El las creencias mesoamericanas, un nahual es una especie de brujo o ser sobrenatural que tiene la capacidad de tomar forma animal. El término refiere tanto a la persona que tiene esa capacidad como al animal mismo que hace las veces de su alter ego o animal tutelar.

UNA GALLINA PARA EL NAHUAL…
Pachita, una anciana de Huixquilucan estado de México me contó que siendo ella niña, comenzaron a amanecer degolladas muchas de sus gallinas, y las pocas que quedaban no volvían a poner huevos de lo espantadas que quedaban. Ante esto los pueblerinos fueron a ver al anciano sabio de la comunidad, un viejo ermitaño que vivía junto al río, querían preguntarle qué podían hacer ante lo que sucedía y cuando llegaron ya el viejo los esperaba sentado en su puerta, que al parecer y sin que nadie se lo hubiese dicho ya sabía a lo que iban y les dijo.
Ya sé a lo que vienen muchachos, quien les causa el mal ¡es un sujeto que nació nahual! Y esa es la causa por la que no sabe controlar su mal, pero hay algo que él no sabe y que es muy terrible, en caso dado si llega a probar carne humana,se quedará como hombre lobo, y ya no podrá ser hombre nunca más. Solo existe una forma de evitarlo pero es un tanto arriesgado, ¡muy peligroso! Y esto consiste en que alguien tiene que matar una de sus mejores gallinas, en la noche marcar un camino con su misma sangre hasta la casa para que así pueda hablar con él, deberá decirle que se vaya al monte y permanezca allá hasta que aprenda a controlarse sí no lo hace, ¡mucha gente morirá por sus manos antes de poder matarlo a él! Y por nada le vayan a abrir la puerta, ¡no lo dejen entrar aunque se los pida!.
Valientemente el padre de Pachita se ofreció a realizar tan macabra ceremonia, al caer la noche el mató su mejor gallina y con la sangre marcó un camino hasta la casa dejando el cuerpo al pie de la ventana. Después de media noche se oyó un espeluznante aullido y unos pasos de alguien que poco a poco se iba acercando a la casa, ¡cuando llegó a la ventana! Rápidamente el papá de Pachita prendió un ocote que iluminó un horrible rostro vagamente a través de la ventana, entre humano y lobo de grandes dientes con el cuerpo cubierto de un pelo enmarañado y se dio cuenta que era cierto, lo que le había dicho el patriarca sobre el Nahual.
Aguantando los escalofríos que su miedo le causaba, y al ver que aquel ser desconfiaba del manjar que le había puesto, cuando daba la vuelta para, irse el papá de Pachita le dijo: ¡no te vayas! Te maté la mejor de mis gallinas para hablarte, ¡necesito decirte algo! Sé que no puedes controlar la bestia que llevas dentro, también se que no eres malo y que naciste así. Mejor vete al monte lejos del pueblo y de la gente, así no harás daño y tampoco te lo harán, allá hay conejos y mucho qué cazar para que puedas comer y sobrevivir, hasta que aprendas a vivir como hombre entre nosotros sin matar.
Trabajosamente la bestia contestó con palabras que sonaron muy roncas, guturales, mezcladas entre bestia y humano; ¿porqué te atreves a llamarme con una gallina y me dices buenas palabras? ¡Déjame entrar para que platiquemos! Le dijo aquel ser, no, ¡no puedes entrar! Si pruebas mi carne o la de cualquiera humano, te quedarás por siempre como un animal y te cazaran hasta que te maten. ¡Mejor vete al monte y aprende allá en soledad sin hacer más daño y regresa cuando estés listo! El nahual lo miró por algunos minutos que parecieron eternos. Luego tomó la gallina con sus fauces y se fue corriendo en cuatro patas rumbo al monte emitiendo un fuerte aullido que se escuchó a lo lejos por todo el monte. Después al pasar el tiempo poco a poco las gallinas volvieron a poner huevos y a reproducirse.
Unos años después tocó la puerta un harapiento hombre tostado por el sol cuya mirada mostraba astucia y tristeza, le dijo al padre de Pachita: ¡Hace unos años me corriste al monte con muy buenas palabras y me alimentaste con una de tus mejores gallinas. Ya aprendí, ahora puedo controlarme y de hoy en adelante en pago ningún nahual matará tus gallinas mientras vivas, dicho esto agarró camino y desapareció.
Pasaron los años y el papá de Pachita murió. Cuando lo llevaban al panteón Pachita creyó ver a aquel harapiento recargado en el tronco de un pirúl que estaba frente al panteón, ¡el hombre tenía las mismas facciones y se le parecía mucho! Más de repente desapareció. Después, la última noche del novenario, a medianoche se oyó un largo y lastimero aullido como despedida que se alejaba rumbo al monte acompañando la triste partida de aquel que aún arriesgando su vida lo ayudó a controlar su transformación entre bestia y hombre, aún lo recuerda, pero desde entonces no se le volvió a ver por los alrededores.
El Nahual…….
Escrito por Pablo Orbio
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