En un país milenario, desgarrado entre modernidad impuesta y fe ancestral, Ruhollah Jomeini emergió como un símbolo imprevisto. Su voz, prohibida pero incansable, cruzó fronteras en casetes clandestinos y encendió la llama de una revolución islámica sin precedentes. Mientras el mundo miraba perplejo, Irán dejó atrás al sha para abrazar una nueva era: la del islam político y la teocracia chiita. Todo comenzó con un exilio… y un retorno.


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Ruhollah Jomeini: Arquitecto de la Revolución Islámica y Fundador del Estado Teocrático Iraní


El ayatolá Ruhollah Jomeini fue una figura clave en la transformación política de Irán durante el siglo XX. Nacido en 1902 en Khomein, una pequeña ciudad iraní, Jomeini se formó en las ciencias religiosas chiitas desde una edad temprana. Su pensamiento estuvo marcado por el estudio del islam político, el misticismo chiita y la jurisprudencia islámica, elementos que más tarde serían fundamentales en su visión del poder político como una extensión de la ley divina.

Desde su juventud, Jomeini manifestó una postura crítica frente al poder secular y occidentalizante del sha Mohammad Reza Pahlaví. A lo largo de la década de 1960, sus sermones y escritos condenaron abiertamente las reformas del sha, particularmente el programa conocido como “Revolución Blanca”, que incluía medidas de corte modernizador como la redistribución de tierras y la ampliación de derechos para las mujeres. Para Jomeini, estos cambios eran una amenaza directa contra el islam tradicional, el clero chiita y la soberanía nacional iraní.

Su oposición frontal le valió la persecución por parte del régimen. Fue arrestado en 1963, y en 1964 fue forzado al exilio, primero en Turquía, luego en Irak, y finalmente en Francia. Durante estos años, desarrolló su teoría del velayat-e faqih o “gobierno del jurista islámico”, que sostenía que en ausencia del imán oculto, la autoridad política debía recaer en los expertos religiosos. Esta doctrina representaba una ruptura radical con la tradición chiita, que había permanecido históricamente distante del poder político.

Desde el exilio, Jomeini mantuvo un contacto constante con los opositores al régimen del sha dentro de Irán. Sus discursos grabados en casetes circularon clandestinamente por todo el país, convirtiéndose en un símbolo de resistencia. Su carisma, su autoridad religiosa y su crítica al imperialismo estadounidense y al sionismo captaron la atención de sectores diversos, desde religiosos conservadores hasta estudiantes y trabajadores radicalizados.

La Revolución Iraní de 1979 fue el resultado de una confluencia de factores: crisis económica, represión política, corrupción estatal y creciente secularización. Cuando el sha abandonó Irán en enero de 1979, Jomeini regresó triunfante en febrero, recibiendo una bienvenida masiva en Teherán. En pocas semanas, se disolvió el aparato monárquico y se convocó un referéndum para establecer una República Islámica, aprobada por mayoría.

El nuevo sistema político, basado en la Constitución de 1979, institucionalizó el velayat-e faqih, convirtiendo a Jomeini en el “Guía Supremo”. Este título le otorgaba control sobre las fuerzas armadas, la judicatura, los medios de comunicación y otros órganos del Estado. Se instauró un sistema mixto entre instituciones electas y no electas, en el que el poder religioso prevalecía sobre el político. La figura del ayatolá pasó a encarnar simultáneamente el rol de jefe espiritual, autoridad legal y líder político supremo.

Durante los años iniciales de la República Islámica, el régimen consolidó su control mediante la eliminación de facciones rivales. Se disolvieron partidos seculares y marxistas, se ejecutaron miles de disidentes y se reprimió violentamente la disidencia kurda, baluchi y azerí. La represión fue justificada como un medio necesario para proteger la pureza del islam y la independencia del país frente a enemigos internos y externos.

