Según esta leyenda, la trascendencia de la tabla está en que dará a su propietario el conocimiento absoluto (ya que el pronunciar el nombre de Dios significa abarcar a toda su creación), pero el día que sea encontrada el fin del mundo estará próximo.




LA MESA DEL REY SALOMÓN Y EL TESORO DE TOLEDO


Salomón, tercer soberano del bíblico pueblo de Israel, construyó en el siglo X a. C. el fastuoso Templo de Jerusalén para albergar los objetos sagrados más preciados por los judíos. Los principales tesoros que custodiaba eran el arca de la alianza, con las tablas de la ley entregadas por Yahvé a Moisés en el monte Sinaí, el candelabro de los siete brazos o menorah y una mesa que según la Biblia estaba hecha de madera cubierta de oro puro.

El rey Salomón escribió en la mesa todo el conocimiento del universo, la fórmula de la creación y el auténtico nombre de Dios.
En el milenio que separa la muerte del rey Salomón, acontecida en 922 a. C., del nacimiento del Mesías, el Templo fue destruido por el rey babilonio Nabucodonosor II en el 586 a. C. Es posible que algunos objetos sagrados, como la Mesa de Salomón, sobrevivieran a la destrucción y fueran escondidos hasta la reconstrucción autorizada por los persas en el siglo VI a. C., cosa que permitió que los tesoros escondidos volvieran a Jerusalén.

Jesús profetizó en los evangelios una nueva destrucción del templo. Su vaticinio se cumplió cuando las legiones romanas de Tito, hijo del emperador Vespasiano, saquearon Jerusalén en el año 70. El historiador judío Flavio Josefo, testigo presencial de los hechos, relató cómo los romanos se apoderaron de la mesa: «Entre la gran cantidad de despojos, los más notables eran los que habían sido hallados en el Templo de Jerusalén, la mesa de oro que pesaba varios talentos y el candelabro de oro».

Tito regresó a Roma con el tesoro de Salomón y lo depositó primero en el templo de Júpiter Capitolino y después en el Palacio de los Césares.



Años más tarde, el rey visigodo Alarico saqueó Roma en 410 y se apoderó del tesoro del Templo de Jerusalén, incluyendo la mesa del rey Salomón. Los visigodos se establecieron con el tesoro en la localidad francesa de Toulouse (la Tolosa de las fuentes hispanas) hasta 507, cuando el rey Alarico II fue vencido y muerto por los francos en la batalla de Vouillé. La derrota obligó al éxodo visigodo hacia posiciones más seguras en sus dominios de la península ibérica. Pero los visigodos todavía conservaban dos plazas fuertes en territorio franco, las fortalezas de Rhedae, posiblemente la actual Rennes-le-Château, y Carcasona.

El rey ostrogodo Teodorico I el Grande, suegro de Alarico II, regentó la corona visigoda durante la minoría de edad de Amalarico y defendió la fortaleza de Carcasona del ataque franco. Tal y como informa el historiador bizantino del siglo VI Procopio de Cesarea:

Dominaron y asediaron Carcasona con gran entusiasmo, porque sabían que estaba allí el tesoro real que había tomado Alarico (el Viejo) en los primeros tiempos como botín cuando asaltó Roma. En este tesoro estaba el de Salomón, el rey hebreo, que tenía el más extraordinario aspecto: la mayor parte estaba adornado con esmeraldas y había sido tomado en Jerusalén por los romanos en tiempos antiguos.

Teodorico I se llevó «el tesoro de los godos» a la ciudad italiana de Rávena por motivos de seguridad hasta que, en 526, el nuevo rey visigodo Amalarico lo reclamó para trasladarlo primero a Barcelona, donde el monarca de los visigodos fue asesinado, para recalar finalmente en Toledo.

La rápida ocupación musulmana de la península ibérica a partir de 711 dejó numerosos testimonios escritos de la presencia de la mesa del rey Salomón en España. El historiador egipcio Ibn Abd al-Hakam escribió en el siglo IX:

Cuando España fue conquistada por Muza, este tomó la mesa de Salomón, hijo de David y la corona. Dijeron a Tariq que la mesa estaba en un castillo llamado Faras, a dos jornadas de Toledo, y que su gobernador era un hijo de la hermana de Rodrigo.

Tariq Ibn Ziyad, lugarteniente bereber de Muza, se dirigió apresuradamente hacia la fortaleza de Farás o Firas (debe interpretarse que el cronista se refería a Madinat al-Faray, nombre con el que se conocía la ciudad y alrededores de Guadalajara) para asediarla y accedió a la rendición del bastión a cambio de la mesa de Salomón. Abd al-Hakam prosiguió su relato con una gráfica descripción de la preciada mesa: «Tenía tanto oro y aljófar como no se había visto cosa igual. Tariq le arrancó un pie con el oro y perlas que tenía y le mandó poner otro semejante».

El gobernador del norte de África,Musa ibn Nusair, celoso de los éxitos conseguidos por su lugarteniente decidió trasladarse a la península con un numeroso ejército. Otro cronista del siglo IX, Ibn Qutaybah, describió con estas palabras lo que Musa encontró al llegar a Toledo:

Existía un palacio llamado mansión de los monarcas, en la que encontró Musa una mesa en la que estaba el nombre de Salomón. Inmediatamente puso estos objetos bajo la custodia de sus hombres de confianza, ocultándolos a los ojos de los suyos, pues tal era el valor de éstos y otros preciosos objetos encontrados al tiempo de la invasión de España por los musulmanes, que no hubo un solo hombre en el ejército que pudiera (ni aun aproximadamente) apreciar su valor.
Musa y Tariq discutieron por la posesión de la valiosa reliquia.



