Ramón de Campoamor y Campoosorio (1817-1901) fue un destacado poeta y filósofo español del siglo XIX. Reconocido por su estilo sencillo y directo, Campoamor dejó una huella indeleble en la literatura española con su poesía profunda y sus reflexiones filosóficas. Sus obras, como “Ternezas y verdades” y “Ayer, hoy y mañana”, capturaron la esencia de la vida, el amor y la condición humana, ofreciendo al lector una visión introspectiva del mundo. A pesar de las críticas recibidas en su época, el legado literario de Campoamor ha perdurado, siendo reconocido como uno de los representantes más destacados del romanticismo español.
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Ramón de Campoamor: Trayectoria vital y literaria de un poeta filosófico
La figura de Ramón de Campoamor (1817-1901) emerge como uno de los pilares fundamentales de la literatura española decimonónica, representando una voz singular que supo conciliar la tradición con la innovación dentro del panorama literario de la época. Nacido en Navia (Asturias) el 24 de septiembre de 1817, en el seno de una familia acomodada, este poeta filosófico desarrolló una prolífica carrera que trascendió los límites de la creación literaria para adentrarse en terrenos tan diversos como la filosofía, el periodismo y la política, configurando así un legado poliédrico que refleja la complejidad intelectual de la España isabelina y de la posterior Restauración borbónica. Su peculiar concepción estética, fundamentada en el equilibrio entre lo conceptual y lo sentimental, lo convirtió en uno de los autores más leídos y populares de su tiempo.
Los primeros años formativos de Campoamor estuvieron marcados por una educación clásica que complementó con estudios de Filosofía y Medicina en Madrid, disciplinas que, si bien no culminaría académicamente, dejarían una profunda huella en su concepción del mundo y en su posterior producción literaria. La temprana fascinación del joven asturiano por las corrientes filosóficas contemporáneas, especialmente por el eclecticismo y el positivismo, sentaría las bases de lo que posteriormente cristalizaría en su tratado “Lo Absoluto” (1865), obra en la que desarrolla su particular sistema filosófico denominado por él mismo como “poesía de la idea”. Este interés por la abstracción conceptual y la reflexión existencial constituiría uno de los pilares fundamentales de su poética, caracterizada por la hábil combinación de profundidad metafísica y accesibilidad expresiva.
El inicio de la carrera literaria de Campoamor coincide con la eclosión del Romanticismo español, movimiento del que inicialmente participaría con obras como “Ternezas y flores” (1840), su primer poemario, imbuido aún de cierto sentimentalismo convencional. Sin embargo, pronto comenzaría a forjar un camino propio y diferenciado que lo alejaría progresivamente de los excesos románticos para adentrarse en territorios más personales. La publicación de “Doloras” en 1846 supuso un punto de inflexión determinante en su trayectoria, inaugurando un género poético homónimo que el autor definió como “poesía más poesía”, caracterizado por la brevedad formal, el contenido filosófico y la expresión de verdades universales mediante situaciones concretas, a menudo teñidas de un peculiar humorismo escéptico que se convertiría en sello distintivo de su producción.
Paralelamente a su actividad literaria, Ramón de Campoamor desarrolló una intensa carrera política vinculada al Partido Moderado, ocupando diversos cargos de responsabilidad como Gobernador Civil en varias provincias (Castellón, Alicante y Valencia), Diputado en Cortes y Consejero de Estado. Esta faceta pública del poeta asturiano refleja la estrecha vinculación entre literatura y poder tan característica de la España decimonónica, donde numerosos escritores compaginaban la creación artística con el ejercicio político. No obstante, a diferencia de otros autores contemporáneos, Campoamor mantuvo siempre una marcada independencia intelectual que le permitió mantener relaciones cordiales con personalidades de ideologías diversas, como evidencian sus amistosas polémicas literarias con Juan Valera o sus debates filosóficos con Emilio Castelar.
La consagración definitiva de Campoamor como una de las voces más originales del panorama poético español llegaría con la publicación de los “Pequeños poemas” (1872-1874) y, especialmente, con “Humoradas” (1886-1888), colección en la que alcanza la quintaesencia de su estilo mediante composiciones brevísimas que condensan reflexiones filosóficas y observaciones morales en formulaciones memorables, a menudo paradójicas, que alcanzarían extraordinaria popularidad. La inclinación del poeta asturiano hacia la expresión concisa y sentenciosa, heredera en cierto modo de la tradición gnómica española pero renovada mediante un lenguaje conversacional y directo, supuso una significativa renovación estilística que influiría notablemente en generaciones posteriores, especialmente en autores como Antonio Machado, quien reconocería explícitamente su deuda con el maestro asturiano.
El pensamiento filosófico de Ramón de Campoamor, plasmado no solo en su poesía sino también en obras teóricas como “La Metafísica y la Poesía” (1891) o “El Personalismo” (1855), se caracteriza por un eclecticismo que integra elementos del idealismo alemán, el positivismo y ciertas resonancias del pensamiento tradicional español. Su concepción estética, fundamentada en lo que él mismo denominó “realismo idealista” o “trascendentalismo natural”, propugnaba una literatura capaz de trascender la mera reproducción de lo sensible para alcanzar verdades universales mediante la combinación de observación concreta y reflexión abstracta. Esta postura, equidistante tanto del idealismo romántico como del naturalismo entonces emergente, configura una propuesta singular dentro del panorama literario decimonónico.
