Un monje franciscano investiga una serie de atroces asesinatos y trata de juntar las piezas del rompecabezas para descubrir al asesino.



LA RECOMENDACIÓN: “EL NOMBRE DE LA ROSA DE UMBERTO ECO


Una de las novelas más grandes de la narrativa contemporánea y que sin temor a equivocarme tiene un lugar privilegiado en los anales de la literatura universal es “El nombre de la rosa” de Umberto Eco. Poderosa, erudita, grandilocuente y hábilmente encriptada en un inigualable aparato narrativo, esta novela publicada en 1980 y traducida a más de 50 idiomas, es “La Recomendación” de la semana.


SINOPSIS.


“Es la Edad Media, en la vecindad del invierno de 1327, bajo el papado de Juan XXII. El franciscano Guillermo de Braskerville y su discípulo, el novicio benedictino Adso de Melk, llegan a una abadía benedictina ubicada en la Italia septentrional y famosa por su impresionante biblioteca, la cual tiene unas estrictas normas de acceso. Guillermo debe organizar una reunión entre los delegados del papa y los líderes de la orden franciscana, en la que se discutirá sobre la supuesta herejía de la doctrina de la pobreza apostólica, promovida por una rama de la orden franciscana: los espirituales. La celebración y el éxito de dicha reunión se ven amenazados por una serie de muertes que los supersticiosos monjes, a instancias del ciego ex bibliotecario Jorge de Burgos, consideran que siguen la pauta de un pasaje del Apocalipsis”.

“Guillermo y Adso, evadiendo en muchos momentos las normas de la abadía, intentan resolver el misterio descubriendo que, en realidad, las muertes giran alrededor de la existencia de un libro envenenado, un libro que se creía perdido: el segundo libro de la Poética de Aristóteles, “El tratado de la risa”. La llegada del enviado papal e inquisidor Bernardo Gui inicia un proceso inquisitorial de amargo recuerdo para Guillermo, que en su búsqueda ha descubierto la magnífica y laberíntica biblioteca de la abadía. El método científico de Guillermo se ve enfrentado al fanatismo religioso representado por Jorge de Burgos”.


VALORACIÓN CRÍTICA POR VLADIMIR ROSALES.


Un día, a finales de 1981, me encontraba en una terminal de trenes y en un estanquillo vi un libro que en mi avidez de lector no pude pasar por alto, “El Nombre de la Rosa”, yo era casi un niño, había cumplido 18 años… “he aquí una preciosa novela de amor” —me dije— y pagué el exorbitante precio para un adolescente pobre y de origen campesino, de cinco pesos cubanos con veinte centavos. Su lectura me enganchó de inmediato, pero no era una novela de amor como yo me la imaginé y tampoco le encontré la relación directa con el título. Después la he releído un montón de veces.

El título siempre es un enigma para el lector, sin embargo bien al final se encuentra uno, con este maravilloso verso de un monje benedictino del siglo XII, “stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemos”, —De la rosa solo queda el nombre desnudo— y cuando escuchamos El Nombre de la Rosa, inmediatamente acude a nuestro cerebro la atmósfera de misterio y tirantez de una abadía del norte de Italia, donde se desarrollan las más agudas contradicciones entre sus monjes por escalar peldaño a peldaño la empinada escalera del conocimiento, tanto que para lograrlo penetran en las sombrías y espantables bóvedas del crimen.

La novela aunque en el principio tuvo fines modestos, resultó ser un grito de triunfo, un “eco” que ni los más indiferentes pudieron obviar y como un relámpago recorre el cielo en un segundo, iluminándolo todo, ella fue luz en todas las partes del planeta, las traducciones se multiplicaron, los premios dijeron aquí estoy y Umberto Eco, pasó a ser el escritor por excelencia.

Tal como no se puede estar en un lugar del bosque que no tengamos oxígeno, no se puede hablar de alguna oración de la novela que no forme parte de ese amasijo de sentimientos, misterio y curiosidad que golpea al lector, atándolo a sus páginas. Está dividida en cada uno de los siete días de la vida de estos monjes y en cada una de las ocho horas del servicio religioso, desde Maitines, —la primera hora del amanecer—, hasta Completas, cuando han finalizado un arduo día de trabajo y hacen el examen de conciencia para dormir tranquilos, sin saber que en algún calabozo muy cerca de ellos existe ya un hermano muerto y otro que ya no podrá dormir tranquilo nunca más.

Existen algunos datos que a primera vista escapan al lector, por ejemplo la fina ironía en contrastar la opulencia de la iglesia católica, —donde se desarrollan estas abominables aberraciones— representada por El Papa y el llamado a la humildad, la vida sencilla y austera de los discípulos de Jesucristo, puesto en boca de los Franciscanos Espirituales, por cuya conducta son acusados de herejía y sancionados brutalmente con la pira.

Hay una sentencia de Jorge de Burgos al citar las palabras de Jesús: “Yo soy el camino, la verdad y la vida, modelo de rigidez, intolerancia, inmutabilidad”, contra las sencillas palabras de Guillermo de Baskerville: “Yo busco la verdad: un término relativo, en constante cambio”. Solo puse este ejemplo de muchos, porque me da pie para decir que ambos personajes son construidos a partir de uno de la vida real. Jorge de Burgos, un anciano ciego, bibliotecario y amante de la literatura… ¿En quién piensan rápidamente?

Solo es cuestión de cambiar algunas letras de Burgos y tenemos un Borges, amigo de Umberto, y por quien había leído La Biblioteca de Babel en quien se inspiran los laberintos de la biblioteca de la abadía. Guillermo es un referente del filósofo Guillermo de Ockham, fraile franciscano también. No quiero pasar por alto el homenaje que se le hace al Gran escritor Arthur Conan Doyle al hacer coincidir el físico y método de Guillermo con el de Sherlock Holmes y al Dr. Watson con el novicio Adso.

Existen otras muchas lecturas escondidas entre las páginas de lo que para mí está entre las diez mejores novelas que he leído, pero el espacio es limitado y el tiempo pasa tan veloz, que para mañana probablemente de nosotros como de la rosa solo quede un nombre… si lo sabemos crear.


ÉXITO EN TODOS LOS NIVELES.


La gran repercusión de la novela provocó que se editaran miles de páginas de crítica, no solo de periodistas o editorialistas, sino de autoridades narrativas de talla universal.
En 1985 el autor publicó “Apostillas a El nombre de la rosa”, una especie de tratado de poética en el que comentaba cómo y por qué escribió la novela, aportando pistas que ilustran al lector sobre la génesis de la obra, aunque sin desvelar los misterios que se plantean en ella. “El nombre de la rosa” ganó el “Premio Strega” en 1981 y el “Premio Médicis Extranjero” de 1982, entrando en la lista “Editors Choice” de 1983 del New York Times.


VERSIÓN PARA EL CINE.


El gran éxito de crítica y la popularidad adquirida por la novela llevó a la realización de una versión cinematográfica homónima, dirigida por el francés Jean-Jacques Annaud en 1986, con Sean Conery como el franciscano Guillermo de Baskerville y un joven Christian Slater encarnando a su discípulo, Adso.
Una obra compleja, con diferentes voces narrativas, llena de laberintos y acertijos volando de boca en boca, que sin embargo, tiene la magia necesaria para atrapar a todo tipo de lectores, desde aquellos eruditos y especializados, hasta los otros, los lectores comunes como nosotros, que leemos por el placer que nos brinda la buena literatura. Ampliamente recomendada.



El Candelabro. Iluminando Mentes



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