En la búsqueda constante de la felicidad, a menudo nos vemos inmersos en la idea de que esta debe ser un estado permanente y alcanzable a través de logros y reconocimientos externos. Sin embargo, el reconocido escritor Jorge Luis Borges nos invita a reflexionar sobre una perspectiva diferente en relación con la felicidad. En sus palabras, “Tampoco jugaré a ser una persona feliz, porque lo soy a ratos perdidos”. Estas simples pero poderosas palabras nos invitan a explorar la naturaleza efímera de la felicidad y a aceptar con humildad los momentos en los que nos invade una sensación de bienestar. En este escrito, nos sumergiremos en la idea de valorar los dones secretos de la felicidad, apreciar la belleza de lo fugaz y encontrar gratitud en los pequeños detalles. Descubriremos cómo alejarnos de la búsqueda obsesiva de la felicidad constante y adentrarnos en una experiencia más plena y auténtica de la vida.



“Explorando la Simplicidad: Descubriendo la Alegría en los Detalles Cotidianos”



“Tampoco jugaré a ser una persona feliz, porque lo soy a ratos perdidos. Pero a veces, caminando por la calle, siento una racha de felicidad, y trato de no indagar la razón; porque si lo hago, comprobaré con harta facilidad que me sobran motivos de desventura. Mejor es aceptar con humildad, esos dones secretos”

Jorge Luis Borges



Tampoco jugaré a ser una persona feliz, porque lo soy a ratos perdidos.” Estas palabras del célebre escritor argentino Jorge Luis Borges encierran una profunda reflexión sobre la naturaleza misma de la felicidad y cómo esta puede manifestarse en nuestras vidas de formas inesperadas y efímeras. En este ensayo, exploraremos la idea de aceptar con humildad los momentos de felicidad que surgen de manera espontánea, sin indagar en sus razones, y cómo esta actitud puede llevarnos a una apreciación más plena de los dones secretos que la vida nos ofrece.

La búsqueda de la felicidad es una constante en la existencia humana. Desde tiempos inmemoriales, los seres humanos han buscado incansablemente la realización y la satisfacción personal. Sin embargo, a menudo nos encontramos inmersos en una sociedad que nos impone una idea estandarizada de lo que significa ser feliz: una vida llena de logros, éxito material y reconocimiento social. Esta concepción convencional de la felicidad puede llevarnos a perseguir objetivos externos y materiales, olvidando que la verdadera felicidad no siempre reside en lo tangible y visible.

Borges nos invita a rechazar la idea de jugar a ser una persona feliz y, en su lugar, aceptar con humildad esos momentos de felicidad que nos sorprenden. Estos momentos fugaces y aparentemente insignificantes son como destellos en la oscuridad, breves intervalos de luz que iluminan nuestra existencia. Son los pequeños detalles, los instantes de quietud y contemplación, los encuentros fortuitos y las experiencias compartidas los que pueden brindarnos una auténtica sensación de alegría.

El autor nos advierte sobre la tentación de indagar la razón detrás de estos momentos de felicidad. Al hacerlo, nos arriesgamos a desentrañar los motivos de nuestra desventura y a caer en una espiral de negatividad y pesimismo. Es en la aceptación sin cuestionamientos que encontramos la posibilidad de disfrutar plenamente de esos dones secretos que la vida nos ofrece.

La vida está llena de paradojas y contradicciones, y la felicidad no es una excepción. A menudo, la búsqueda obsesiva de la felicidad puede ser en sí misma un obstáculo para alcanzarla. Cuando nos aferramos a una idea preconcebida de lo que deberíamos ser o tener para ser felices, nos limitamos y nos perdemos la oportunidad de encontrar la dicha en los momentos más simples y cotidianos.

Al aceptar humildemente los dones secretos de la felicidad, nos abrimos a la posibilidad de sorprendernos y maravillarnos con la vida tal como se presenta, sin pretensiones ni expectativas excesivas. En ese estado de aceptación y gratitud, encontramos la capacidad de disfrutar plenamente de los momentos presentes, de saborear la belleza de las cosas pequeñas y de conectarnos con nuestra esencia más auténtica.

En última instancia, el mensaje de Borges nos invita a encontrar la felicidad en la simplicidad y a ser conscientes de los regalos que la vida nos brinda en silencio. No se trata de perseguir una felicidad constante e ilusoria, sino de aprender a saborear esos momentos de alegría efímera y agradecer por ellos. Al adoptar esta actitud de aceptación y gratitud, nos abrimos a una experiencia más plena y auténtica de la vida, donde la felicidad se convierte en un regalo especial que se revela en los rincones más inesperados.

En conclusión, este artículo basado en las palabras de Jorge Luis Borges nos invita a reevaluar nuestra concepción de la felicidad y a abrazar los momentos de alegría que se nos presentan sin buscar explicaciones o cuestionar su validez. Al aceptar humildemente estos dones secretos de la felicidad, nos adentramos en una vida más plena y enriquecedora, donde la apreciación de los pequeños detalles se convierte en el motor que impulsa nuestra alegría y bienestar.



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