En 1980, estalló la guerra Irán-Irak, iniciada por Saddam Hussein con la esperanza de frenar la influencia revolucionaria de Irán en la región. El conflicto, que duró ocho años, se convirtió en un elemento central de la política de Jomeini. El régimen movilizó a millones de jóvenes iraníes bajo una retórica de martirio, nacionalismo religioso y resistencia sagrada. Pese al altísimo costo humano, la guerra sirvió para consolidar la identidad revolucionaria y fortalecer el aparato estatal.

La política exterior de Jomeini se basó en una postura abiertamente antioccidental, en particular contra los Estados Unidos, a quienes denominó “el Gran Satán”. En 1979, la crisis de los rehenes en la embajada estadounidense en Teherán marcó un punto de no retorno en las relaciones entre ambos países. El régimen utilizó esta crisis para galvanizar el apoyo interno, mientras enviaba un mensaje de desafío al orden internacional.

Jomeini también buscó exportar la revolución islámica a otros países de mayoría musulmana, lo que generó tensiones con las monarquías del Golfo y potencias regionales. Aunque esta estrategia no tuvo el éxito esperado, su impacto fue profundo en movimientos chiitas de países como Líbano, donde el grupo Hezbolá emergió con el apoyo iraní.

El legado ideológico de Jomeini fue tan duradero como controvertido. Por un lado, consolidó una teocracia moderna basada en la interpretación chiita del islam. Por otro, instituyó un régimen autoritario que restringió severamente los derechos individuales, especialmente de mujeres, minorías religiosas y opositores políticos. La vigilancia estatal, la censura y la persecución de intelectuales se convirtieron en elementos cotidianos del nuevo orden.

En 1989, poco antes de su muerte, Jomeini desató una de las controversias más significativas a nivel internacional al emitir una fatwa contra el escritor Salman Rushdie, por considerar su novela “Los versos satánicos” una blasfemia. Este acto reafirmó el poder global del líder iraní, incluso fuera del ámbito territorial del islam, y avivó el debate sobre libertad de expresión, soberanía religiosa y extremismo.

Jomeini falleció en junio de 1989 y fue sucedido por el ayatolá Ali Khamenei como Guía Supremo. Sin embargo, su influencia no desapareció. La República Islámica, con todos sus conflictos y contradicciones, sigue siendo un producto directo de su pensamiento. Su retrato cuelga en cada oficina estatal y su legado se reivindica en los discursos oficiales del régimen.

A nivel internacional, Jomeini es visto como una figura polarizadora: admirado por algunos como un revolucionario antiimperialista, pero condenado por otros como un teócrata que instauró un sistema represivo. En cualquier caso, su impacto en la historia del siglo XX es innegable. Redefinió la relación entre religión y política en el mundo islámico y desafió el modelo laico de modernización dominante en la región hasta entonces.

Hoy, Irán enfrenta múltiples tensiones internas y externas, pero el modelo instaurado por Jomeini sigue vigente. La estructura teocrática, el culto a la figura del Guía Supremo y la ideología de resistencia continúan siendo pilares del sistema. Aunque la población joven iraní muestra signos de hartazgo, el aparato forjado por Jomeini resiste, adaptándose al tiempo y reconfigurando sus estrategias para preservar su legitimidad.

La historia de Ruhollah Jomeini no puede analizarse solo desde el prisma religioso. Su pensamiento y su acción fueron profundamente políticos, orientados a transformar la estructura del poder y redefinir el destino de su nación. Fue un clérigo con ambición de estadista, un místico que dominó la retórica de masas, y un revolucionario que construyó un régimen desde la fe. Su vida representa una de las expresiones más contundentes de cómo la religión puede convertirse en fuerza constituyente del Estado moderno.


Referencias:

  1. Dabashi, H. (2006). Theology of Discontent: The Ideological Foundation of the Islamic Revolution in Iran. Transaction Publishers.
  2. Keddie, N. R. (2003). Modern Iran: Roots and Results of Revolution. Yale University Press.
  3. Abrahamian, E. (2008). A History of Modern Iran. Cambridge University Press.
  4. Algar, H. (1981). Islam and Revolution: Writings and Declarations of Imam Khomeini. Mizan Press.
  5. Wright, R. (2000). The Last Great Revolution: Turmoil and Transformation in Iran. Vintage.


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