En el vasto panorama de la literatura hispanoamericana, Jorge Luis Borges se alza como una figura icónica cuya obra ha dejado una profunda huella en el pensamiento y la imaginación colectiva. Sin embargo, resulta intrigante que, a pesar de su reconocimiento y admiración por escritores de habla española, el propio Borges aparentara no amar completamente su lengua materna, el español. Esta paradoja se manifiesta en su opinión de que los hablantes de español no saben hablar adecuadamente su propio idioma y lo pronuncian como si fuera una lengua extranjera. Explorar las reflexiones de Borges sobre el español, su relación con otras lenguas y las implicaciones de esta aparente contradicción, nos invita a adentrarnos en un debate complejo sobre la relación entre un autor y su idioma. En este artículo, analizaremos detalladamente las perspectivas de Borges respecto al español, examinando tanto sus afirmaciones sobre su belleza y características peculiares, como su visión crítica sobre el uso y la pronunciación de esta lengua.



La paradoja del Premio Cervantes y el amor al español: Las opiniones contradictorias de Jorge Luis Borges.



La vida está llena de paradojas. Le dieron el Premio Cervantes siendo que usted no ama su lengua, el español.

¡Nunca he dicho eso! He podido decir que el francés es una lengua muy bella, con giros que no tienen las otras, como las “y” en “j’y suis” o “j’y reste” o los “en” de “nous en reparlerons”. Pero tenemos, en español, los verbos “ser” y “estar”, que no existen en ninguna otra lengua y que separan lo metafísico de lo contingente. Tenemos también una movilidad envidiable de los adjetivos y una construcción más flexible de la frase. Los españoles tienen por qué estar orgullosos de su lengua. Pero no saben hablarla. La pronuncian como si se tratara de una lengua extranjera.

¿Entonces de dónde viene esa opinión tan divulgada de que usted no está a sus anchas en español?

Me gustaría que se me juzgue por lo que escribo y no por lo que he podido decir. O por lo que me han hecho decir, pues, por timidez, a veces no me atrevo a contradecir a mi interlocutor. Por el contrario, cuando uno escribe, uno corrige hasta el infinito.

Jorge Luis Borges.
entrevista con Ramón Chao e Ignacio Ramonet .
(Paris, Abril 1978).



En la entrevista realizada a Jorge Luis Borges en abril de 1978, se aborda la interesante paradoja de que a pesar de haber sido galardonado con el Premio Cervantes, considerado como uno de los máximos reconocimientos a la literatura española, Borges aparenta no amar su lengua materna, el español. Sin embargo, es importante analizar con detenimiento sus opiniones para comprender su perspectiva y valorar su legado literario más allá de las apariencias.

El autor argentino comienza mencionando la belleza del francés, resaltando giros y expresiones que parecen ser únicos en esta lengua. No obstante, al hablar sobre el español, Borges resalta características intrínsecas que lo vuelven una lengua envidiable. Señala la presencia de verbos como “ser” y “estar”, inexistentes en otros idiomas, que permiten distinguir lo metafísico de lo contingente. Además, destaca la movilidad de los adjetivos y la flexibilidad en la construcción de las frases que posee el español. Estos aspectos resaltan la riqueza de esta lengua y justifican el orgullo que los hablantes nativos deberían sentir hacia ella.

Sin embargo, en una aparente contradicción, Borges menciona que los españoles no saben hablar su propia lengua y la pronuncian como si fuera una lengua extranjera. Es importante entender que esta afirmación no debe tomarse de manera literal, sino como una expresión de la preocupación del autor por la pérdida de las particularidades y matices propios del español. Borges manifestaba su descontento ante la uniformidad y homogeneización del idioma que, en su opinión, limitaba la riqueza y diversidad que podría existir.

Es necesario reflexionar sobre cómo esta opinión tan divulgada afectó la percepción de Borges hacia su lengua materna. El autor muestra una clara preferencia por la escritura en lugar de la expresión oral, argumentando que al escribir es posible corregir hasta el infinito, diferenciándose así de la limitada espontaneidad y fluidez del lenguaje oral. Esta postura señala una inclinación hacia la perfección y la búsqueda constante de la palabra precisa, la cual es fundamental en su estilo literario.

En conclusión, la aparente falta de amor que Borges expresaba hacia el español debe ser examinada con delicadeza y comprensión. Sus declaraciones no deben ser tomadas de manera literal, sino consideradas como una crítica hacia la uniformidad en la comunicación oral. Es importante diferenciar entre su opinión personal y su reconocimiento a la grandeza y riqueza intrínseca del idioma español.

El legado literario de Borges es un claro ejemplo de la habilidad de utilizar el lenguaje con maestría y profundidad, independientemente de su opinión sobre la pronunciación o el uso común del español.


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