Nicolás Steno, nacido Niels Steensen, Nicolaus Steno en latín, fue un polímata, médico, y anatomista danés del siglo XVII, considerado el padre de la geología. Tras convertirse al catolicismo, murió como obispo misionero

El sacerdote científico
Al padre Nicolaus Steno (1638-1686), un converso luterano que llegó a ser sacerdote católico, se le atribuye el «establecimiento de la mayoría de los principios de la geología moderna» y ha recibido en ocasiones el nombre de padre de la estratigrafía (el estudio de los estratos o capas de la Tierra).
Nacido en Dinamarca, el padre Steno vivió y viajó por toda Europa en el curso de su vida y fue médico de la corte del gran duque de Toscana. Pese a su excelente reputación y su labor creativa en el terreno de la medicina, fue el estudio de los fósiles y las capas terrestres lo que garantizó su prestigio científico.
Sus investigaciones en esta materia tuvieron un insólito comienzo: la disección de la cabeza de un enorme tiburón hallado por un pesquero francés en 1666. El tiburón, que pesaba 1.400 kilos, era el más grande que en general se había visto hasta la fecha. Steno, conocido por su destreza como disector, fue llamado para abordar la tarea.
Baste centramos, para lo que aquí nos interesa, en la fascinación que en Steno produjeron los dientes del escualo. Guardaban un extraño parecido con las glossopetrae o «piedras lengua» cuyos orígenes habían sido misteriosos y oscuros desde los tiempos antiguos. Se decía que estas piedras, que los malteses extraían de debajo de la tierra, tenían poderes curativos.
Fueron muchas las teorías que intentaban explicar sus misterios. En el siglo XVI, Guillaume Rondelet propuso que acaso fueran dientes de tiburón, si bien la idea impresionó a muy pocos. Steno tuvo la oportunidad de comparar los objetos situándolos lado a lado, y descubrió su claro parecido.
Fue éste un momento relevante en la historia de la ciencia, pues apuntaba a una cuestión más amplia y de mayor calado de lo que podían serio unos dientes de tiburón y unas piedras misteriosas: la presencia de conchas y fósiles marinos incrustados en rocas muy alejadas del mar.
El enigma de las glossopetrae, de las que hoy se sabe casi con certeza que eran dientes de tiburón, suscitó el interés acerca del origen de los fósiles en general y de cómo habían llegado a existir en el estado en el que eran hallados.
¿Por qué se encontraban en el interior de las rocas? La generación espontánea fue una de las numerosas explicaciones propuestas para este fenómeno en el pasado.
Ninguna de estas teorías satisfacía a Steno, quien las consideraba tan científicamente dudosas como ofensivas para su idea de Dios, que jamás actuaría de un modo tan aleatorio y carente de finalidad. Por distintas razones, Steno concluyó que las teorías sobre los fósiles formuladas hasta la fecha no podían reconciliarse con los datos disponibles.
Decidió estudiar la cuestión y pasó los dos años siguientes escribiendo y compilando lo que sería su influyente trabajo De solido intra solidum naturaliter contento dissertationis prodromus (Discurso preliminar para una disertación sobre un cuerpo sólido naturalmente contenido en el interior de un sólido).
No fue una tarea fácil, puesto que Steno se adentraba en un territorio completamente desconocido. No existía una ciencia geológica a la que recurrir en busca de metodología o de principios fundamentales.
Las especulaciones que empezaba a vislumbrar, en relación con sucesos y procesos acaecidos en un pasado muy remoto, descartaban la observación directa como procedimiento válido para verificar algunas de sus conclusiones.
Pese a todo, continuó valientemente su camino. Las rocas, los fósiles y los estratos geológicos —Steno estaba seguro— contaban la historia de la historia de la Tierra, y el estudio geológico podía iluminarla. Era ésta una idea novedosa y revolucionaria.
Sus predecesores asumían, con Aristóteles, que el pasado de la Tierra era esencialmente ininteligible. «Steno» —según nos cuenta el más reciente de sus biógrafos—; «fue el primero en afirmar que era posible reconstruir la historia del mundo a partir de las rocas y abordar la tarea de desentrañarla»
El logro de Steno en De solido no consistió tan sólo en proponer una nueva y acertada teoría de los fósiles. Según él mismo señala, otros escritores llevaban más de mil años afirmando esencialmente lo mismo. Tampoco se limitó a exponer una nueva y acertada interpretación de los estratos terrestres.
Lo importante es que obtuvo el cianotipo de un enfoque de la naturaleza completamente inédito, que incluía la dimensión temporal. En palabras del propio Steno, «de lo que percibimos puede concluirse definitivamente lo que es imperceptible». A partir del mundo presente pueden deducirse los mundos extinguidos.
De los numerosos hallazgos que contiene el texto de Steno, tres son los que se han distinguido para formular lo que se conoce como «principios de Steno». El suyo es el primer trabajo conocido que habla de la superposición, uno de los principios básicos de la estratigrafía.
La ley de la superposición es el primero de estos principios. Afirma que los depósitos sedimentarios se forman secuencialmente, de tal modo que las capas inferiores son las más antiguas, y van perdiendo edad hasta la capa más reciente, la que se encuentra en la superficie.
Sin embargo, puesto que la mayoría de los estratos que encontramos han sufrido algún tipo de alteración, distorsión o movimiento, la historia geológica no siempre es fácil de reconstruir. ¿Cuál es, por ejemplo, la capa superior, y por tanto en qué dirección ha de buscarse la secuencia temporal, cuando los estratos se han vuelto de lado? ¿Debemos mirar de izquierda a derecha o de derecha a izquierda para descifrar la secuencia estratigráfica?
Fue así como Steno introdujo el principio de horizontalidad original. El agua, decía Steno, es la fuente de los sedimentos, ya se trate de un río, de una tormenta o de cualquier fenómeno similar. El agua transporta y deposita las distintas capas sedimentarlas.
Una vez los sedimentos alcanzan la cuenca, la gravedad y las corrientes de agua subterráneas ejercen sobre ellos un efecto nivelador, de tal modo que las capas sedimentarias, al igual que el agua, se asemejan a la capa superficial en el fondo, pero se vuelven horizontales en la capa superior. ¿Cómo descubrir la secuencia sedimentaria en rocas que han cambiado de posición?
Puesto que los fragmentos más grandes y más pesados son naturalmente los primeros en posarse, seguidos progresivamente de los más pequeños, basta con examinar las capas y observar dónde se han depositado las partículas de mayor tamaño. Esa es la capa inferior de la secuencia.
El principio de continuidad lateral desvela, por último, que cuando los dos lados de un valle presentan los mismos sustratos rocosos, sabemos que ambos estuvieron originalmente unidos como capas continuas y que la aparición del valle es un fenómeno geológico posterior.
Steno constató asimismo que el descubrimiento de un estrato que contiene sal marina o cualquier otro elemento perteneciente al mar —como los dientes de tiburón— revela que las aguas del mar cubrieron ese lugar en algún momento de la historia geológica.
Steno se convirtió con el paso de los años en un modelo de erudición y santidad. En 1722, su sobrino nieto Jacob Winslow escribió una biografía de Steno que se publicó en la sección de futuros santos de un libro titulado Lives of the Saints for Each Day of the Year. Winslow, un católico convertido del luteranismo, atribuía su conversión a la influencia del padre Steno.
Un grupo de admiradores daneses acudió en 1938 al papa Pío XI para solicitar la canonización de Steno. Fue Juan Pablo II quien cincuenta años más tarde beatificó a Steno, ensalzando sus extraordinarias virtudes y su labor científica.

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