La relación de Campoamor con los movimientos literarios de su tiempo resulta particularmente compleja. Si bien cronológicamente puede situarse en la denominada generación posromántica o en la transición hacia el realismo, su obra trasciende las categorías historiográficas convencionales, configurando un universo creativo autónomo que dialoga críticamente con las corrientes estéticas contemporáneas. Su rechazo explícito tanto del retoricismo grandilocuente del primer romanticismo como del descriptivismo detallista del naturalismo lo sitúa en una posición excéntrica respecto a los cánones dominantes, posición desde la que desarrolló una poética fundamentada en la claridad expresiva, la hondura conceptual y la comunicabilidad inmediata, principios que articulan su célebre discurso “La poesía desdeñada por la ciencia y por la prosa” (1883).
Los últimos años de la vida de Ramón de Campoamor estuvieron marcados por un progresivo alejamiento de la vida pública y por cierto ensombrecimiento de su popularidad ante el surgimiento de nuevas sensibilidades literarias finiseculares. No obstante, el magisterio ejercido por el poeta asturiano a lo largo de décadas garantizó su posición como referente ineludible para varias generaciones de escritores españoles e hispanoamericanos. Su fallecimiento en Madrid el 12 de febrero de 1901 supuso el fin de una era en la poesía española, cerrando simbólicamente el ciclo de la lírica decimonónica e inaugurando un nuevo siglo que traería consigo profundas transformaciones estéticas.
La recepción crítica de la obra campoamoriana ha experimentado notables fluctuaciones a lo largo del tiempo. Aclamado por sus contemporáneos como uno de los máximos exponentes de la literatura española del XIX, su figura sufriría un parcial eclipse durante el período de hegemonía modernista y vanguardista, para ser posteriormente reivindicada por estudiosos como Joaquín Marco o José María Martínez Cachero, quienes han subrayado la modernidad implícita en su depuración expresiva y en su cuestionamiento de las convenciones poéticas establecidas. Particularmente significativa resulta la valoración de Jorge Luis Borges, quien reconoció en Campoamor a un precursor de ciertos procedimientos narrativos y conceptuales que él mismo desarrollaría en su propia obra.
El legado literario de Ramón de Campoamor trasciende la mera influencia estilística para instalarse en los cimientos de la renovación poética española contemporánea. Su deliberada apuesta por un lenguaje despojado de artificios retóricos, su exploración de las posibilidades narrativas del poema, su integración de elementos filosóficos y humorísticos, y su permanente cuestionamiento de las fronteras genéricas tradicionales configuran una poética sorprendentemente moderna que anticiparía algunos de los rasgos definitorios de la poesía del siglo XX. Especialmente relevante resulta su concepción del poema como instrumento de indagación existencial y epistemológica, perspectiva que encontraría continuidad en la obra de autores como Miguel de Unamuno o el ya mencionado Antonio Machado.
La figura de Ramón de Campoamor emerge como un nexo fundamental entre tradición e innovación dentro del panorama literario hispánico, configurando una propuesta estética que, desde su aparente sencillez, encierra una profunda reflexión sobre las posibilidades expresivas de la poesía y su capacidad para formular interrogantes esenciales sobre la condición humana. Su deliberado alejamiento de los convencionalismos de escuela, su independencia intelectual y su permanente búsqueda de un lenguaje capaz de conciliar hondura filosófica y comunicabilidad inmediata lo convierten en un creador singularmente moderno cuya obra, más allá de fluctuaciones valorativas coyunturales, constituye un capítulo imprescindible en la evolución de la literatura española y un testimonio perdurable de las inquietudes intelectuales del siglo XIX.

Ramón de Campoamor
Estilo poético y reflexiones filosóficas en la obra de Campoamor
Ramón de Campoamor
España: 1817-1901
- Poemas
- A ese del cabello oscuro…
- A la infiel más infiel de las hermosas …
- A Rubén Darío
- A unos ojos
- Al comenzar la noche de aquel día…
- Amar y querer
- Amor conyugal
- Amor y gloria
- Aquellas niñas hermosas…
- Así un esposo le escribió a su esposa…
- ¡Ay! ¡Ay!…
- Caer al río el viento un nido deja…
- Canción
- Cantares
- Catón de Útica
- Con mis coplas, Blanca Rosa…
- Contradicciones
- De amor tentado un penitente un día…
- Doloras
- El amar y el querer
- El busto de nieve
- El cielo de Leopardi
- El descreimiento
- El ojo de la llave
- El sol sus alas replegó luciente…
- El tren expreso
- Escribidme una carta, señor Cura…
- ¡Genio infeliz! En su postrer momento…
- Habiéndome robado el albedrío…
- Háblame más… y más…, que tus acentos…
- Humorada
- A los quince años…
- Inspiración nocturna
- La duda
- La niña y la mariposa
- La opinión
- La rueda del amor
- La vida humana
- La virtud del egoísmo
- Las hijas
- Las hijas de las madres que amé tanto…
- Lo que hace el tiempo
- Los celos
- Los dos miedos
- Los egoístas
- Los hijos y los padres
- Los padres y los hijos
- Los progresos del amor
- Más dulces habéis de ser…
- Más que la luz de la razón humana…
- Murió por ti
- Murió por ti; su entierro al otro día…
- Ni arrastrada un pastor llevar podía…
- Para formar tan hermosa…
- Para tu boca
- ¡Pobre Carolina mía!…
- Por el éter resbala melancólica…
- Porvenir de las almas
- ¡Quién Supiera Escribir!
- Rasga su pecho el último romano…
- Se halla con su amante Rosa…
- Si anoche no estuve, Flora…
- Si de vuestra hija fue estrella…
- ¡Sobre arena y sobre viento!…
- Tanto quiero creer, que no te creo…
- Un enjambre de pájaros metidos…
- Va una mariposa bella…
- Vegeta sin sufrir, vive en mal hora…
- Velas de amor en golfos de ternura…
- Y es que en el mundo traidor
- Ya a traición, ya a traición en el costado…
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