En el bosque silente, donde la luz del sol filtraba entre los espesos follajes, los árboles castrados eran testigos mudos de una danza eterna entre la vida y la muerte. Sus troncos erguidos, cual monumentos a la resignación, encerraban secretos de una belleza efímera que deslumbraba incluso en su desnudez. Sus hojas doradas, una vez colmadas de esplendor, habían caído al suelo, recordando nostalgias y sombras gigantescas que ya no podían ser desenterradas. Sin embargo, en su espera serena, aguardaban una nueva primavera, ansiosos por ver nacer nuevos brotes y florecer con renovada pasión. Estos árboles castrados eran mucho más que meros espectadores del inexorable paso del tiempo; se convertían en símbolos vivientes de la humildad, la resiliencia y la esperanza que laten en cada corazón humano.



Renovación y ciclos de vida: Los árboles como metáfora”

Árboles castrados. Conmueven. Parecen tan humildes, tan inocentes. Su postura es la misma que antes, cuando cada brazo refulgía de verdes dorados. Árboles cortados. Erguidos a pesar de todo. Dulce espera de la primavera. Recuerdan las hojas caídas. Recuerdan las sombras gigantescas. Esperan y esperan. Nada se reemplaza. Ya vendrán grandes ramas que, a lo mejor, serán más bellas que las anteriores. ¿Por qué no podrá sucedernos Lo mismo? Florecer. Un golpe de hacha. Desnudez impúdica y digna. Espera. Nuevos brotes. Otro florecimiento. Y luego Lo mismo y Lo mismo. Es decir que anhelo un golpe de hacha que quiebre mis ramas actuales. Quedarme desnuda y esperar sonriente.

Alejandra Pizarnik



En este poema, titulado “Árboles”, Alejandra Pizarnik nos presenta una reflexión poética sobre la vida, la muerte, la renovación y la esperanza. A través de la metáfora de los árboles castrados, la poeta invita al lector a meditar sobre la experiencia humana, la impermanencia y la belleza de la transformación.

Desde el inicio, Pizarnik describe los árboles castrados como humildes e inocentes, rememorando su antigua gloria cuando estaban llenos de hojas verdes y doradas. Los árboles, a pesar de haber sido cortados, siguen erguidos, mostrando una dulce espera de la primavera. Esta imagen de espera y renovación es clave en el poema, pues refleja la esencia de la existencia humana.

En la siguiente estrofa, la poeta menciona que los árboles recuerdan las hojas caídas y las sombras gigantescas que alguna vez proyectaron. Aquí, se puede interpretar que Pizarnik alude a la memoria y al pasado como parte integral de la vida, ya que nuestras experiencias y recuerdos nos moldean y enriquecen.

Luego, la poeta expresa que los árboles esperan y esperan, pero nada se reemplaza. Esta afirmación lleva a reflexionar sobre la singularidad y la irrepetibilidad de cada ser vivo y cada experiencia. Aunque puedan surgir nuevas ramas que podrían ser más bellas, nada será igual que lo que ya fue. Esta idea se puede aplicar a la vida humana, donde cada persona es única e irremplazable.

En el siguiente párrafo, Pizarnik se cuestiona si a los seres humanos también nos sucederá lo mismo: florecer, ser golpeados por el hacha de la vida, quedar desnudos y esperar sonrientes. Aquí, la poetisa sugiere la posibilidad de que, al igual que los árboles, las personas también puedan enfrentar la adversidad y la pérdida con aceptación y esperanza.

El poema evoca una dualidad entre la vida y la muerte, la belleza y la destrucción. La imagen del golpe de hacha que quiebra las ramas actuales representa los desafíos y dificultades que enfrentamos en la vida. La desnudez impúdica y digna podría interpretarse como la vulnerabilidad humana ante las circunstancias, mostrando nuestra autenticidad sin máscaras ni protecciones.

La espera de nuevos brotes y otro florecimiento simboliza la capacidad de renovación y resiliencia. Aunque las circunstancias puedan ser difíciles, siempre existe la posibilidad de un nuevo inicio y un renacimiento. Esta perspectiva optimista y esperanzadora se refuerza en el poema con la repetición de “Lo mismo y Lo mismo”, que sugiere un ciclo constante de renovación y crecimiento.

En última instancia, Alejandra Pizarnik parece anhelar ese golpe de hacha que le permita experimentar su propia transformación, quedar desnuda, vulnerable y esperar con una sonrisa en su rostro. Esta actitud refleja una aceptación serena de la vida con todas sus vicisitudes y la disposición a abrazar la incertidumbre y la belleza de lo que está por venir.

En conclusión, el poema “Árboles” de Alejandra Pizarnik es una meditación lírica sobre la vida y la muerte, la belleza y la transformación. Mediante la metáfora de los árboles castrados, la poeta invita al lector a reflexionar sobre la experiencia humana, la impermanencia y la esperanza de la renovación.

La obra transmite un mensaje de aceptación, resiliencia y apertura ante los ciclos naturales de la vida, invitando a cada individuo a enfrentar sus propios desafíos con una sonrisa en el rostro y a abrazar la posibilidad de renacer una y otra vez.


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