Es importante reconocer que no todo lo que sucede en nuestra vida es el resultado directo de nuestras acciones o decisiones. Hay momentos en los que nos enfrentamos a situaciones que están fuera de nuestro control, y es entonces cuando necesitamos buscar soluciones prácticas y realistas. La oración puede ayudarnos a encontrar la claridad mental y la fuerza espiritual para tomar decisiones difíciles, pero no reemplaza la acción necesaria para enfrentar los problemas de frente.



Reflexión: – “HAY SITUACIONES QUE NO SON SOLO DE ORAR”


Te invito a reflexionar sobre algunas situaciones que a menudo se presentan en la vida cotidiana:

Si te enteras de que un hermano está enfermo en el hospital o en su casa, no te limites a orar por él, si tienes los medios para hacerlo, considera proporcionar medicamentos o cualquier otra cosa que pueda necesitar.

Si te enteras de que un hermano o familia está experimentando dificultades financieras y no tiene suficiente comida, si tienes los recursos para ayudar, considera comprar alimentos o dar una ofrenda para que puedan comprar comida.

Si sabes que alguien de la iglesia está pasando por un momento difícil, ya sea depresión u otro tipo de problema de salud, acércate a esa persona, pregúntale cómo está y asegúrate de que esté bien. Si es posible, considera ofrecer tu ayuda.

No te limites solo a orar.

Recuerda la parábola del buen samaritano que ayudó a un hombre que estaba tirado en la carretera, mientras que un sacerdote y un levita pasaron por allí sin hacer nada. No seas como ellos, sé un buen samaritano.

No te permitas ser tacaño, avaro o insensible. No basta con preocuparse y decir: “Qué triste, lamento lo que estás pasando” o “Voy a orar por ti”. Tampoco es suficiente hacer preguntas sin hacer nada después. Debes tomar acción y moverte con compasión.

  • Asiste en lugar de alardear.
  • Ayuda en lugar de solo orar.
  • Atiende en lugar de solo mirar.

Aunque parezca contradictorio, debes comprender que orar debe ir acompañado de buenas acciones y obras.

Es importante recordar lo que dijo el apóstol Juan:

“Si alguien tiene recursos materiales y ve a su hermano en necesidad, pero no tiene compasión de él, ¿cómo puede decirse que el amor de Dios habita en él? Queridos hijos, no amemos de palabra ni de labios para afuera, sino con hechos y en verdad” (1 Juan 3:17-18).

No estoy diciendo que orar sea malo o inútil, sino que debemos recordar que la oración debe ir acompañada de acciones y obras. Juntos podemos marcar la diferencia en la vida de aquellos que nos rodean.

PD: A Dios orando y con el mazo dando.


EL CANDELABRO.ILUMINANDO MENTES 

Descubre más desde REVISTA LITERARIA EL CANDELABRO

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.