Adentrémonos en el mágico universo del Hotel Continental Hilton, un lugar que alguna vez fue testigo del deslumbrante esplendor de la icónica Marilyn Monroe. Era el año 1962 cuando el destino cruzó mis caminos con el suyo, convirtiéndome en el afortunado anfitrión encargado de cuidar de la estrella más resplandeciente de Hollywood. Entre la emoción y el asombro, mis días como recepcionista quedaron atrás, cediendo el paso a una aventura única, donde tuve la oportunidad de descubrir la mujer detrás del mito, la tímida Marilyn que confió en mí sus secretos más profundos. Acompáñenme en este fascinante viaje en el tiempo, mientras comparto las tres conversaciones que cambiaron mi vida y dejaron una huella imborrable en mi corazón.


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Detrás del Glamour: Mi Intimidad con Marilyn Monroe en el Hotel Hilton”


“Trabajaba yo en el Hotel Continental Hilton cuando en 1962, llegó a hospedarse Norma Jeane Baker, más conocida como Marilyn Monroe, y se le asignó la suite Chapultepec, la presidencial del hotel, ubicada en el piso 14. Estaba yo en la recepción cuando una de las secretarias me dijo que el señor Jean Piere Piquet, gerente general del hotel, me solicitaba en su oficina. Subí y el señor Piquet, con su inconfundible acento francés, me ordenó que fuera a mi casa por ropa para tres días, pues me iba a dar una habitación en el piso 14 para que estuviera pendiente de lo que se le ofreciera dentro del hotel a Marilyn Monroe. Casi me dio un infarto de la emoción, pues desde que la había visto en “Niagara” no me había perdido una sola de sus películas, y creo que hasta estaba enamorado de la actriz. Cuando regresé al hotel con mi ropa, el señor Piquet, después de que me instalé en una habitación (la 1424, me parece), me llevó a la suite Chapultepec y me presentó a Marilyn Monroe y le dijo que yo iba a ser su anfitrión en el hotel y que cualquier cosa que se le ofreciera dentro del mismo me llamara a mi habitación para que yo la atendiera de inmediato. Me dijo que durante la estancia de Marilyn Monroe en el hotel yo no trabajaría en la recepción, y que estuviera en la habitación para atender a la actriz en caso necesario. Yo sabía que era muy difícil que Marilyn me buscara, por lo que me llevé una buena cantidad de novelas para leer durante dos o tres días. Sin embargo, Marilyn me llamó tres ocasiones: una para desayunar con ella en la suite Chapultepec y dos más para que tomara café con ella, pues tenía ganas de hablar. Esas tres conversaciones con Marilyn Monroe las atesoro en mi memoria como algo inolvidable. A través de ellas descubrí a una mujer tímida e insegura de sí misma, que era consciente de su tremenda sensualidad. Ella se resentía del hecho de que la mayoría de los hombres la tomaran como objeto sexual. Quizás otras personas que la trataron más que yo tengan otra impresión de ella, pero quiero decirles que en esas tres conversaciones que tuve con ella me abrió su corazón y me habló cosas sobre su vida, sus sueños, sus romances, sus fracasos y muchas otras cosas que quizás nunca antes había comentado. Fue en esa visita, la única que hizo al DF cuando, ahora mi gran amigo Caballero le tomó la famosísima foto, donde se “descubre” que Marilyn Monroe no usaba ropa interior. Obvio es decirles que cuando la rutilante estrella se fue de México, siendo yo joven y soltero, me sentía enamoradísimo de ella, aunque solamente platicamos en esas breves entrevistas, Marilyn me dejó impactado”

Bob Logar


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