En un rincón olvidado del tiempo, entre las páginas desgastadas de un libro que desafió las convenciones literarias, reside la magia de “Rayuela”. Su creador, Julio Cortázar, tejía palabras como hebras de sueños, creando un laberinto donde el lector podía hallar su propio destino. Sin embargo, el nacimiento de esta obra maestra fue un viaje en sí mismo, enfrentando críticas que intentaron empañar su brillo, acusándolo de plagio y cuestionando su originalidad. Pero la verdadera alquimia de “Rayuela” se manifestó en las nuevas generaciones, quienes abrazaron su singularidad y encontraron un refugio en sus páginas rebosantes de identidad, transformando esta novela en un amuleto literario que continúa encantando corazones jóvenes en toda América Latina.

“Crítica Literaria y Originalidad: El Desafío de Julio Cortázar con Rayuela”
“Cuando escribí Rayuela yo era un ser totalmente anónimo, nadie me conocía o muy poco. Y lo escribí pensando como un hombre de 40 años que escribía para gente de 40 años, y resultó que esa gente no entendió gran cosa del libro. Las primeras críticas –porque eran ellos los que tenían la manija en los diarios– fueron terriblemente negativas. Fijate que la primera crítica de Rayuela que leí empezaba con la frase siguiente: “Si la imitación y el plagio son virtudes, Julio Cortázar es un gran escritor”. – ¿A quién te acusaban de plagiar? –A Joyce, por ejemplo, lo cual es una estupidez infinita. Pero te da una idea del mecanismo de resentimiento e ignorancia que funcionaba. En cambio los jóvenes, que no se planteaban este tipo de problemas, tuvieron un contacto directo con Rayuela, que sigue siendo un libro clave para ellos. De todo lo que he hecho, Rayuela es el libro mágico para ellos, en toda América Latina. – ¿Y para vos? –Para mí también, para mí también. Es el libro que yo me llevaría a la isla desierta.
[Entrevista de Martín Caparrós a Julio Cortázar, en diciembre de 1983.]
Julio Cortázar, un autor argentino icónico, escribió Rayuela en una época en la que su reconocimiento era mínimo, lo que le permitió crear una obra que reflejaba sus pensamientos como un hombre de 40 años escribiendo para gente de su misma edad. Sin embargo, a pesar de su intención, las primeras críticas fueron desfavorables, etiquetando al autor de plagio y cuestionando la originalidad de su obra al compararla con la de James Joyce. En medio de la decepción por la incomprensión inicial, Rayuela encontró su verdadero significado en las nuevas generaciones, especialmente en los jóvenes latinoamericanos, quienes descubrieron una conexión directa con esta novela y la consideran un libro clave.
Es evidente que Rayuela no fue inmediatamente comprendida por aquellos que ostentaban el poder de influencia en los medios de comunicación y las esferas literarias de su tiempo. Este fenómeno, caracterizado por el mecanismo de resentimiento e ignorancia, ha sido una realidad histórica que ha afectado a muchos artistas cuyas obras rompieron con las convenciones establecidas. La tendencia a comparar a Cortázar con Joyce, a pesar de ser una “estupidez infinita”, puede interpretarse como un intento de desacreditar la originalidad del autor argentino al asimilarlo a un modelo ya consagrado.
Sin embargo, lo que las críticas iniciales no pudieron prever fue la conexión que Rayuela establecería con una nueva generación de lectores. Los jóvenes, liberados de los prejuicios y dogmas del pasado, se sintieron atraídos por la estructura innovadora de la novela, con sus múltiples caminos y opciones para la lectura, que les permitía ser partícipes activos de la experiencia literaria. A diferencia de los críticos más antiguos, estos jóvenes no se preocupaban por los supuestos “problemas” de originalidad, sino que se sumergieron de lleno en la aventura literaria que Rayuela ofrecía.
La novela se convirtió en un libro mágico para las nuevas generaciones, especialmente en América Latina, donde Cortázar encontró una resonancia particular. La identificación con los personajes y los temas abordados en la obra reflejaban las luchas y los anhelos de una juventud en busca de identidad y cambio en una región que también estaba experimentando transformaciones políticas y sociales significativas. Rayuela no solo era una novela, sino una especie de reflejo literario de una generación en movimiento.
Para Julio Cortázar, el reconocimiento de la obra por parte de las nuevas generaciones también fue significativo. El hecho de que Rayuela se convirtiera en el libro que él mismo elegiría llevar consigo a una isla desierta resalta su conexión emocional y personal con esta creación literaria. A través de esta novela, Cortázar dejó un legado perdurable que trascendió el tiempo y las fronteras geográficas.
En conclusión, la historia de Rayuela es un recordatorio de la subjetividad de las críticas literarias y la importancia de mantener una mente abierta hacia la innovación y la experimentación en la literatura. La falta de comprensión inicial por parte de los críticos no pudo detener el impacto que la obra tuvo en las nuevas generaciones, quienes la consideraron un libro clave en sus vidas.
Julio Cortázar logró, con su maestría creativa, trascender las barreras del tiempo y la crítica para crear una obra mágica que sigue viva en la imaginación y el corazón de los lectores jóvenes de toda América Latina.
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