Jorge Francisco Isidoro Luis Borges fue un escritor, poeta, ensayista y traductor argentino, extensamente considerado una figura clave tanto para la literatura en habla hispana como para la literatura universal.



“-Mi madre me llevaba a misa con bastante frecuencia; tenía una inmensa fe. Una fe por todos nosotros.

  • ¿Y su hermana?
    -Sí, también mi hermana. También. Rezaba… Reza todas las noches.
    -Pero de alguna manera le atraen las religiones. En sus escritos usted hace referencias a la tradición cristiana, al budismo, al judaísmo, al islam…
    -Sí, claro. Puedo ver a las religiones como una cuestión intelectual y son una fuente inagotable de pensamientos. Los conceptos metafísicos de lo sagrado son fascinantes, pero mi visión no es teológica. Es más bien estética. Mire, cada religión cuenta con su libro o textos sagrados que dan basamento a sus respectivas creencias. El cristianismo tiene a la Biblia; el islamismo, el Corán; el hinduismo, los Vedas; el judaísmo, su Tanaj… Fíjese cómo cada país también tiene, en una especie de estética de las religiones, su autor canónico: España a Cervantes, Italia a Dante, Inglaterra a Shakespeare, Francia a ¿Hugo? ¿Voltaire?, Alemania a Goethe, Argentina a ¿Hernández…?
    -Argentina a Borges-dijimos casi al mismo tiempo sonriendo.
    -Bueno, no, no, por favor. Son ustedes los que dicen eso…-respondió haciéndose cómplice con una sonrisa.
    -Pero, en definitiva, no cree en Dios.
    -Nunca creí en un dios personal y menos aún en esas tonteras sobre la Trinidad o los premios, castigos y sobornos para ganar un lugar en el cielo. Ese planteo del cristianismo y del judaísmo es, además de infantil, bastante cruel e injusto. Dígame, ¿cómo podría alguien castigar eternamente a otro por lo que hizo en una fugaz vida terrenal? Yo no lo haría, y seguramente ustedes tampoco. ¿Cómo entonces un dios podría hacer algo así? “I’m an atheist and I thank God for it.”-se ríe- Bernard Shaw dijo también “God is in the making”, o sea, Dios no es, Dios se hace continuamente, en todos y en todo. Ese es un dios en el que sí podría creer…
    -Ni hablemos de la vida eterna entonces.
    -No por favor. Eso sería terrible. Vivir para siempre…- silencio- Pero como dijo mi padre una vez: “Si somos inmortales, ya habrá tiempo de hablar de todas estas cosas.” Aunque él también dijo “Es tan raro el mundo, que todo es posible. Hasta la Santísima Trinidad.” Así que quién sabe, ¿no?
    -En definitiva, nos morimos y no hay nada más.
    -Al menos eso creo yo. Morir ha de ser como dormir sin soñar, un descanso profundo y eterno. Por otro lado, el universo se las arregló muy bien sin mí hasta que nací, así que bien puede seguir tranquilamente después de que me haya ido. Cuando mi padre estaba por morir, me dijo que su deseo era morir entero, de cuerpo y alma. Yo creo que lo logró. Pero quién sabe.”

El Candelabro. Iluminando Mentes


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