Al sureste del estado de Luisiana y sobre el delta del río Misisipi se encuentra una de las ciudades más multiculturales de los Estados Unidos: Nueva Orleans, NOLA para los lugareños. Con una marcada influencia africana, latinoamericana, española y francesa estos dos países dominaron su territorio en el pasado, es famosa por sus festivales de música jazz, sus callecitas históricas y su cocina tradicional. Sin duda, Nueva Orleans es una de las ciudades mas interesantes de Estados Unidos y además es famosa por ser una de las mas recomendadas para disfrutar del ocio y la noche , especialmente en el barrio Francés.

El famoso Barrio Francés de Nueva Orleans, el más antiguo de la ciudad, fue construido durante la administración española de la Luisiana. En 1763, por el Tratado de París, Francia cedió el territorio de Luisiana al Imperio español y este se convirtió en una provincia de la capitanía general de Cuba.
Nueva Orleans contaba en ese momento con apenas dos mil habitantes. En tiempos de Alejandro O’Reilly, segundo gobernador español de la Luisiana, diez años más tarde, la población se había duplicado, fundamentalmente con migración procedente del Caribe español.
En enero de 1777 fue nombrado gobernador Bernardo de Gálvez y la administración española mejoro bastante la ciudad en sí, no expulsó a la población española de origen francés, sino que la trató con mucha deferencia.
El Cabildo impuso por ley la construcción en ladrillo en lugar de madera, después de dos incendios devastadores acaecidos en 1788 y 1794, y así floreció una ciudad nueva, espectacularmente hermosa que puede visitarse hoy en día.
En esa época se levantaron la Plaza de Armas, la catedral, el Cabildo,el presbiterio y hermosas viviendas con airosas balconadas. En fin, los españoles y su secular manía constructiva en América: un clásico. Es lo que hoy visitan los turistas en Nueva Orleans y que se llama Barrio Francés.
En palabras de Roca Barea: “Con el tratado de 1763 los ingleses expulsan de América a los franceses, que pierden toda esperanza de tener un imperio allí. Fue una derrota humillante que dejó a Francia totalmente arruinada, pero no fracasada ni decadente, porque esas son dos palabras que los intelectuales e historiadores franceses no ha empleado nunca para referirse a su país.
Pertenecen por derecho propio a la historia de España y solo de España. Como esto no se enseña en los libros de historia francesa, los jóvenes franceses no tienen ideas de fracaso vinculadas a su nación.

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