Entre las páginas desgastadas de la literatura universal, se encuentra una obra que trasciende los límites del tiempo y la imaginación. En ese rincón inmortal de la palabra escrita, se erige el poema “La noche cíclica” de Jorge Luis Borges, una obra maestra que transporta al lector a un laberinto de mitología, historia y reflexiones sobre la existencia humana. Con cada verso tejido con maestría, Borges nos invita a explorar las conexiones intrincadas entre el pasado y el presente, entre la repetición eterna y la fugacidad de los momentos. En esta entrada, nos adentraremos en los misterios que acechan en cada línea de este poema, desvelando la esencia misma de la naturaleza cíclica del tiempo y las historias que nos constituyen. Acompáñanos en este viaje hacia la noche estrellada de la creación literaria y descubre cómo Borges, con su pluma magistral, nos sumerge en un universo donde la memoria y el olvido convergen en un abrazo eterno.



La Noche Cíclica Ana


Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras:
los astros y los hombres vuelven cíclicamente;
los átomos fatales repetirán la urgente
Afrodita de oro, los tebanos, las ágoras.

En edades futuras oprimirá el centauro
con el casco solípedo el pecho del lapita;
cuando Roma sea polvo, gemirá en la infinita
noche de su palacio fétido el minotauro.

Volverá toda noche de insomnio: minuciosa.
La mano que esto escribe renacerá del mismo
vientre. Férreos ejércitos construirán el abismo.
(David Hume de Edimburgo dijo la misma cosa.)

No sé si volveremos en un ciclo segundo
como vuelven las cifras de una fracción periódica;
pero sé que una oscura rotación pitagórica
noche a noche me deja en un lugar del mundo

que es de los arrabales. Una esquina remota
que puede ser del norte, del sur o del oeste,
pero que tiene siempre una tapia celeste,
una higuera sombría y una vereda rota.

Ahí está Buenos Aires. El tiempo que a los hombres
trae el amor o el oro, a mí apenas me deja
esta rosa apagada, esta vana madeja
de calles que repiten los pretéritos nombres

de mi sangre: Laprida, Cabrera, Soler, Suárez…
Nombres en que retumban (ya secretas) las dianas,
las repúblicas, los caballos y las mañanas,
las felices victorias, las muertes militares.

Las plazas agravadas por la noche sin dueño
son los patios profundos de un árido palacio
y las calles unánimes que engendran el espacio
son corredores de vago miedo y de sueño.

Vuelve la noche cóncava que descifró Anaxágoras;
vuelve a mi carne humana la eternidad constante
y el recuerdo ¿el proyecto? de un poema incesante:
«Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras…»

El otro, el mismo (1964)


Jorge Luis Borges



Análisis de ‘La noche cíclica’: Conexiones entre pasado, presente y futuro en la poesía de Borges”


“La noche cíclica” es un poema del autor argentino Jorge Luis Borges, incluido en su obra “El otro, el mismo” publicada en 1964. En este poema, Borges reflexiona sobre la naturaleza cíclica de la historia y el tiempo, estableciendo conexiones entre mitología, historia antigua y su propia realidad contemporánea.

El poema comienza haciendo referencia a los alumnos de Pitágoras, destacando que tanto los astros como los hombres siguen patrones cíclicos. Borges menciona la repetición de eventos y figuras históricas como Afrodita, los tebanos y las ágoras. Luego, introduce imágenes mitológicas, como el centauro y el minotauro, para resaltar la idea de que incluso cuando las grandes civilizaciones como Roma se desvanezcan, las fuerzas y figuras arquetípicas permanecerán.

Borges también reflexiona sobre su propia existencia y su lugar en el mundo. Habla de una rotación pitagórica que lo deja en un lugar del mundo que describe como un arrabal, una esquina remota con una tapia celeste, una higuera sombría y una vereda rota. A través de estas imágenes, evoca una sensación de marginalidad y nostalgia.

El poema continúa haciendo alusiones a nombres de calles en Buenos Aires, que evocan recuerdos del pasado histórico y personal del poeta. Estos nombres encierran dianas, repúblicas, caballos, victorias y muertes militares, simbolizando una historia llena de conflictos y momentos trascendentales.

En el último verso del poema, Borges menciona a Anaxágoras, un filósofo presocrático, y retoma la idea de la noche cíclica. Expresa el retorno constante de la noche cóncava, y su propia carne humana siendo tocada por la eternidad. Asimismo, alude al proyecto continuo de un poema interminable que los alumnos de Pitágoras conocieron.

En general, “La noche cíclica” de Borges es un poema que explora temas de repetición, tiempo, historia y la conexión entre el pasado y el presente. Mediante el uso de imágenes mitológicas y referencias personales, Borges crea una meditación profunda sobre la naturaleza cíclica de la existencia humana y la relación con el transcurso del tiempo.


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