Hijo primogénito de Hermann Einstein y de Pauline Koch, ambos judíos, Einstein nació en 1879 en la ciudad alemana de Ulm. Un año más tarde, toda la familia se mudó a Múnich, donde nació su hermana Maya, dos años menor que él. De niño, Einstein era reservado e introvertido y no empezó a hablar hasta los tres años.



La infancia de Albert Einstein es una de las más fascinantes y misteriosas de la historia. Nacido en Ulm, Alemania, el 14 de marzo de 1879, Einstein creció en una familia judía que valoraba el aprendizaje y la educación. Aunque se sabe poco sobre su vida temprana, hay algunas historias y anécdotas que nos ayudan a entender cómo fue su niñez.

Uno de los primeros recuerdos de Einstein es su fascinación por la música. A la edad de cinco años, su madre le dio una lección de violín, y aunque inicialmente se resistió, pronto se enamoró del instrumento. A lo largo de su vida, Einstein fue un ávido músico, tocando tanto el violín como el piano con habilidad. De hecho, algunos estudiosos han sugerido que su amor por la música influyó en su pensamiento científico, al ayudarlo a comprender los patrones y estructuras subyacentes en el universo.

Otra historia que se cuenta sobre la infancia de Einstein es su curiosidad por la ciencia. Se dice que a la edad de cuatro años, mientras observaba una brújula, se preguntó por qué la aguja apuntaba siempre en la misma dirección. Esta pregunta lo llevó a una vida de investigación y descubrimientos científicos. También se cuenta que Einstein era un estudiante poco convencional, que a menudo se aburría en la escuela y prefería explorar el mundo por su cuenta.

A los seis años, Einstein comenzó la educación primaria en una escuela católica en Munich. Sin embargo, pronto se trasladó a otra escuela en la que se enseñaba una filosofía más liberal. A pesar de que se consideraba a sí mismo un rebelde, Einstein era un estudiante talentoso y tenía un gran amor por las matemáticas. A la edad de doce años, comenzó a estudiar el cálculo, y a los quince años, había leído todos los libros de matemáticas que había en la biblioteca de su ciudad natal.

A pesar de su amor por la educación, Einstein se sentía a menudo descontento en la escuela. Según su hermana, Maja, Einstein se quejaba de la falta de atención que recibía por parte de sus profesores y de la rigidez del sistema escolar. A menudo, se distraía en clase y se perdía en sus propios pensamientos. Su mente estaba siempre en busca de nuevos desafíos y aventuras.

Sin embargo, a pesar de su falta de interés en la escuela tradicional, Einstein tenía una pasión por el aprendizaje que lo llevaría a convertirse en uno de los científicos más importantes de todos los tiempos. A medida que crecía, continuó desarrollando sus habilidades matemáticas y científicas, y a los dieciséis años, solicitó su admisión en la Escuela Politécnica de Zurich.

Aunque inicialmente no cumplió con los requisitos de admisión, Einstein dedicó un año entero a estudiar y prepararse para el examen de ingreso. Finalmente, en 1896, fue admitido en la Escuela Politécnica, donde comenzó a estudiar física y matemáticas. Lo demás es historia ya conocida.


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