Bajo el oscuro manto de nubes cargadas, las palabras de Bob Dylan resuenan como gotas de lluvia que caen con fuerza sobre el alma. Su música trasciende el tiempo y las barreras, convirtiéndose en un puente que une la poesía y la protesta. En el horizonte de su obra maestra, “A Hard Rain’s A-Gonna Fall”, se vislumbra un panorama desgarrador pero cautivador, donde la metáfora es el lenguaje y la injusticia social es el enemigo a derrotar. Adentrémonos en este universo lírico, donde cada verso se convierte en un eco de la crisis humanitaria y cada acorde es un grito de esperanza por el cambio. Descubramos juntos la magia de Bob Dylan, el trovador que desafía los límites de la música y nos invita a reflexionar sobre el estado del mundo.



“Metáforas y protesta: La poesía musical de Bob Dylan en ‘A Hard Rain’s A-Gonna Fall'”
Una fuerte lluvia caerá
“Oh, ¿dónde has estado, mi hijo de ojos azules?,
¿dónde estuviste, mi querido joven?”
“He tropezado con la ladera de doce brumosas montañas,
he caminado y me he arrastrado sobre seis autopistas agrietadas,
he andado en medio de siete tristes bosques,
he estado delante de una docena de océanos muertos,
me adentré diez mil millas hacia la boca de un cementerio.
Y es una fuerte… es una fuerte… es una fuerte… es una fuerte…
es una fuerte lluvia la que caerá”.
“Oh, ¿qué es lo que viste, mi querido hijo de ojos azules?,
¿qué es lo que viste, mi joven querido?”
“Vi a un bebé recién nacido rodeado por lobos salvajes,
vi una carretera de diamantes sin nadie sobre ella,
vi una rama negra goteando sangre fresca todavía,
vi una habitación llena de hombres cuyos martillos sangraban,
vi una escalera blanca, cubierta toda de agua,
vi diez mil oradores cuyas lenguas estaban todas rotas,
vi pistolas y espadas en manos de pequeños niñitos.
Y es una fuerte… es una fuerte… es una fuerte… es una fuerte…
es una fuerte lluvia la que caerá”.
“¿Y qué has escuchado, mi querido hijo de ojos azules?
¿qué es lo que escuchaste, mi joven querido?”
“Escuché el sonido de un relámpago que rugió sin previo aviso,
escuché el rugido de una ola que podría ahogar al mundo entero,
escuché a cien tamborileros cuyas manos estaban ardiendo,
escuché un millar de susurros y nadie los oía,
escuché a una persona morir de hambre y a muchas otras riéndose,
escuché la canción de un poeta que moría en la alcantarilla,
escuché el sonido de un payaso que lloraba en el callejón.
Y es una fuerte… es una fuerte… es una fuerte… es una fuerte…
es una fuerte lluvia la que caerá”.
“Oh, ¿a quién conociste, mi hijo de ojos azules?
¿a quién conociste, mi joven querido?”
“Conocí a un niño detrás de un caballo muerto,
conocí a un hombre blanco que paseaba a un perro negro,
conocí a una joven mujer cuyo cuerpo ardía,
conocí a una niñita, ella me regaló un arco iris,
conocí a un hombre que estaba herido de amor,
conocí a otro hombre que estaba herido por el odio.
Y es una fuerte… es una fuerte… es una fuerte… es una fuerte…
es una fuerte lluvia la que caerá”.
“¿Y qué harás ahora, mi hijo de ojos azules?
¿qué harás ahora, mi joven querido?”
“Regresaré afuera antes de que la lluvia comience a caer,
caminaré hacia el abismo del más profundo y oscuro bosque,
donde la gente es mucha pero sus manos están todas vacías,
donde los granos de veneno envenenan sus aguas,
donde el hogar en el valle conoce la húmeda y sucia prisión
y las caras de los verdugos están siempre escondidas,
donde el hambre amenaza, donde las almas son olvidadas,
donde el negro es el color, donde “ninguno” es el número.
Y lo contaré, lo hablaré, lo pensaré, lo respiraré
y lo reflejaré desde la montaña para que todas las almas puedan verlo.
Y me pararé sobre el océano hasta que empiece a hundirme,
pero me sabré mi canción antes de empezar a cantar.
Y es una fuerte… es una fuerte… es una fuerte… es una fuerte…
es una fuerte lluvia la que caerá”.
Bob Dylan
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