La idea de que Jesús es Dios es una de las creencias fundamentales del cristianismo y ha sido objeto de debate y controversia en la historia de la religión. Los primeros cristianos vieron en Jesús un reflejo de la divinidad y comenzaron a adorarlo como tal. Sin embargo, no fue hasta siglos después que se estableció oficialmente la doctrina de la Trinidad, que declaraba que Jesús era de la misma sustancia que el Padre y, por lo tanto, era Dios en sí mismo.

De predicador itinerante a la segunda persona de la Trinidad: el camino de Jesús hacia la divinidad
La cuestión de cuándo Jesús se convirtió en Dios es compleja y ha sido objeto de controversia y debate en la historia del cristianismo. En términos generales, se puede decir que la idea de que Jesús era Dios estaba presente desde los primeros tiempos del cristianismo, pero no fue hasta siglos después que se estableció la doctrina de la Trinidad, que afirmaba que Dios era una unidad compuesta por tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
La idea de que Jesús era divino se basa en gran medida en los evangelios del Nuevo Testamento, que relatan los milagros y enseñanzas de Jesús, así como su resurrección de entre los muertos. Los primeros cristianos interpretaron estos relatos como pruebas de la divinidad de Jesús, y comenzaron a adorarle como tal. En el siglo IV, el emperador Constantino convocó el Concilio de Nicea, donde se estableció la doctrina de la Trinidad y se declaró que Jesús era de la misma sustancia que el Padre, es decir, que era Dios.
Sin embargo, la idea de que Jesús era Dios no fue aceptada por todos los cristianos en la época. Los arrianos, por ejemplo, sostenían que Jesús era una criatura divina, pero no Dios en sí mismo. Esta controversia llevó a una serie de concilios y debates en los siglos siguientes, que finalmente llevaron a la adopción de la doctrina de la Trinidad como la posición oficial de la Iglesia.
Es importante tener en cuenta que la idea de la divinidad de Jesús no era ajena a la cultura y la religión de la época. En la tradición judía, por ejemplo, se hablaba de la “Palabra de Dios” como una entidad divina que había sido enviada al mundo para cumplir una misión divina. Los filósofos griegos también tenían conceptos similares, como el Logos o la razón divina, que se consideraban como intermediarios entre Dios y el mundo.
En este contexto, la idea de que Jesús era Dios se puede entender como una adaptación y reinterpretación de estas ideas preexistentes. Los primeros cristianos vieron en Jesús un reflejo de la Palabra de Dios y del Logos griego, y comenzaron a adorarle como tal. A medida que la Iglesia se desarrollaba y se organizaba, la idea de la divinidad de Jesús se fue consolidando y se convirtió en una parte central de la doctrina cristiana.
En conclusión, la idea de que Jesús era Dios surgió desde los primeros tiempos del cristianismo y se basa en los relatos de los evangelios del Nuevo Testamento. Sin embargo, no fue hasta siglos después que se estableció la doctrina de la Trinidad, que declaraba que Jesús era de la misma sustancia que el Padre y, por lo tanto, era Dios en sí mismo. Esta idea fue objeto de controversia y debate en la historia del cristianismo, pero finalmente se convirtió en la posición oficial de la Iglesia.
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