En el crepúsculo de su vida, Antonio Machado, el icónico poeta español, encontró refugio en una tierra distante, lejos de su amada España agitada por la guerra y la inestabilidad política. Colliure, un tranquilo rincón de Francia, fue el destino que acogió al poeta republicano y a su familia en su huida del ejército franquista. En aquel pequeño pueblo costero, marcado por la sombra del exilio, Machado escribió los últimos versos de su legado y encontró su morada final. Esta es la historia de un hombre que luchó con su pluma, y en su ocaso, abrazó la esperanza y la añoranza en el destello de “estos días azules y este sol de la infancia”

“La tumba de Machado en Colliure: Símbolo del exilio y la muerte”
Antonio Machado, no falleció en España, sino pobre, olvidado, y en el exilio francés.
Machado llegó a Colliure (Francia), como uno más de aquellos miles de refugiados que huían del ejército franquista en lo que suponía la caída de Catalunya y un anticipo de la caída definitiva de la República española.
Llegó enfermo, agotado y efectivamente murió un mes después. Fue enterrado al día siguiente y el féretro llevado a hombros por oficiales y soldados de la segunda brigada de la Caballería Republicana, confinados en el Fort Mirador y el Château Royal.
El poeta era partidario de la República. España tuvo a lo largo de su historia dos experiencias republicanas, caracterizadas por la inestabilidad y las conspiraciones permanentes.
La primera data de 1873 a 1874, donde Emilio Castelar y Estanislao Figueras tuvieron un papel fundamental; la segunda, formalmente de 1931 a 1939, pero en 1936, Francisco Franco junto a otros Generales dieron un golpe de Estado que derivó finalmente en una Guerra Civil.
Machado inicialmente fue sepultado en un panteón prestado, pero en 1958, tras una suscripción dirigida por otro exiliado, Josep Maria Corredor, sus restos se pudieron trasladar a la tumba actual, en un terreno cedido por el Ayuntamiento de Colliure.
Personalidades como Pau Casals, Albert Camus, René Char o André Malraux hicieron donativos para inhumar al gran poeta español.
El poeta llegó a Coliure también en estado de ruina económica, junto a su parte de su familia. Se cuenta la anécdota que Machado quiso empeñar su reloj para obtener unos francos franceses con los que pagar un café.
Antonio y su madre tuvieron que hacer parada en una mercería atendida por Juliette Figuères, quien les hizo entrar y les obsequió un café con leche.
Fue también Juliette quien la noche de su muerte cosió una bandera republicana con la que se envolvió el féretro del poeta.
Uno de sus hermanos, Manuel Machado, se enroló en el bando falangista.
Paulina Quintana, propietaria de la pensión donde se alojaron en Colliure contó la anécdota que un día, al ver que los dos hermanos bajaban por separado a desayunar y preguntar la razón, le confesaron que sólo disponían de lo puesto, y que cuando lavaban una de las camisas al no tener de repuesto esperaban que el otro regresara para cambiarse.
La tumba de Machado en el viejo cementerio de Colliure se convirtió en un peregrinaje de partidarios republicanos, y en al menos dos oportunidades, las autoridades franquistas intentaron devolver los restos de Machado a España.
La oposición de sus familiares hizo que quedara el retiro de Machado como un símbolo del exilio, la muerte y el olvido que sufrieron miles y miles de españoles.
Unos días después de su muerte, José, el hermano de Antonio, encontró un papel arrugado en el gabán de Antonio en lo que parecía ser su último verso:
“Estos días azules y este sol de la infancia…”
La lápida de su tumba tiene los versos que rezan:
“Y cuando llegue el día del último viaje, y esté al partir la nave que nunca ha de tornar, me encontraréis a bordo ligero de equipaje, casi desnudo, como los hijos de la mar”.
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