progresivo y pasa de la toma de conciencia del ego y sus caminos de purificación a la entrega total del fiel a la divinidad, con la caída de “velos” que nublan la visión de la verdadera esencia.

En este punto de “banquete-comunión”, devoto y divinidad, Amante y Amado se hacen uno y comparten en el grupo religioso, que es símbolo del Cosmos.

En este sentido el Mitraísmo está relacionado con las prácticas religiosas del Sufismo (de origen oriental y pre-Islámico) y del Cristianismo.

Existe actualmente una polémica abierta entre los investigadores respecto a quien se inspira en quien, si el Mitraísmo romano en el Cristianismo o al revés. Al tratarse de dos corrientes espirituales que coinciden en el tiempo y el espacio es difícil de determinar y en este momento hay muchas incógnitas por resolver.

Su popularidad con el tiempo creció en todo el Mediterráneo, llegando al máximo en Roma y sus provincias, ya que fue un culto que viajó con las Legiones.

El culto de Mitra, con su fuerte dualismo entre el Bien y el Mal, representa la posibilidad de dar sentido a la existencia, de luchar por la verdad, el bien y la luz y hacerse merecedor de un lugar en el paraíso tras la muerte. Para personas como los soldados, continuamente expuestos al peligro de morir, debió ser altamente reconfortante y motivador.

Respecto a la participación femenina, sabemos que las mujeres no se iniciaban en estos misterios, acudiendo, durante la época romana sobre todo, a las iniciaciones de Cibeles y de Isis, también orientalizantes y también muy populares.

Sin duda la exclusión de las mujeres hizo que por un lado tuviera menos adeptos. Y por otro lado, al convivir con otros cultos, como era habitual en el Paganismo, no existió la necesidad por parte del Mitraísmo de erigirse en culto único.

Pero según varios estudiosos, vista su evolución, de no haber triunfado el Cristianismo, se habría convertido quizá en el culto imperante y generalizado para todos los pueblos romanizados.

“Si el cristianismo hubiera sido detenido en su crecimiento por alguna enfermedad mortal, el mundo hubiera sido mitraísta”
(Ernest Renan)



















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