En el poema “Las despiojadoras” de Arthur Rimbaud, se nos sumerge en una atmósfera mágica y enigmática, donde la infancia y los sueños se entrelazan de manera poética. A través de una imagen evocadora y sugestiva, Rimbaud nos transporta a la escena de un niño sentado frente a un ventanal abierto, rodeado por el aire azul y los torbellinos de flores. En este entorno, dos hermanas risueñas llegan para brindar al niño una experiencia sensorial y emocional intensa, donde los suspiros, las caricias y las ansias encontran su expresión más íntima. Este poema nos invita a explorar las profundidades de la imaginación infantil, la belleza de los pequeños detalles y la efímera naturaleza de las emociones.

“La danza de los sueños en la infancia”
“Cuando la frente infante, con sus rojas tormentas
convoca al blanco enjambre de los sueños difusos,
llegan junto a su cama dos hermanas risueñas
con sus gráciles dedos de uñas argentinas.
Sientan al niño frente al ventanal abierto,
donde el aire azul baña torbellinos de flores
y por su denso pelo preñado de rocío
sus dedos se pasean, seductores, terribles.
Él, escucha el cantar de sus hálitos tímidos
que expanden amplias mieles vegetales y rosas
y que interrumpe a veces un silbido ––saliva
que los labios absorben o ganas de besar.
Escucha sus pestañas latir en el silencio
perfumado; y sus dedos, eléctricos y suaves,
provocan los chasquidos, entre indolencias grises,
de los piojillos muertos, por sus uñas de reina.
Y un vino de Pereza sube en él, un suspiro
de armónica, capaz de llegar al delirio:
y el niño siente, al ritmo lento de las caricias,
cómo brotan y mueren sus ansias de llorar.”
Arthur Rimbaud,
Las despiojadoras
ANALISIS
El poema “Las despiojadoras” de Arthur Rimbaud muestra una descripción sugestiva y atmosférica de una escena en la que un niño se encuentra en su cama y es visitado por dos hermanas risueñas.
El poema comienza evocando la imagen de la frente del niño, personificada como una entidad capaz de convocar a los sueños difusos. Esta imagen transmite una sensación de enigma y misterio. Las hermanas, con sus gráciles dedos, se acercan al niño y lo sientan frente a un ventanal abierto, donde el aire azul y las flores crean un ambiente vibrante y vivo. La textura del denso pelo del niño, lleno de rocío, es evocada en contraste con los dedos seductores y terribles de las hermanas, quizás señalando el juego inocente y la delicada intriga que se desarrolla.
El poema resalta los sentidos del niño mientras experimenta la presencia de las hermanas. Escucha el cantar de sus hálitos tímidos, que se describen como mieles vegetales y rosas de amplio alcance, pero a veces se interrumpe por un silbido o la necesidad de besar. Esto refuerza la sensación de intimidad y proximidad en la escena, envolviendo al niño en una experiencia sensorial rica y cautivadora.
A medida que el poema avanza, se mencionan las pestañas latiendo en el silencio perfumado y los dedos provocando chasquidos de piojillos muertos. Estas imágenes visuales y táctiles muestran que el poema se adentra en lo efímero y lo lúdico de la infancia, aprovechando los detalles más pequeños y aparentemente insignificantes para evocar una sensación de fascinación y belleza poética.
El poema cierra con una descripción del niño sintiendo un vino de pereza subiendo en él, un suspiro capaz de llegar al delirio. Esta línea sugiere una entrega pasiva ante las sensaciones y las emociones, donde el niño experimenta cómo nacen y mueren sus ansias de llorar al ritmo lento de las caricias. Esto podría interpretarse como una exploración de la vulnerabilidad y la complejidad emocional de la infancia.
En general, “Las despiojadoras” es un poema que utiliza una combinación de imágenes sensoriales, metáforas sugerentes y una atención minuciosa a los detalles para crear una atmósfera íntima y evocadora. El lenguaje poético de Rimbaud captura la esencia de la infancia y explora temas como el despertar de los sentidos, la sensualidad, la imaginación y la transitoriedad de las emociones.
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