El 2 de Octubre de 1808, en el marco del célebre Congreso de Erfurt, se produjo el encuentro entre Napoleón Bonaparte y Goethe que fue más tarde motivo de infinitas reflexiones y comentarios por parte de personalidades tales como Emerson, Paul Valery, Talleyrand  y Rafael Cansinos Assens,  el recordado maestro de Borges.



NAPOLEÓN Y GOETHE.


Uno de los encuentros más famosos que registra la historia, ocurrió en Erfurt, entre Napoleón y Goethe, quien era un seguidor confeso de Bonaparte.

Tal es así, que, en una carta dirigida a Karl Ludwig Knebel, el 3 de enero de 1807, se refirió a Napoleón como: “el fenómeno más extraordinario que hubiera podido producir la historia” desde César y Alejandro.
En los primeros días de octubre de 1808, se encontró con el Emperador quien al verlo afirmó:

“¡Voilà un homme!” (¡He aquí un hombre!)
Una de los comentarios de Napoleón giró sobre la obra del escritor: “Werther”
“Me encanta “Werther”. ¡Cuántas veces ha pasado el libro horas y horas conmigo! Pero voy a deciros con sinceridad: no me gusta el final.”

Ahí se pondrá en juego el ingenio de Goethe, para responderle con humildad e inteligencia:
“A Vuestra Majestad es posible que le gustase más una novela que no tuviera fin…”
Napoleón, no registró la ironía del escritor, o la dejó pasar, y le dijo a Goethe que debería escribir una tragedia sobre la muerte de César.

El Gran Corso, arremetió nuevamente, diciendo que le desagradó, que, el joven Werther se suicide:

“No concuerda con la naturaleza. El lector se ha formado la idea de que Werther siente un amor ilimitado por Charlotte, y el suicidio debilita esta imagen.”

A este comentario, Goethe respondió con una sonrisa, le aceptó la crítica y continuaron la charla.

Goethe admiraba a Napoleón como se lo manifestó a Eckermann, años después:

“¡Era un compendio del mundo!”
“… era una personalidad superior. Pero su atractivo especial consistía en que los hombres estaban ciertos de conseguir sus propios fines bajo su mandato. He aquí el secreto de la sugestión que ejercía: sabía infiltrar esta seguridad en todos… La naturaleza humana está hecha así.

Nadie sirve a otro de buen grado; pero si sabe que con ello se sirve a sí mismo, lo hace con entusiasmo. Napoleón conocía perfectamente a los hombres y sabía sacar el mejor partido de sus debilidades.

El mismo Johann Wolfgang von Goethe le dirá a Eckerman sobre Napoleón:

“Estuvo extraordinariamente amable conmigo”.

Seguramente, fue así, y hasta podríamos decir: que deslumbró más a Goethe, que al mismo Zar de Rusia.

Bonaparte, estaba en su salsa también, siempre amó la literatura, la historia y las ciencias:

¡Qué lástima que no sea historiador! Pero, como novelista, podría, al menos, relatar este Congreso… “Debería permanecer usted aquí, señor Goethe, durante el tiempo que estemos nosotros y escribir la impresión que haga en usted el gran espectáculo que le proporcionamos. ¿Qué dice usted de esto, señor Goethe?”

“¡Ah, Sire, se necesitaría la pluma de un gran escritor de la Antigüedad!”
Napoleón invitará a Goethe a ir a París, diciéndole que allí encontrará abundante material para sus inspiraciones poéticas. A su vez, le comenta que acudirá a Weimar, pues ha sido invitado por el Duque, a quien Goethe respeta y aprecia porque protege las ciencias y las letras.

Napoleón, cumplió su palabra y en el salón de baile de Weimar, se encuentra con Goethe y con el dramaturgo Wieland, a quien le explica que, en Francia, se lo reconoce como el Voltaire de Alemania.

Eso no le impide criticarle a Wieland, que mezcle la novela con la historia:
“¿por qué escribe usted en ese género equívoco que traslada la ficción a la historia y la historia a la ficción? …Todo lo que sea mezcla induce a confusión…

—Las ideas de los hombres valen muchas veces más que sus acciones —responde Wieland— y las buenas novelas son mejores que el género humano.

—¿Sabe lo que les ocurre a quienes muestran el valor únicamente en la ficción? Incitan a creer que las virtudes nunca son otra cosa que quimeras. La historia ha sido a menudo calumniada por los propios
historiadores… ¿Conoce acaso a un detractor de la humanidad mayor y más injusto que Tácito? …”

Como se ve, el emperador no se calla lo que piensa, y además no le simpatiza Tácito…
Napoleón ha disfrutado, sobremanera, de todas las charlas que mantuvo con los dos literatos y Alejandro I el baile de Weimar, según las cartas de Napoleón a Josefina:

“A la Emperatriz, en Saint-Cloud. 9 de octubre de 1808. …Vengo de cazar del campo de batalla de Jena. Hemos almorzado en el sitio mismo donde pasé la noche al raso. He asistido al baile de Weimar. El Emperador Alejandro Baila; pero yo no; 40 años son 40 años… Napoleón”

Antes de salir de Erfurt, el Emperador de Francia, le entregó la cruz de la Legión de Honor, a Goethe y a Wieland.


El Candelabro. Iluminando Mentes


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