En 714 el califa Al-Walid resolvió convocarles a su corte de Damasco y ordenó que la mesa del rey Salomón le fuera enviada de inmediato, pero misteriosamente el tesoro se extravió por el camino entre Toledo y el puerto donde había de embarcar. Después de su desaparición, la leyenda se ha encargado de fabular sobre los posibles lugares que custodiaron el popular «tesoro de los godos» que incluía la deseada mesa del rey Salomón. Conozcamos pues, según la leyenda, qué localidades pudieron albergarla en su seno.

La versión más extendida por las fuentes árabes es que la localización de la mesa de Salomón se encuentra en la conocida como la cueva de Hércules, ubicada en los terrenos subterráneos de la desaparecida iglesia de San Ginés, en Toledo. La llamada Crónica del moro Rasis, en el siglo X, empezó a difundir la leyenda de que la cueva fue construida por Hércules, el héroe de la mitología romana, que ocultó en su interior todos los males que amenazaban a España.

La curiosidad del último rey visigodo, Rodrigo, le llevó a abrir la puerta que sus antecesores habían protegido añadiendo cada rey un cerrojo para asegurarse de que el secreto seguía a salvo. Lo que Rodrigo vio no le debió gustar, encontró un lienzo donde se veían guerreros con espadas curvadas, supuestamente musulmanas, derrotando a sus tropas; en la sala contigua se hallaba la mesa del rey Salomón.

Mucho más recientemente, en los últimos años, buscadores de tesoros e investigadores han explorado sin éxito las grutas subterráneas de Toledo convencidos de que el tesoro de los godos jamás abandonó su capital, pero también hay otras pruebas que indican que quizás la mesa del rey Salomón tuvo un destino final que no fue Toledo.

La actual población francesa de Rennes-le-Château, la probable Rhedae visigoda, siempre ha estado vinculada a leyendas asociadas al catarismo y los templarios. Existe una hipótesis apoyada por una amplia literatura que defiende que el tesoro de los godos fue trasladado de Tolosa a Rhedae. La leyenda cobró fuerza cuándo el párroco del pueblo, Berenguer Saunière, amasó una enorme riqueza entre los años 1891 y 1917.

Saunière descubrió unos documentos en un balaustre ahuecado de la iglesia de Rennes que según la leyenda le indicaron dónde estaba el tesoro de los godos, desde entonces llevó una vida lujosa en una cómoda mansión con amistades influyentes y una amante llamada Marie de Denarnaud que se convirtió en su confidente. En 1901, el obispo de Carcasona Félix Arsène Billard inició una investigación para descubrir de dónde procedían los inagotables ingresos del párroco, pero el proceso concluyó oficialmente que se trataba de un tráfico de misas (misas pagadas por la familia de un difunto y jamás celebradas).

Años más tarde, la fiel amante Marie de Denarnaud afirmaría en su vejez que «la gente de este pueblo camina sobre oro sin saberlo», pero murió sin desvelar su secreto.
Otra hipótesis, contraria a todo lo visto hasta ahora, defiende que los musulmanes nunca se apoderaron de la mesa del rey Salomón debido a que los visigodos la ocultaron en una de las muchas cuevas que existen entre los montes que rodeaban la ciudad romana de Complutum, la actual Alcalá de Henares en la comunidad de Madrid.

Una variante sería la teoría basada en los textos de la Historia de rebus Hispaniae o Historia de los hechos de España (1243-1247), obra del arzobispo de Toledo Rodrigo Jiménez de Rada, mencionado en la leyenda de las Navas de Tolosa, que contaba cómo Tariq atravesó, cerca de Alcalá de Henares, la cadena montañosa entre los cerros de Viso y Ecce Homo, también llamada Yabal Sulayman o montaña de Salomón por los musulmanes. Allí, en una cueva, permanecía escondida por los visigodos la mesa del rey Salomón hasta que la encontró Tariq.

Por último, existen ecos legendarios de la presencia de la mesa regia en lo que hoy es la provincia de Jaén,en la Peña de Martos. Parece ser que desde el siglo XVI destacados personajes locales se habían dedicado en cuerpo y alma a buscar la codiciada mesa. Curiosamente, algunos de ellos vieron aumentadas considerablemente sus riquezas de una forma incierta. Entre ellos cabe destacar al obispo Alfonso Suárez, en el siglo XVI, o el canónigo Manuel Muñoz Garnica a mediados del siglo XIX. El hallazgo en 1926 del tesoro visigodo de Torredonjimeno, cerca de la Peña de Martos, contribuyó a afianzar tal creencia.

Como ya sabemos, la mayoría de los relatos legendarios tienen una base histórica, y la mesa del rey Salomón no es una excepción, pero su actual paradero desconocido la ha convertido en un objeto especialmente escurridizo. Hay diversos lugares que se disputan su supuesta ubicación sin pruebas irrefutables, por lo que estamos sin lugar a dudas ante una leyenda que todavía hará correr muchos ríos de tinta.



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