En las sombras del cine de terror, un subgénero ha emergido como una pesadilla inquietante y cautivadora: las Onryō, las vengativas fantasmas japonesas. Con cabellos largos que ocultan sus rostros y una sed de justicia que trasciende la muerte, estas almas atormentadas han dejado una huella imborrable en la mente de los espectadores. Desde la icónica Sadako Yamamura hasta la inquietante Mitsuko, el terror japonés ha llevado al público a un viaje aterrador a través de leyendas y folclore espiritual. Prepárate para adentrarte en el oscuro mundo del cine de terror asiático, donde las Onryō han encontrado su morada y reclaman su espacio para reivindicar sus historias.



Las Onryō en el cine: Desde Sadako Yamamura hasta Mitsuko”


En su origen, los Onryō tuvieron mucha importancia para la difusión del budismo, ya que simbolizaban a las almas poseídas por algún tipo de pasión, como el amor, el odio, los celos o la venganza. Como, según el budismo, para alcanzar el Nirvana, debemos distanciarnos y desprendernos de los lazos que nos atan a este mundo, los Onryō servían como el contraejemplo perfecto. Es decir, que su función principal no es acojonar al personal, sino advertirles de lo que puede suceder si se transgreden las normas.

No hay que olvidar que, en Japón, el budismo se fusiona (además de con el sintoísmo, relacionado muy de cerca con los Onryō, como veremos) con el confucianismo, que conlleva muchas restricciones sociales, ya que implica un orden social jerárquico y desigual. Y, además, se espera que todos los miembros de la sociedad conozcan cuál es su lugar y respeten la jerarquía, para garantizar el bienestar social.

Este sentido de la colectividad también se aprecia en el cine de terror japonés. Así que, en principio, los Onryō tenían la función de evitar las transgresiones. Presentados hasta deformes, tenían una connotación absolutamente peyorativa: eran entes que transmitían malevolencia, odio y rencor, a simple vista.

El tema de los Onryō, evolución de las fantasmas japonesas, es fascinante y aterrador a la vez. En películas como Ju-On, Ringu, Honogurai mizu no soko kara, Chakushin Ari y Shutter, hemos sido testigos de cómo estas figuras sobrenaturales provocan escalofríos y despiertan nuestros miedos más profundos.

El terror japonés/asiático se ha convertido en un subgénero distintivo dentro del cine de terror gracias a la influencia de películas como Ringu y su icónica Sadako Yamamura. Además, Mitsuko de Dark Water también ha dejado su huella en esta temática.

Las Onryō comparten una característica en común: su naturaleza vengativa y perturbadora. Estas almas atormentadas regresan del más allá para buscar justicia o venganza por acciones pasadas que les han causado sufrimiento y dolor en vida. Su aparición está cargada de simbolismo cultural y espiritual, lo que les otorga un poderoso atractivo en el género del terror.

Las películas mencionadas han sabido aprovechar el folclore y las leyendas japonesas para crear una atmósfera inquietante y perturbadora, haciendo uso de recursos como el cabello largo que cubre su rostro, movimientos sobrenaturales y la habilidad para aparecer en lugares inesperados.

Además, el cine de terror japonés ha sido capaz de trascender fronteras y ha influido en la cinematografía internacional, generando remakes y adaptaciones en otros países, lo que evidencia la potente fuerza de estas historias de fantasmas vengativos.

En conclusión, los Onryō representan una evolución impactante de las fantasmas japonesas en el cine de terror. Su carácter vengativo, sumado a la rica tradición cultural que los envuelve, ha cautivado al público y ha contribuido a consolidar el género del terror asiático como una influencia significativa en la industria cinematográfica global.

Estas películas nos recuerdan que, a pesar de la evolución del cine de terror, las historias de fantasmas y la esencia del miedo siguen siendo elementos poderosos y atemporales.


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