El hambre en África se recrudece cada día más. La continua escasez de lluvias, con su consecuente sequía, y los conflictos que asolan a estos países han dejado a más 1.4 millones de niños al borde de la hambruna en Somalia, Yemen, Nigeria y Sudán del Sur.



El hambre en África es un problema complejo y multifacético que afecta a millones de personas en todo el continente. La región es especialmente vulnerable a la inseguridad alimentaria debido a una combinación de factores, como la pobreza, la falta de acceso a recursos y tecnologías agrícolas, la inestabilidad política y los conflictos armados, la sequía y el cambio climático, y la desigualdad social y económica.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), África es la región con mayor prevalencia de hambre en el mundo, con casi el 20% de su población subalimentada. Esto significa que más de 250 millones de personas en el continente no tienen acceso regular a alimentos nutritivos y suficientes para satisfacer sus necesidades básicas.

El hambre y la malnutrición tienen graves consecuencias para la salud y el bienestar de las personas, especialmente para los niños y las mujeres embarazadas o lactantes. La desnutrición crónica puede afectar el desarrollo físico y mental, causar retraso en el crecimiento y aumentar el riesgo de enfermedades y muerte prematura.

Además, el hambre y la inseguridad alimentaria tienen un impacto negativo en la economía y el desarrollo de los países afectados. La falta de acceso a alimentos suficientes y nutritivos puede limitar la productividad y el rendimiento escolar, aumentar el absentismo laboral y disminuir la capacidad de las personas para invertir en sus comunidades y mejorar sus condiciones de vida.

Para abordar el problema del hambre en África, se requiere un enfoque integral que involucre a gobiernos, organizaciones internacionales, la sociedad civil y el sector privado. Esto implica invertir en tecnologías y prácticas agrícolas sostenibles, fortalecer los sistemas de seguridad alimentaria y nutrición, mejorar la infraestructura y el acceso a servicios básicos, abordar las causas subyacentes de la pobreza y la desigualdad, y promover la cooperación regional y la solidaridad internacional.



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