Nelson Rolihlahla Mandela fue un abogado, activista contra el apartheid, político y filántropo sudafricano que presidió el gobierno de su país de 1994 a 1999. Fue el primer mandatario negro que encabezó el poder ejecutivo, y el primero en resultar elegido por sufragio universal en su país.

‘El santo pecador’
Hay personajes que en el imaginario colectivo tienen una imagen muy positiva. El solo atreverse a mostrar un traspié hace que te saltan a la yugular.
Recordar esas máculas no tienen porque llevar la intención de derrumbar una vida plagada de virtudes, al fin y al cabo, si los logros son plausibles, ese recuerdo no pasaría de una nota de color.
Nelson Mandela es uno de esos personajes vitales de la historia, cuyas reseñas de vida omiten sus desatinos. Su figura generó contradicciones en los más variados ámbitos internacionales.
EE.UU. lo consideró una amenaza comunista para la seguridad nacional durante casi 30 años, para luego recibirlo como un héroe en la Casa Blanca. Amnesty nunca lo consideró un preso de conciencia, pero luego de su liberación instituyó el día de Nelson Mandela.
La corona británica lo llamó ‘líder de una agrupación terrorista’, pero años más tarde fue recibido con honores por la reina. Desmond Tutu, el líder pacifista sudafricano y principal aliado de Mandela en la lucha contra el Apartheid, presidiendo una comisión investigadora, lo consideró responsable de la tortura y matanza de aliados al gobierno segregacionista.
Hagamos un racconto a vuelo rasante de los hechos más importantes de su vida. Nelson Rolihlahla Mandela nació en 1918, en Mvezo, Provincia del Cabo Oriental. Una frustrada carrera en las artes por actos de indisciplina fue reemplaza por una brillante en abogacía.
El ascenso al poder en 1948 de una alianza de los partidos Nacional Sudafricano y Afrikáner, implicó un aumento en la segregación racial. La supresión del derecho a la educación y a la propiedad privada de los negros empujaron a Mandela a organizar marchas de protesta.
Mandela era parte del Congreso Nacional Africano cuando fue declarado ilegal. Su respuesta fue crear el grupo subversivo ‘La lanza de la nación’.
Enarbolando el lema ‘Someterse o resistir’ encabezó marchas, boicots, sabotajes y atentados. Impulsó la unión del CNA con el Partido Comunista Sudafricano, juntos iniciaron la lucha subversiva contra el gobierno opresor.
Se trasladó a Argelia donde se entrenó en tácticas de la guerra de guerrillas. Luego de comprobarse que secuestraba y torturaba a jefes tribales colaboracionistas y facilitó el traficó casi 30 mil minas antipersonales para el CNA, la CIA facilitó su ubicación y fue arrestado.
Con el apoyo de EE.UU., Francia e Inglaterra, Sudáfrica lo acusó de terrorismo, fue condenado a cadena perpetua. Con el número de detenido 466/64, fue alojado en la isla de Robben donde permaneciendo detenido por 27 años. Desde la cárcel pregonaba ‘Nuestra opción preferida es la lucha pacífica, pero el Apartheid nos ha empujado a empuñar las armas’.
La masacre de Soweto en 1976 y el asesinato de Steve Biko en 1977 cambiaron todo. Por consejo de su abogado, dejó de instigar la violencia que solo provocaba más muertes entre sus seguidores. Estudió derecho internacional y solo mantuvo contactos con dirigentes pacifistas, así se convirtió en un hombre mucho más peligroso.
Un hecho totalmente ajeno a la política interior precipitó el final de años de violencia gubernamental. Desde hacía 20 años, Sudáfrica mantenía un conflicto en su colonia llamada África del Sudoeste, que apoyada por Angola pugnaba por su autodeterminación.
A finales de los años ’80, Cuba envió tropas de élite que aplastaron a las sudafricanas logrando la independencia de la actual Namibia. Esta derrota sumada a la condena internacional dejó sin aire al gobierno segregacionista de Frederik Willem de Klerk que tiró la toalla y liberó a Mandela en 1990.
Lo primero que hizo fue viajar a agradecer a los líderes que nunca lo abandonaron, Fidel Castro y Muamar Gadafi. Cuatro años más tarde, Mandela al frente del CNA ganó las elecciones.
Más de 300.000 sudafricanos blancos abandonaron el país esperando una ola de venganza que nunca ocurrió. Mandela lideró un proceso de democratización y cicatrización de heridas aplaudido por el mundo, pero condenado por sus propios seguidores que esperaban castigos a los responsables de décadas de crímenes de lesa humanidad.
Mandela terminó su mandato en 1999 dedicándose a la diplomacia hasta su muerte 14 años después.

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